Nuevos escollos para Comisión de la Verdad

Brasil 

Dilma Rousseff fue la creadora de la Comisión Nacional de la Verdad, encargada de investigar los crímenes de la dictadura. Esa tarea se encuentra en una situación conflictiva que sólo podrá resolver la mandataria. Es que el comandante del Ejército ordenó el silencio de la fuerza ante las investigaciones. A poco más de un mes de las elecciones, la presidenta debe decidir entre el militar o la CNV.

Presidencia de Brasil

Luiz Claudio Cunha- Brasil 247 (Brasil) 

La presidenta Dilma Rousseff despertó aterrorizada este viernes 22, como cualquier brasileño que se respete. Y ante un dilema impostergable, indelegable e incuestionable: o Dilma despide al Comandante del Ejército o extingue la Comisión Nacional de la Verdad (CNV).

Ya no es posible un clima de convivencia entre el general Enzo Peri, jefe del Ejército, y los seis comisionados de la CNV, después del sorprendente titular de hoy del periódico O Globo: “Años de plomo: comandante impone silencio al Ejército.”

El periodista Chico Otávio recibió del procurador Sérgio Suiama, de la Procuraduría de la República en Río de Janeiro, un increíble oficio enviado el 25 de febrero pasado a los cuarteles de todo el país por el comandante del Ejército, el general Enzo Peri.

En ese documento prohibía cualquier colaboración para indagar sobre los crímenes de la dictadura que derrocó al presidente João Goulart. El general Peri llega al refinamiento de mandar un modelo de oficio, en blanco, en el que instruye a cada cuartel a rechazar los pedidos del Procurador General de la Nación para su gabinete en Brasilia, en el cuarto piso del Bloque A del cuartel general del Ejército.

La orden de silencio nacional del general Peri abarca cualquier pedido o solicitud de documentos realizados por el “Poder Ejecutivo (federal, estadual y municipal), Poder Legislativo (federal, estadual y municipal), Ministerio Público, Defensoría Pública y redactores que tengan relación con el período de 1964 a 1985”.

“Un dilema impostergable, indelegable e incuestionable: o Dilma despide al Comandante del Ejército o extingue la Comisión Nacional de la Verdad (CNV)”

El único que puede responder a todo eso, aclara el oficio, es el Gabinete del Comandante del Ejército, es decir, el propio general Peri, erigido ahora con una autoridad que transborda todas las esferas de poder.

Es útil recordar que los desmanes y abusos cometidos entre 1964 y 1985 constituyen el foco principal de la investigación de la CNV, que presentará su informe final a la Nación el próximo diciembre.

La solución del atolladero que se reveló le compete exclusivamente a la Suprema Comandante de las Fuerzas Armadas (FF. AA.), a quien el general se subordina en los términos de la Constitución, y a la presidenta de la República, que creó la CNV en 2011 y la instauró al año siguiente justamente para investigar graves violaciones de los derechos humanos en Brasil. Dilma acumula las dos funciones y la doble responsabilidad.

Le corresponde a ella, y a nadie más, reponer la autoridad de su comando y el prestigio de su cargo. Si no hace nada, Dilma perderá ambos: la autoridad y el prestigio. Todo eso en medio de una dura campaña electoral, que no permite vacilaciones o debilidades. A la izquierda o a la derecha.

Es útil recordar que el oficio del general Peri fue remitido a todas OM (organizaciones militares) y con difusión para todos los comandantes de las OM y el Estado Mayor, es decir, los 108 generales de la tropa (los 14 generales de Ejército, los 32 generales de División y los 62 generales de Brigada que integran la más grande y más poderosa fuerza militar terrestre de América Latina, con 220.000 hombres, y la mayor concentración de blindados del continente, con 2000 tanques, 500 de ellos pesados).

“Le corresponde a ella, y a nadie más, reponer la autoridad de su comando y el prestigio de su cargo. Si no hace nada, Dilma perderá ambos: la autoridad y el prestigio”

Existe aquí una clara confrontación de la estrella máxima de la República, la de la presidenta Dilma, con el firmamento de las 276 estrellas que comandan la tropa: 14 generales de ejército (cuatro estrellas), 32 de división (tres estrellas) y 62 de brigada (dos estrellas).

