En nombre de Dios

Brasil
Especial

La religión y los nietos de los diputados exaltados derribaron a la presidenta Dilma Rousseff. Quienes votaron a favor del impeachment hicieron referencia a su familia, a la propiedad y a los militares; pero no a la causa jurídica. La radiografía de un Congreso plagado de conservadores, delincuentes y golpistas. La omnipresencia de la deidad en cada justificación.

María Martín- El País (España)

La inmensa mayoría de los 513 diputados que votaron este domingo a favor del impeachment de la presidenta Dilma Rousseff pareció olvidadarse de los verdaderos motivos que estaban en discusión. Los diputados defendieron la destitución de Rousseff por las razones más diversas: “por mi esposa Paula”, “por mi hija que va a nacer y mi sobrina Helena”, “por mi nieto Gabriel”, «por la tía que me cuidó de pequeño», “por mi familia y mi Estado”, “por Dios”, “por los militares del [golpe del] 64”, “por los evangélicos”, “por el aniversario de mi ciudad”, “por la defensa del petróleo”, “por los agricultores”, «por el café» e incluso “por los vendedores de seguros de Brasil”.

Atrás quedaron las maniobras fiscales, verdadero motivo para abrir el proceso, completamente olvidadas por los nobles diputados. Exaltados ante el micrófono, exprimieron hasta el último segundo de gloria que, a muchos, el pleno les ofreció por primera y, quién sabe, última vez. Los parlamentarios recordaban a los telespectadores de Xuxa, que aprovechaban su participación en directo en el programa para saludar eternamente a su madre, a su marido, a su amante, al primo, al nieto, a su vecino, a sus amigos y al portero.

» La defensa de la familia, de la propiedad, de Dios y del orden en manos de los militares mostraron la verdadera foto del Congreso más conservador desde 1985 y sugirieron, de paso, que nadie se leyó el informe con los fundamentos jurídicos que justificarían el delito de responsabilidad, necesario para la caída de Rousseff «

La defensa de la familia, de la propiedad, de Dios y del orden en manos de los militares mostraron la verdadera foto del Congreso más conservador desde 1985 y sugirieron, de paso, que nadie se leyó el informe con los fundamentos jurídicos que justificarían el delito de responsabilidad, necesario para la caída de Rousseff -o, al menos, nadie se esforzó en demostrarlo-. Fue raro escuchar un voto dedicado a la calidad de la educación, a la salud, a los desempleados o a las minorías. Algunos tenían anhelos más abstractos y votaron “sí” para “reencontrarse con la historia”, otros, mucho más personales, al justificar el impeachment  por la hija que va a nacer, por la sobrina Helena y por todos los agentes de seguros de Brasil. Por su parte, el exmilitar Jair Bolsonaro, siempre sobrepasando límites, dedicó su voto a favor al Coronel Ustra, reconocido por la Justicia como un torturador durante la disctadura brasileña (1964-1985).

Los votos, por lo visto, también tuvieron la intención de impedir causas mayores. Los diputados expresaron su defensa del proceso de destitución para evitar que “los niños aprendan sexo en las escuelas”, para “acabar con la Central Única de los Trabajadores y sus marginales”, “para que se les deje de dar dinero a los desocupados” y, sobre todo, por el fin de los robos y la corrupción, olvidándose, así, de que alrededor de un 60% de los presentes en el pleno, incluido su presidente Eduardo Cunha, tienen casos pendientes en los tribunales.

Dios, omnipresente en una votación que no tenía nada que ver con las enseñanzas bíblicas, fue nombrado hasta para que asumiese el mando una vez que Dilma cayese. Y las familias de los parlamentarios parecieron haber sido más motivadoras para derribar a la presidenta que cualquier negociación a contrarreloj. No es de extrañar en una Cámara de los Diputados llena de fundamentalistas religiosos y que tiene el mayor porcentaje de diputados con familiares políticos desde las elecciones de 2002. El nepotismo en la Cámara se revela al ver que el 49% de los diputados federales tienen hijos, padres, abuelos, madres, esposas o hermanos en la política, según un estudio realizado por la Universidad de Brasilia. Es el índice más elevado de las últimas cuatro elecciones.

Tras casi cinco horas de votación, Dios y los nietos de los diputados derribaron a la presidenta de Brasil.

