Un músico erudito y popular

Brasil 

Egberto Gismonti es un emblema de la música brasilera. Este artista, que obtuvo una beca en Viena para perfeccionar su música docta pero nunca olvidó su raigambre popular, es uno de los mejores compositores del continente. En esta entrevista, asegura que lo mejor que tienen los brasileros es el mestizaje y opina del momento de contradicción que está viviendo el país. 

Florencia Guerrero- Revista Veintitres (Argentina) 

Un músico docto que abrazó lo popular como a la mujer amada desde las entrañas. Con pasión, Egberto Gismonti ha transitado un camino sinuoso que lo trajo hasta este punto como uno de los compositores más destacados del continente, un virtuoso al que sus colegas más importantes también destacan por aquella virtud poco frecuente, la honestidad rotunda. “Amo la música, y este es el resultado de lo que soy, de esa diversidad en la que crecí”, analiza Gismonti, que nació en Río de Janeiro, hijo de un padre aristócrata de origen libanés y una madre inmigrante siciliana. Linda mezcla.

Haciendo gala de esa mixtura cultural, el artista participará del festival musical Mestiza –entre el 22 y 25 de abril–, un evento que en cuatro veladas reunirá a artistas como Tomatito, Franco Luciani, Fernando Cabrera, Kevin Johansen + The Nada, Hugo Fattoruso, Carlos “Negro” Aguirre, Dulce Pontes y Lidia Borda. “Todos amamos la música y cuando el corazón está puesto hacia el mismo deseo, el idioma no es un problema”, dice. 

–Compartirá escenario con Carlos Aguirre y Hugo Fattoruso. ¿Qué nos dejará esa noche?

–Esta mixtura musical sucederá en las cabezas y los corazones de todos los que nos escuchen. Es más importante lo que las personas sienten de lo que nosotros podamos imaginar sobre lo que ellas están sintiendo. Además, Brasil es un país que bien representa una mixtura cultural que nosotros llamamos mestizaje. Nos gusta estar compuestos de varias nacionalidades, idiomas, colores, pieles y pensamientos.

–¿Y para usted qué representa el mestizaje?

–Es lo que soy, un aprendizaje perpetuo. Estoy seguro de que nos sentiremos cómodos y dispuestos al mestizaje y a las frases, ritmos, armonías, pensamientos e ideas nuestras. Deseo que esa noche pueda dejar a todos la sensación de que las diferencias no impiden la supervivencia del ser humano. Por el contrario, deben servir de combustible para su renovación y esperanza.

–A los 20 años rechazó una beca en Viena…

–Nunca me arrepentí. Hoy, después de varias décadas, estoy seguro de que aquella decisión fue acertada.

–Ha dicho que Tom Jobim influyó en aquella decisión. ¿Qué otras cosas recuerda de su vínculo con él?

–Es bastante fácil tener buenos recuerdos de Tom Jobim. Además del buen consejo que recibí por la beca de Viena, él me influenció directamente en la búsqueda de Brasil, de la solidaridad, del respeto, del buen humor y de la creencia de que a través de la historia brasileña llegaremos a lo que tenemos mejor como raza: la conciencia de que somos el pueblo brasileño.

–Ser niño prodigio fue una ventaja o desventaja?

–Nunca me sentí un niño prodigio. En la mejor de las hipótesis, me sentía un niño privilegiado por tener una familia muy musical que educaba a sus hijos con un amor a la tierra que los acogió y los estimulaba al ejercicio de la libertad.

–Una vez dijo: “Cada cultura califica y etiqueta en función de su realidad”… ¿Usted cómo se definiría?

–Un brasileño que mantiene su autodidactismo conviviendo con el aprendizaje académico cree que lo mejor que tenemos la raza brasileña es el mestizaje. Soy un músico compositor que siempre tuvo la posibilidad de fundamentar mis ideas en las artes, en la lengua y en las expresiones artísticas brasileñas.

–¿Cómo consiguió sumar la alegría carioca a la música docta?

–Considerando que la música que hago representa lo que pienso, lo que vivo, lo que necesito, lo que busco, la respuesta es muy simple: mi vida está compuesta por heterónimos mestizos y contradictorios.

–Usted nació en una familia con tradición musical. ¿Cree que logró superar a su tío y a su abuelo?

–Ellos son insuperables porque nunca valorizaron las comparaciones o rivalidades. Por el contrario, me enseñaron a vivir y pensar la música de forma libre. 

–Además de músico e intérprete de varios instrumentos usted maneja su carrera y es su propio arreglador. ¿Qué cosas no hace que involucren su profesión?

–Hasta hoy me dedico profundamente al estudio y aprendizaje de todas las necesidades que siento imprescindibles para el desarrollo de mi profesión. En los últimos años tengo estudiado mejor lo relacionado con el proceso jurídico que posibilite la gratuidad de mis discos o partituras, por supuesto sin incurrir en la ilegalidad o la falta de respeto a los parámetros establecidos en ellos. Todavía no sé exactamente cómo resolver este sueño, pero sigo buscando la comprensión y la posible solución.

–Chavela Vargas decía que en Latinoamérica no hay compositores nuevos. ¿Qué opina de eso?

–Sin conocer el contexto que llevó a Chavela Vargas –importantísima representante de la canción latinoamericana– a esa definición, no puedo opinar sobre su declaración. Por otro lado, sin ninguna conexión con lo que decía Chavela Vargas, yo diría que somos un continente joven cuando nos comparamos con los otros. Por eso somos jóvenes también en lo que hacemos y en lo que nos convertimos.

–¿Cuál fue el mejor momento en el desarrollo musical de su país? 

–Para resumir la historia musical brasileña en sólo un momento, yo diría que fue el período que vivió Mario de Andrade, aquel que nos enseñó y orientó con lo más importante de la música de Brasil.

–¿Qué opina sobre el momento sociopolítico que se está viviendo en el continente?

–No tengo conocimiento suficiente de nuestro continente sudamericano. Cuanto mucho puedo opinar sobre Brasil, que vive un momento de gran contradicción y falta de conciencia de que la educación y la salud deberían ser las nociones básicas de nuestros gobiernos estatales, municipales y federales.

–¿Qué opina sobre los músicos que suben sus canciones a la red?

–Soy usuario de Internet sin interés en las redes sociales. En cuanto a los músicos que colocan sus temas en la red imaginando que estamos hablando de músicos que “usan” la red para promocionar sus ideas, estoy absolutamente de acuerdo con lo que hacen y les deseo toda la suerte del mundo.

–¿La piratería matará la música?

–Esta también es una pregunta genérica, difícil de responder en pocas palabras, o, sin establecer parámetros que diferencien las tantas posibilidades de copiar algo para el uso pedagógico, por ejemplo. En principio estoy a favor de la gratuidad. Me siento muy bien en “donar” las músicas, las partituras y repartir los conocimientos. 

 

Leer el artículo aquí