La estrella mayor debe brillar por sobre todas las otras, en los términos de la Constitución y de la jerarquía militar, o entonces se apagará irremediablemente.

El grave tono de insubordinación del general Peri se constata por la fecha en que envió el oficio silenciador a sus subordinados de todo el país: el 25 de febrero de 2014, exactamente una semana después de la entrega por parte de la CNV de su informe al ministro Celso Amorim en el que pedía información a las Fuerzas Armadas.

Cuatro meses después, la CNV recibió un insolente e inservible grupo de 455 páginas de informes de las FF. AA. que no investigan, no relatan ni responden a las preguntas objetivas y documentadas de la Comisión de la Verdad. Una nota oficial firmada por los seis comisionados de la CNV definió, en junio pasado, la calidad del inútil manojo de papel recibido por los oficiales generales: “Deplorable, lamentable”, acusó la CNV.

El informe minucioso de la Comisión de la Verdad enumeraba, con nombres y fechas, graves violaciones a los derechos humanos en las siete direcciones más notorias de la represión coordinada por los militares, ubicadas en Río de Janeiro, Sao Paulo, Minas Gerais y Pernambuco.

“La estrella mayor debe brillar por sobre todas las otras, en los términos de la Constitución y de la jerarquía militar, o entonces se apagará irremediablemente”

Por un lado, son cinco cuarteles del Ejército, incluyendo los Destacamentos de Operaciones de Informaciones y Centros de Operaciones de Defensa Interna (DOI-CODI) de Río y Sao Paulo, los lugares más letales de la represión, donde murieron por lo menos 81 personas, según un informe de la CNV.

Por el otro, son una base de la Marina y otra de la Fuerza Aérea, y todos incluyen los nombres, apellidos, fechas, declaraciones y horrores sobre 9 casos de muerte bajo tortura y de otros 17 presos políticos torturados. El informe del Ejército de Peri tenía 42 páginas y, como constató el procurador Suiama, era una escenificación.

El Ejército, descubrió el procurador, fingió que había trabajado durante cuatro meses para atender al pedido de la CNV, pero una semana después de la solicitud ya cumplía una orden exactamente opuesta de su comandante en jefe, el general Enzo Peri.

El doble comportamiento del comandante de la corporación —por un lado dirigía una investigación y por el otro imponía el silencio a los cuarteles— lanza un manto de duda sobre el objetivo real del Ejército. En la práctica, el oficio silenciador de Peri somete a la CNV al escarnio público de militares insubordinados y de generales refractarios al interés nacional, a la jerarquía y a la verdad, mostrando una burla corporativa que se mofa de la inteligencia de los ciudadanos y de la propia democracia.

El documento de la Procuraduría de la República revelado por O Globo lanza una sospecha terrible sobre el Ejército: ¿la CNV fue víctima inocente de un fraude, de una farsa? ¿Cómo el Ejército podría producir un informe consistente y creíble ante una orden de silencio impuesta por su comandante?

“El doble comportamiento del comandante de la corporación —por un lado dirigía una investigación y por el otro imponía el silencio a los cuarteles— lanza un manto de duda sobre el objetivo real del Ejército”

Brasil no puede seguir conviviendo con esta grave contradicción.

O el Ejército toma en serio la misión instit
ucional de la Comisión de la Verdad, o no.

La presidenta de la República, en un gesto altivo y valiente, instituyó la CNV en 2012 con la misión expresa de averiguar todo. Ahora, el comandante del Ejército ordena lo contrario: nadie subordinado a él puede ayudar en las indagaciones.

El general Peri no se está burlando solamente de la CNV.

Está ridiculizando la autoridad de la comandante suprema, la presidenta de la República.

Brasil ahora debe preguntarse: ¿qué hará la CNV?

¿Qué hará el ministro Celso Amorim?

¿Qué hará la presidenta Dilma Rousseff?

