El arte desde los desechos y la memoria

Brasil y Ecuador

Una retrospectiva del artista brasileño Vik Muniz llegó a Ecuador. Pueden verse allí 20 años de trabajo con elementos no convencionales, entre ellos materiales perecederos, como mermelada o chocolate. Hace arte con lo que se desecha, con lo que se come, con las imágenes conocidas y las que él rescata de la memoria. Uno de sus temas fue el de los recuperadores de residuos.

Equilibrio

Carla Badillo Coronado – El Telégrafo (Ecuador)

Desde basura hasta diamantes, desde mermelada hasta caviar, el brasileño Vik Muniz (Sao Paulo, 1961) lleva más de 20 años haciendo arte con lo que otros comen o desechan.

Sus personajes varían entre Jackson Pollock hasta La Gioconda, pasando por Liz Taylor, el Che Guevara y un sinnúmero de fotografías compuestas por retratos de famosos; réplicas e intervenciones a partir de cuadros de Klimt, Caravaggio o El Bosco; o juegos visuales con los que el artista explora la fragilidad de la memoria y la multiplicidad de lenguajes y sentidos.

Por primera vez su obra se expone en Ecuador. El sábado en el Centro de Arte Contemporáneo (CAC) se inauguró la exposición Más acá de la imagen, una retrospectiva que muestra los momentos más representativos a lo largo de sus años de producción artística.

Jugar con lo perecible

Actualmente Vik Muniz es uno de los artistas contemporáneos más cotizados del mundo. Sus obras se encuentran en museos como el Museum of Modern Art (MOMA) o el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, ciudad en la que reside hace aproximadamente 2 décadas.

Una de las curadoras de la exposición, la brasileña Erika Benincasa —quien trabaja desde hace 15 años con Muniz—, explica que pese a que el artista no pudo venir a Ecuador, el concepto de la muestra lo tuvo claro desde el principio.

“Son 20 años de experimentar con elementos no convencionales. Muchas cosas han cambiado, pero es evidente que existe una línea muy marcada que continúa”

“Vik hizo esta retrospectiva para que quienes vieran su obra por primera vez, pudiesen entender todo su proceso creativo. Son 20 años de experimentar con elementos no convencionales. Muchas cosas han cambiado, pero es evidente que existe una línea muy marcada que continúa”, explica Erika.

Uno de esos rasgos característicos a los que Erika se refiere es la cuestión de jugar con la percepción y los elementos perecibles (chocolate, mantequilla de maní, caviar, entre otros), puesto que a pesar de que la mayoría se descompone al poco tiempo, son las fotografías (algunas de formatos enormes) que Muniz hace durante su proceso creativo, las que ayudan a que esas imágenes perduren.

La memoria, ese otro material perecible

Erika Benincasa explica que uno de los ejes transversales con los que Muniz recrea sus imágenes es la memoria. Muestra de ello es la serie ‘The best of life’, la misma que nació a partir de la pérdida de un libro del artista en una visita a Estados Unidos.

“Vik había comprado ese libro en un garage sale. Le encantaba porque era un libro de fotografía donde se incluían las mejores imágenes del siglo XX. Lamentablemente se fue a la playa con los amigos y lo perdió. Así que para no quedarse en el lamento, decidió recrear las imágenes que más le habían llamado la atención o las que por algún motivo recordaba. Él dibuja muy bien, pero en este caso son dibujos que no son perfectos y luego los fotografió un poco desenfocados (todo eso con intención), de manera que el resultado fue una interesante serie de imágenes que eran parte de la historia, incluso parecían más periodísticas. Fue una de sus primeras obras”.

La tierra de la basura

Como parte de la exposición se proyectará permanentemente el documental WasteLand (Lucy Walker, Karen Harley y João Jardim, 2010), del cual Vik Muniz es el protagonista. El filme gira en torno a la decisión del artista de trabajar durante 3 años, al interior del basural más grande del mundo: Jardim Gramacho, fotografiando a los catadores o recolectores de basura que optaron por trabajar en un oficio catalogado para muchos como ‘indigno’.

Muniz no solo fotografía el día a día de esa realidad (con el objetivo de vender las piezas y entregarles el dinero a modo de retribución) sino que crea estrechos vínculos entre ellos y los materiales encontrados. ¿El resultado? Perspectivas de belleza aun al interior de uno de los inframundos que al interior de este habitan.

 

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