Dudas y certezas sobre el futuro de la Alianza del Pacífico

Algunos analistas norteamericanos dan por muertos los proyectos mercantilistas del presidente Barack Obama, como la Asociación Transpacífica (TPP) y de Asociación Transatlántica de Comercio e Inversiones (TTIP), mientras los líderes demócratas parlamentarios se oponen a estos tratados a los que consideran un saqueo del poder transnacional, que permitir pasar por alto las leyes de los países participantes. Los países latinoamericanos que integran la alianza deberán tomar nota de estos hechos, sobre todo cuando la Celac comienza a tomar vuelo.

Dudas y certezas sobre el futuro de la Alianza del PacíficoAlfredo Jalife-Rahme – La Jornada (México)

El historiador Eric Zuesse, de The Washington’s blog (30.1.14) aniquila perentoriamente los dos magnos proyectos mercantilistas del segundo periodo de Obama: El liderazgo del Partido Demócrata de Estados Unidos (EE.UU.) mató efectivamente los tratados comerciales internacionales de Obama.

A juicio de Zuesse, la impopularidad de Obama significa que casi con seguridad no habrá ni Asociación Transpacífica (TPP, por sus siglas en inglés), ni Asociación Transatlántica de Comercio e Inversiones (TTIP, por sus siglas en inglés), por lo menos mientras sea presidente. Si se consigue, esto será en la próxima presidencia.

El prólogo del The Washington’s blog dimensiona que el TPP es un saqueo del poder trasnacional. El hecho de que el líder del Partido Demócrata en el Senado, Harry Reid, se enfrente a Obama en este asunto es una cosa (sic) muy buena.

El historiador Zuesse considera que una de las prioridades de Obama era “conseguir dos tratados comerciales internacionales, uno con Europa y el otro con Asia, que permitan a las trasnacionales anular las leyes de los países participantes (nota: el “México neoliberal itamita”) y así proveer el último control trasnacional sobre las regulaciones que conciernen al uso de pesticidas, la seguridad alimentaria, la disminución del calentamiento global, la negociación colectiva y otros asuntos”.

Pues, nada menos que el líder senatorial Reid sentenció sin tapujos: “Estoy contra el fast track”, es decir, la negociación expedita de los dos tratados transoceánicos de marras (The Huffington Post; 29.1.14).

“Una de las prioridades de Obama era conseguir dos

tratados comerciales internacionales, uno con Europa

y el otro con Asia, que permitan a las trasnacionales

anular las leyes de los países participantes”

El senador Max Baucus, presidente de la omnipotente Comisión de Finanzas del Senado –lo cual delata la dimensión financierista de los dos ominosos tratados mercantilistas bioceánicos–, muy cercano a Obama, había introducido una enmienda para facilitar la implementación de los dos acuerdos por la vía expedita fast track (Político; 09.01.14), a lo cual Reid se rebeló espectacularmente.

Michael McAuliff, del The Huffington Post, considera que el líder senatorial Reid no se impresionó con el discurso de la Unión de Obama y explaya que el fast track, conocido formalmente como la Autoridad Promocional de Comercio, requiere esencialmente que el Congreso apruebe o rechace los acuerdos negociados por el presidente sin ninguna oportunidad para enmiendas.

McAuliff juzga que el vilipendiado TTP ha generado muchos opositores tanto a la izquierda como a la derecha, quienes temen que socavaría la habilidad de EE.UU. para mantener sus protecciones ambientales y laborales.

Contra todos los vaticinios esperanzadores de una presidencia de Obama en favor de las clases desprotegidas, está resultando en forma decepcionante que el primer presidente mulato de la historia de EE.UU. favorece a la plutocracia, como fustiga Christopher Caldwell, quien argumenta que Obama sustituye al Congreso con los plutócratas (The Financial Times; 31.01.14).

El problema radica en que las elites (¡super-sic!) de EE.UU. veneran a Obama, lo cual le concede instrumentos más poderosos que las órdenes ejecutivas. ¿Cómo no lo van a venerar, si rescató a los 13 banksters de Wall Street?

“Contra todos los vaticinios esperanzadores de una

presidencia de Obama en favor de las clases desprotegidas,

está resultando en forma decepcionante que el primer presidente

mulato de la historia de EU favorece a la plutocracia”

Caldwell acusa a Obama de gobernar con líderes empresariales y filántropos (sic), al unísono de Apple, Microsoft, Spring y Verizon, lo cual presagia el advenimiento de una plutocracia.

