De la integración política a la cultural

Latinoamérica

En mayo se realizó el primer Mercado de Intercambio Cultural del Sur. El cubano Ismael González Manelo habla del avance en términos de cooperación y complementariedad cultural de la región y lo enmarca en el proceso de integración política iniciado hace más de una década. Menciona así que el encuentro se dio en la ciudad argentina de Mar del Plata, donde en 2005 se enterró el ALCA.

Guille LLamos - Caras y Caretas

Rosaura Audi – Caras y Caretas (Argentina)

El modelo de integración política que comenzó a gestarse hace una década en la región permite plantear hoy un camino de intercambio, cooperación y complementariedad cultural. Ismael González Manelo, coordinador cultural del Alianza Bolivariana para los Pueblos (Alba), analizó esta situación y elogió la capacidad que los países de América Latina y El Caribe tuvieron para pasar de las divisiones, los conflictos, y un siglo XX marcado por las ambiciones del imperio estadounidense al escenario actual.

El cubano González Manelo encabezó la delegación del Alba que viajó en mayo a Mar del Plata para participar del primer Mercado de Intercambio Cultural del Sur (MicSur). Allí estuvieron presentes diez países suramericanos para un encuentro sin precedentes, que contó con 9.700 mesas de negocios, debates y conferencias sobre los temas que interesan a la región en materia de industrias culturales y medios de comunicación.

Para llegar a esta situación en la que América Latina puede ponerse a pensar en la articulación y el intercambio de los bienes culturales desde la unidad, tratando de despojarse del paradigma de la competencia y construyendo cooperación, pasaron dos siglos de influencia exterior, penetración e intentos de dominación.

Ya la lucha por la independencia continental se frustró “por intereses oligárquicos, por recelos, alimentados con peligros que se fraguaban desde el exterior. Y nacieron nuestras repúblicas con suficientes divisiones, incluso hemos dado lugar a guerras entre pueblos hermanos, y por tanto hemos recorrido un siglo XX signado por las apetencias imperiales que supo hacer valer el precepto de divide y vencerás”, rememoró González Manelo, al revisar un pasado que tanto tiene que ver con las dificultades que vive Latinoamérica. “Desde finales del siglo XIX, un emergente imperialismo norteamericano venía con la doctrina Monroe esperanzado en que América Latina y El Caribe serían su traspatio natural. Y lograron dividirnos. La Conferencia Monetaria Internacional (1891) fue el antecedente del Alca (Área del Libre Comercio de las Américas). Y en esa noción de división, sin lugar a dudas, se han perdido prácticamente dos siglos de entendimiento, de conocimiento mutuo, de construir esa relaciones de hermandad y en donde la noción de la cultura, a nuestro juicio, es mucho más abarcadora que un intercambio de bienes culturales”, explicó el cubano.

Pensar en el Alca –una pretensión estadounidense derrotada en Mar del Plata en 2005 bajo los liderazgos de Néstor Kirchner, Hugo Chávez y Luis Inácio Lula Da Silva– fue inevitable para González Manelo: “Ese mercado al que asistimos no es el mercado que le hace el juego al neoliberalismo, que le hace juego al tratado de libre comercio. Entonces, qué simbólico que vengamos a un mercado de industrias culturales justamente donde los pueblos de América Latina dijeron “no al ALCA” y obligaron a que no se pudiera fraguar la gran invitación leonina que Estados Unidos nos tenía preparada”.

–Si no hubiera existido este proceso de integración política, ¿podría darse el intercambio cultural que se está estableciendo?