Eric Nepomuceno- Página/12

De los 513 diputados que integran la Cámara que autorizó que se abra un juicio para destituir a la presidenta Dilma Rousseff, 299 tienen algún tipo de pendencia judicial. De ellos, 76 fueron condenados y esperan decisiones en instancias superiores. Y 59 son reos en el Supremo Tribunal Federal, inclusive el presidente de la Casa y cabeza conductora del juicio a Dilma, el notorio bucanero Eduardo Cunha.

Nadie entiende cómo el Supremo Tribunal permitió que Cunha se mantuviese en la presidencia de la Cámara de Diputados y comandase el proceso de instalación de juicio político a la presidenta. Una lentitud que se confunde, claramente, con la cobardía.

Uno de los que votó por la apertura del juicio a Dilma se llama Paulo Salim Maluf. Ha sido alcalde de San Pablo y aliado del PT. Fue condenado, en Francia, a tres años de cárcel. No puede salir de Brasil: su nombre está en la lista de buscados por la Interpol. Dijo que votaba contra la presidenta para combatir la corrupción.

» De los 513 diputados que integran la Cámara que autorizó que se abra un juicio para destituir a la presidenta Dilma Rousseff, 299 tienen algún tipo de pendencia judicial. De ellos, 76 fueron condenados y esperan decisiones en instancias superiores. Y 59 son reos en el Supremo Tribunal Federal, inclusive el presidente de la Casa «

Una de las más elocuentes acusadoras a la hora de votar, la noble diputada Raquel Muniz, dijo que era favorable a la destitución de Dilma Rousseff por creer que Brasil tiene solución. Anunció que su voto era un homenaje a su dignísimo esposo, Ruy Muniz, alcalde de la ciudad de Montes Claros, provincia de Minas Gerais. Doce horas después, el homenajeado fue detenido por la Policía Federal, por robo de dinero público: inflaba dotaciones municipales a hospitales privados de su ciudad.

La religiosidad hizo gala en la sesión: diputados que son autonombrados pastores de sectas evangélicas electrónicas anunciaron su voto favorable a la destitución de Dilma “porque estoy en contra de la educación sexual de los niños en las escuelas públicas”, y uno de ellos, más enfático, anunció que su voto era una forma de “impedir que niños decidan cambiar de sexo”.

Hubo centenares de homenajes a esposos, esposas, madres, padres, hijos, abuelos y hasta suegras, que en general no merecen elogios públicos.

Al menos un ministro de Dilma se tomó licencia de su puesto para volver a la Cámara y votar contra la mandataria: era ministro el viernes, se hizo adversario el domingo. Otros, que ocuparon ministerios, el domingo se revelaron indignados con el gobierno.

» ‘Jair Bolsonaro, militar retirado, dijo que su voto contrario a Dilma era ‘un homenaje a la memoria del coronel Brilhante Ustra’. Vale recordar que el homenajeado ha sido uno de los más terribles torturadores que actuaron durante la dictadura militar, defendida sin treguas por Bolsonaro «

Eduardo Cunha, al abrir la sesión, hizo un pedido: “Que Dios tenga misericordia de esta nación”. Quizá debería haber pedido misericordia para sí mismo: ladrón comprobado, manipulador evangélico, tiene un Porsche que vale unos cien mil dólares a nombre de una de sus empresas, la “Jesus.com”.

Uno de los nobles diputados, Ronaldo Fonseca, al criticar los que critican el golpe, dijo que tal mención es ridícula. Y ag
regó: “Hablar de golpe se transformó en una diarrea verbal”. Fue aplaudido.

Hubo un sinfín de pedidos de bendiciones de Dios a la hora de votar, siempre contra la presidenta. Pocas fueron las veces en la historia que la bancada religiosa apareció con tanta fuerza en la Cámara.

Un cierto Sergio Moraes, hasta el domingo un ilustre desconocido más en la Cámara, aprovechó su voto para desear feliz cumpleaños a su querida nieta.

Jair Bolsonaro, militar retirado, dijo que su voto contrario a Dilma era “un homenaje a la memoria del coronel Brilhante Ustra”. Vale recordar que el homenajeado ha sido uno de los más terribles torturadores que actuaron durante la dictadura militar, defendida sin treguas por Bolsonaro.

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