Si nadie hace nada, ya mismo, ahora, de forma clara, decisiva, contundente, todos se desmoralizarán ante el país y los brasileños.

Los comisionados de la CNV deben darle al país una respuesta urgente, clara, digna, altiva.

El ministro Amorim debe explicarle al país qué confusión es esta. Debe explicar a quién le rinde cuentas: ¿a la presidenta Dilma, que creó una CNV para averiguar, o a su subordinado, el general Peri, que impuso el silencio sobre su tropa?

“Si nadie hace nada, ya mismo, ahora, de forma clara, decisiva, contundente, todos se desmoralizarán ante el país y los brasileños”

La presidenta Dilma debe aclararle al país quién manda en el Gobierno Federal.

¿Es Dilma, jefa suprema del Poder Ejecutivo o es el comandante del Ejército?

El Ejército, que ocultó en su informe la prueba de que la guerrillera Dilma es una de las torturadas en el DOI-CODI de la calle Tutoia, donde el Ejército jura que no hubo tortura, debe explicar ahora qué confusión es esta.

¿Quién manda, al final: Dilma o Peri? ¿La presidenta o el general?

Los tres comandantes de las FF. AA. —el general Peri, el brigadier Saito y el almirante Moura Neto— son personas de bien, tienen fichas limpias en relación con la represión y a los abusos de la dictadura.

No tienen nada tienen que ver, igual que el abrumador conjunto de sus 330.000 compañeros uniformados del Ejército, la Fuerza Aérea y la Marina. Los tres llegaron al generalato, por nombramiento del presidente Fernando Henrique Cardoso, recién en 1995, cuando la dictadura ya estaba extinguida hacía una década.

Son buena gente, pero actúan como comandantes débiles y acomodados.

Están en sus cargos desde 2007, como una herencia gelatinosa que pasó de Lula a Dilma. Están, por lo tanto, hace siete años en el cargo, más que el mandato de un presidente, casi el mandato de dos presidentes.

El Diário do Poder mencionó que, el martes, justo después de leer el aterrador relato de la periodista Míriam Leitão sobre las torturas sufridas durante tres meses en un cuartel del Ejército en Vila Velha (estado de Espírito Santo) a partir de diciembre de 1972, el senador Cristovam Buarque le mandó por fax una nota al ministro Celso Amorim, en la que fortalecía el pedido de disculpas de las FF.AA. a la periodista torturada.

“Ningún soldado de hoy puede ser acusado de tener responsabilidad por hechos del pasado, pero serán responsabilizados por esconder los hechos, lo que también ensucia la historia, la hiere por ocultarla. El silencio es connivencia y complicidad”, enseñó Buarque.

“¿Quién manda, al final: Dilma o Peri? ¿La presidenta o el general?”

Amorim llamó a Buarque en la mañana del miércoles 20 y se mostró también ‘impactado’ por la declaración de Míriam Leitão. Y completó con una frase enigmática: “Yo sé cosas que deben decirse, pero tengo algunas limitaciones…”.

Las únicas dos limitaciones que Amorim tiene hacia arriba son el vicepresidente Michel Temer y la presidenta Dilma Rousseff. Si uno u otro están limitando al Ministro de Defensa son pasibles de sanción por delito de prevaricato.

Las limitaciones que Amorim tiene hacia abajo solo pueden ser los 108 oficiales que componen su tropa de generales. Si alguno de ellos está limitando al Ministro de Defensa son pasibles de sanción por delito de insubordinación.

Amorim está obligado a aclarar quién limita sus acciones en el Ministerio de Defensa.

La presidenta de la República, jefa de Amorim y comandante del general Peri, está obligada a buscar esta respuesta.

Ninguna elección, ninguna conveniencia electoral justifica ahora el silencio, la omisión, la cobardía, la inercia de Dilma.

No se investiga el pasado sobre el silencio.

No se construye un país sobre el miedo.

No se consolida la democracia sobre la mentira.

La presidenta Dilma debe elegir entre el general Peri y la Comisión de la Verdad.

Los dos no pueden convivir más en el Estado Democrático de Derecho.

 

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