Dirceu y Genoino: ¿Políticos presos o presos políticos?

Fueron parte de la cúpula del PT que llevó a Lula Da Silva al poder y estuvieron en cargos centrales del partido y el gobierno.  En 2006, debido a una denuncia de un legislador aliado al oficialismo saltó un escándalo de corrupción que, sin pruebas, concluyó con la pena de cárcel para José Dirceu y José Genoino. Los medios jugaron un rol central en dilapidar a estas dos grandes figuras de la izquierda brasileña. La justicia, también.

“Ambos fueron presos políticos en la dictadura. Ambos son los dos primeros presos políticos en la democracia recuperada”, asevera la nota de Eric Nepomuceno en el diario argentino Página 12.

“Poco antes de las seis de la tarde del sábado, un avión de la Policía Federal aterrizó en el aeropuerto de Brasilia llevando a los condenados por el Supremo Tribunal Federal a empezar de inmediato a cumplir las sentencias recibidas. Tres horas más tarde, fueron conducidos a la Penitenciaria da Papuda. Entre los presos estaba la heredera de un banco privado y un publicitario dado a prácticas heterodoxas, para decirlo de alguna manera, a la hora de levantar fondos para campañas electorales. Pero la imagen que importa era otra: la de José Dirceu, quizás el más consistente cuadro de la izquierda brasileña, y José Genoino, un ex guerrillero que llegó a presidir el PT de Lula da Silva, llegando a la cárcel”, relata.

El artículo repasa los puntos salientes del proceso, que “empezó, se desarrolló y vivió todo el tiempo bajo intensa presión mediática” y  por el cual estos dos hombres terminaron en una celda.

“A lo largo de meses, y con transmisión en directo por televisión, se intensificó el atropello de principios elementales de la justicia, se abrió espacio para que varios de los magistrados máximos del país hicieran gala de su histrionismo singular, y se llegó a sentencias propias de un tribunal de excepción.

El primer denunciante del llamado mensalao –distribución mensual de dinero a parlamentarios-, Roberto Jefferson, “tuvo su escaño suspendido por sus pares en la Cámara de Diputados precisamente por no haber logrado comprobar lo que denunció”.

“Anestesiada y conducida a ciegas por un bombardeo inclemente y sin tregua de los medios de comunicación, la conservadora clase media brasileña aplaudió el juicio de excepción y las sentencias dictadas como si con eso se terminara la corrupción endémica que atraviesa a todos –todos, sin excepción– los gobiernos desde hace siglos”, manifiesta el periodista.

La noticia del encarcelamiento de Dirceu y Genoino es analizada por el diairo español El País desde otro punto de vista.

“Tanto la presidenta Dilma Rousseff como su antecesor, el expresidente Lula da Silva han preferido el silencio a las críticas al Supremo, como algunos esperaban, tras el anuncio de que los condenados del mensalão empiezan a entrar en la cárcel”, escribe Julián Arias.

Explica: “un silencio con simbolismo democrático que no les debió de ser fácil si se tiene en cuenta que han empezado a apresar a personajes de primera plana de la formación política en el Gobierno, el Partido de los Trabajadores (PT). Entre ellos dos personas emblemáticas”, en referencia a Dirceu y Genoino.

Sostiene que en el partido algunos consideraban que “se había tratado más bien de un proceso ‘político y sin pruebas’ para intentar neutralizar la experiencia progresista del primer Ejecutivo de izquierdas del país”.

“Y esperaban una reacción pública de crítica al Supremo y un gesto de solidaridad de Lula y de la presidenta Rousseff a sus viejos compañeros de partido que siguen considerándose ‘presos políticos’ y no ‘políticos presos’, como cabe en una democracia”, resalta.

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