–Todos los que asistimos a MicSur estábamos disfrutando de una fiesta. Y todos teníamos la noción de que en esta América Latina y El Caribe que se vive hoy, donde actúa una Unasur, un Alba, una Celac, se pueden dar las condiciones para el clima de fraternidad, de respeto que caracterizó aquella jornada. Había un protagonismo absoluto de jóvenes. Realmente fue un mercado tomado por los jóvenes. Y esa vitalidad y esa posibilidad de que los jóvenes confluyan en un mercado de industrias culturales, cuando quienes tenían inquietudes culturales en América Latina hace apenas 30 o 40 años tenían que salir de sus países, de sus casas, porque realmente no se podían tener intereses e inquietudes culturales. Eran los primeros ajusticiados, los desaparecidos, los exiliados.

–¿Desde qué ideal se propone ese intercambio?

–Realmente, creo que en América Latina y El Caribe empieza a tomar un poquito de espacio la complementariedad frente a la competencia. Yo creo que esta noción de una América Latina unida, esta construcción de la unidad en la diversidad, creo que es el aprendizaje cultural de alcance político más importante. Empezamos a hablar de diversidad cultural, llevamos unos decenios hablando de eso y defendiendo la necesidad de este respeto mutuo, y creo que trascendimos felizmente a una noción política, de que efectivamente también hay una diversidad política y de que nuestra necesaria unidad debe construirse, asumiendo esa diversidad. Esa diversidad cultural, incluso esa diversidad política e  ideológica, de modelos económicos y socioeconómicos. Esa diversidad no puede ser el obstáculo para nuestra imprescindible unidad. En ese proceso hay nociones nuevas que se enfrentan a aquella competencia desleal. Nuestras editoriales fueron prácticamente absorbidas por las editoriales trasnacionales. Pocas editoriales sobrevivieron. Y ya comenzamos a ver editoriales que uno identifica y que se da cuenta que adentro hay tres o cuatro que fueron absorbidas por ese proyecto neocolonial. Esta reconquista cultural que viene de los centros hegemónicos en el plano cultural para dominar nuestro pensamiento, para mantener una minusvalía, imponernos formas de pensar y evaluar el mundo y apreciar lo bello con cánones que no son necesariamente los nuestros. Entonces comienza a aparecer la cooperación y, sobre todo, la complementariedad. O sea, ¡qué importante que a un mercado no se vaya realmente a vencer al otro sino a conocer y a complementarme con el otro!  A darle lo que él necesita a tomar lo que yo necesito.

–Es otro paradigma…

–Es otro paradigma y es únicamente posible asumirlo en una nueva América Latina y El Caribe dotada de una voluntad de los pueblos que han dado mandato a gobiernos que han logrado expresar esa voluntad de andar juntos.

–Desde allí surge otra manera de entender el mercado de industrias culturales, con una importante producción tanto simbólica como económica…

–Hoy se reconoce que todo ese sector de las industrias creativas se considera el sector más dinámico de la comunidad mundial, por su acelerado crecimiento. Por lo tanto, nosotros en América Latina, que tenemos una gran potencialidad creativa, una gran riqueza cultural, diversidad cultural, tendríamos la gran oportunidad con el desarrollo de estas industrias de aportar a nuestras economías. Y eso sería suficientemente importante: generación de empleo, aporte al PBI.

Ese es un costado del intercambio, y el otro es la cultura como canalizadora de un conocimiento mutuo para “afianzar qué somos, quiénes somos y con esos elementos ayudarnos a diseñar qué podemos llegar a ser, qué queremos hacer, identificar qué podemos llegar  a ser en un mundo con muchas posibilidades por el desarrollo tecnológico, pero también con muchos desafíos y con muchos peligros, incluso”, reflexionó González Manelo.

El mercado intrarregional latinoamericano es menor que el que tiene con otras regiones. El MicSur volverá a funcionar en 2016, en Colombia porque hay mucho camino por andar como las barreras aduaneras, los problemas arancelarios, la falta de una infraestructura de comunicación adecuada, el movimiento de los ciudadanos, y la pelea para que los bienes culturales no sean considerados una mercancía y un conocimiento de los instrumentos jurídicos para proteger los productos y a los artistas cuando presentan su oferta en el exterior.