McAuliff aduce que muchos progresistas del Partido Demócrata estarán felices por las palabras reconfortantes del líder senatorial Reid cuando muchos (sic) temen que el TPP será una repetición desastrosa (¡súper-sic!) del aborrecido (sic) TLCAN que dañaría los intereses de los trabajadores en un año electoral.

Según McAuliff, la plena oposición de Reid garantiza que la agenda TPP de Obama no avanzará en 2014, por lo que el presidente deberá intentar de nuevo en 2015 antes del inicio de la próxima elección presidencial.

Obama se ha alienado tanto al grueso del Partido Republicano –en particular, su segmento radical: los supremacistas racistas protestantes anglosajones blancos wasp del Tea Party–, como a los progresistas del Partido Demócrata que supuestamente defiende a la alicaída clase laboral.

El portal estratégico europeo DeDefensa ha consagrado una serie de artículos (13.11.13; 10.1.14 y 01.02.14) a la “dimensión genocida (¡súper-sic!) del acuerdo de libre mercado entre EE.UU. y la Unión Europea, al unísono de feroces críticas al TPP proferidas por Max Keiser –ex agente bursátil y connotado comentarista de Russia Today–, cada vez más obligado a consultar para contrastar el unilateralismo reduccionista de los multimedia occidentales.

“Muchos temen que el TPP será una repetición

desastrosa del aborrecido TLCAN que dañaría

los intereses de los trabajadores en un año electoral”

La crítica de Keiser al TTIP es feroz y lo tilda como parte del Estado trasnacional y/o Estado inversionista mediante los cuales las trasnacionales poseen la habilidad de anular la soberanía e invalidar el marco legal de los países, en beneficio del rentismo y las ganancias.

DeDefensa señala que el procedimiento del fast track en las recientes dos décadas ha sido objeto de batallas intensas, en especial con el TLCAN y la adhesión librecambista de Chile.

DeDefensa explaya que la crisis del espionaje digitálico de la National Security Agency (NSA, por sus siglas en inglés) está implicada en los dos tratados mercantilistas bioceánicos, ya que prevén el libre intercambio de datos informáticos entre los signatarios.

El portal europeo juzga que ambos tratados TTP/TTIP provocan una extrema impopularidad en EE.UU. cuando se avecina, en noviembre de 2014, la renovación de la Cámara de Representantes y una parte del Senado.

Existen también cambios de puestos en los rangos del Partido Demócrata en el Senado cuando Max Baucus será embajador de EE.UU. en Japón y dejará su puesto a Ron Wyden, quien abiertamente ha expresado su oposición al fast track.

“La crisis del espionaje digitálico de la NSA está implicada

 en los dos tratados mercantilistas bioceánicos, ya

que prevén el libre intercambio de datos informáticos”

DeDefensa cita al comentarista Harlan Ullman -mandamás del Grupo Killowen y prominente consejero del Atlantic Council, y autor del provocativo libro Muchos archiduques, muchas balas-, quien pronostica que la elección del Congreso y el Senado en EE.UU. será uno de los grandes anti sucesos del 2014 que prolongarán el impasse de bloqueo y desorden en las dos Cámaras que prácticamente tendrán la misma composición partidista (UPI; 01.01.14), por lo que, a mi juicio, lo mejor será posponer el doble fast track mercantilista.

A juicio de Ullman existen tres jugadas estratégicas (game changers) para 2014: 1. El centenario de la Primera Guerra Mundial que puede significar la extensión (sic) sorprendente del asesinato del archiduque Franz Ferdinand en Sarajevo; 2. El reconocimiento de Cuba por Obama, y 3. La elección del Congreso en noviembre.

Ullman sentencia que “eventos del género cisne negro o cartas inesperadas cambiarán obviamente el juego (…) En la misma forma en que el resultado del TTIP y TPP pertenece a la misma categoría”.

En el “México neoliberal itamita”, ¿los adherentes fast track al TPP estadunidense por la vía de la hostil y subrepticiamente latinófoba Alianza del Pacifico estarán conscientes que su genuflexión ha sido pospuesta por lo menos tres años mientras el CELAC empieza a tomar vuelo?

 

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