Una realidad que duele

México 

La poeta Dolores Castro recibió el Premio Nacional de Artes, aunque dice no poder disfrutarlo del todo por la tristeza que le genera la situación actual del país. La escritora y maestra cree que leer y escribir puede salvar no sólo a una persona, sino a una nación entera. Además, asegura que el poeta debe estar atento a la realidad para dar testimonio de la época en la que vive, aunque sea oscura. 

Dolores Castro, poeta mexicana- Foto: lajornadadeoriente.

Reyes Martinez Torrijos- La Jornada (México) 

A sus 91 años de edad y 50 como maestra, la poeta Dolores Castro cree firmemente que leer y escribir puede salvar no sólo a una persona, sino a un país.

La también crítica literaria recibió en diciembre pasado el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el campo de Lingüística y Literatura, reconocimiento que le causó gran alegría.

Aunque hay algo que no le permite disfrutarlo del todo: la situación actual del país: Me entristece el momento en que esto sucede, porque para una persona medianamente sensible, lo de la Normal es un golpe tremendo (en alusión a los 43 estudiantes desaparecidos en Iguala, Guerrero).

En su casa, situada en Lomas de Sotelo, la autora de Cantares de vela afirma: “Los mexicanos somos pacíficos. Hay muy buenas personas que de la nada aprenden solos a leer, destacan y llegan a ser de bien. Creo que debemos aumentar las posibilidades para que no se tenga que hacer un gran esfuerzo para leer y salir adelante. Eso se debe remediar. Haciéndolo también se va a remediar la violencia, que es fruto de una ignorancia superior y de un modo de ser que quizás ha sido muy maltratado desde niño, y aspirar así a una justicia pronta y ‘justa’”.

Dolores Castro (Aguascalientes, 1923) hizo estudios en las carreras de leyes y literatura en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); además, un posgrado en la Universidad Complutense de Madrid. Formó parte del grupo Ocho Poetas Mexicanos, junto con Rosario Castellanos, Alejandro Avilés, Roberto Cabral del Hoyo, Javier Peñalosa, Efrén Hernández y Octavio Novaro.

Ha sido profesora en la UNAM, la Universidad Iberoamericana, la Escuela de Periodismo Carlos Septién, entre otras instituciones. Es autora de una veintena de libros, la mayor parte de poesía, algunos ensayos y una novela.

La importancia de estar al día

Atenta aún a la información de actualidad, afirma: “Estar al día me permite escribir todavía. Quien escribe como ayer o antier está perdido; quien no tiene una imagen, aunque sea oscura, de lo que ocurre, de qué va a hablar y, sobre todo, de qué va a escribir. Un escritor tiene que dar testimonio no solamente de su persona, sino de él en su época. He visto y escuchado mucho en los 91 años que tengo. Desde lo último de la Revolución Mexicana.

“He visto cosas tremendas –enfatiza Dolores Castro–, pero ninguna me deja diciendo: ‘Sí, esto es lo que pasa en México’. No, no es lo que pasa ni lo que debe pasar. Creo que quien lee, puede o no ser poesía, se vuelve sensible; una persona sensible ama la vida, aunque tenga 91 años; quien ama la vida sabe lo que es la existencia del otro y no se la quita.”

La también narradora y ensayista explicó su vocación por la literatura. “Desde niña fui sensible. Tenía además todas las posibilidades de lo que emociona: era miedosa, amorosa e imaginativa; además, un poco enfermiza, eso sirve, porque uno no tiene que estar brincando y jugando la pelota sino sentada, pensando, reflexionando, sintiendo. Después me gustaba mucho escuchar. En un cuaderno fui apuntando todos los refranes que oía.

La escritora tiene 91 años de edad y 50 como maestra en varias instituciones, entre ellas la UNAM.

” Atenta aún a la información de actualidad, afirma: “Estar al día me permite escribir todavía. Quien escribe como ayer o antier está perdido; quien no tiene una imagen, aunque sea oscura, de lo que ocurre, de qué va a hablar y, sobre todo, de qué va a escribir. Un escritor tiene que dar testimonio no solamente de su persona, sino de él en su época “

“Es un modo de ser y de sentir el que hace que alguien escriba poesía porque, por ejemplo, cuando se es niño y todavía no sabe ni leer ni escribir, pero le conmueve algo que dijo su madre, su padre o sus hermanos, o que observó de la naturaleza, entonces empieza esa forma de aplicar la inteligencia, mas ya no sólo para reflexionar, sino también para sentir, y desde niño es capaz de sentir y de imaginar lo que está sintiendo el otro, entonces ya empieza a ser poeta.

“Alguien dice que todos somos poetas, pero que a determinada edad uno mata esa parte, entonces surge la persona práctica, la persona sólo reflexiva, pero no sensible. Todo el arte general, no sólo la poesía, tiene como base un ser que lo va a practicar. Esa persona sensible tiene que ser inteligente.

Me gusta la música; ahora que soy sorda sí puedo escuchar música. La palabra sí es musical, pero también es como vertebrada. En la música los sonidos se van conjugando unos con otros y es más fácil escucharlos; además, ésta se escucha un poco más alta que la palabra y ahora muchas veces me siento como en una especie de pozo de silencio. Siempre me gustó el silencio, pero este no, enfatiza y luego ríe.

Imágenes, unas tras otras

La autora, quien fue distinguida con el Premio Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde el año pasado, dice de su labor poética: “A veces despierto y tengo una imagen de algo que todavía no está muy clara. Empiezo a escribir y una imagen poderosa trae otras consigo. Escribo de una vez todo lo que puedo y lo dejo descansar, porque cuando uno escribe tiene una emoción y en cuanto termina dice: ‘es hermoso lo que escribí’, lo deja guardado un par de días y después dice: ‘aquí sobró esto’. Casi siempre sobran adjetivos”.

Recuerda: “El penúltimo libro que escribí surgió porque me pareció horrible que murieran tantas personas. Las mujeres en Chihuahua, los niños en una multitud, los hombres que se encuentran en una fosa. Se titula Algo le duele al viento. Fue sobre el Bicentenario de la Independencia de México, porque me puse a reflexionar y a sentir qué se había logrado en dos siglos y es un poco crítico”.

En este poemario, publicado en 2011, se lee: ¡Madre del amor hermoso/ y de la dulce esperanza!/ Desde el fondo de mí/ y ante esta fosa/ común/ me arrodillo y te llamo./ ¿Me oyes desde ahí?/ Aquí nadie me oye./ ¿Cómo encontrar la paz para mi alma?/ ¿Uno de tantos muertos/ es mi hijo?

Sobre el presente, dice: Esta globalidad ha hecho que se pierda la cultura. Nosotros tenemos culturas, tanto la prehispánica como la hispánica, muy ricas, no podemos convertirnos en una especie de títeres, de marionetas. ¿Quién mueve la marioneta? A veces la televisión, a veces el capital, el mercado. Si uno no está con todas las armas que pueda, defendiéndose, acaba siendo una persona como la que se tiene que mover en la televisión: sin sentido. Y tiene sentido la vida, (eleva la voz y remarca): tiene mucho sentido.

 

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