Dilma contra las cuerdas

Brasil
Especial 

La élite política cuenta las horas que faltan para el desenlace de la votación en diputados del domingo. En ella se decidirá si se le da vía libre o no al impeachment contra Dilma. 342 es el número mágico y todos quieren saltar al barco vencedor. Estamos en la inminencia de la deposición legalizada de una presidente electa.  El golpe, una historia de traición y desestabilización.

Santiago Pérez- Alai (Ecuador)

Pasan las horas y aumenta la tensión. El aire se corta con una tijera en Brasilia donde la negociación política lo abarca todo. Luiz Inácio Lula da Silva trabaja a contrarreloj ofreciendo cargos y favores políticos a Diputados opositores a cambio de votos. La coalición de gobierno se resquebraja. La base aliada de partidos que gobernó el país por más de una década es hoy historia. Al PMDB se le suman otras tres fuerzas que en las últimas horas abandonaron el oficialismo. Escapan del gobierno, no quieren hundirse con el barco. La oposición corre detrás del número mágico: 342. Esa es la cantidad de votos necesaria para que el Impeachment sea aprobado en diputados y pase a ser tratado en el senado. Dos tercios de los legisladores sellarían el primer paso hacia la destitución de la Presidente. Lula necesita del apoyo de solo un tercio de la cámara para bloquear el proceso y salvar a su ahijada política. Esas son las reglas del juego.

Finalmente Dilma acusa recibo de su precaria base de sustentación política y lanza un grito de guerra: “resistiré hasta el último minuto”. Intenta despejar los rumores que circulan sobre su eventual renuncia. Hay quienes sostienen que preferiría dimitir a ser enjuiciada.

Tereza Cruvinel- Brasil247

Los golpes del pasado ocurrían en el silencio de la noche y sorprendían al país. Ahora estamos en la inminencia de la deposición legalizada de una presidente electa y en un país cansado de la crisis la élite política cuenta las horas que faltan para el desenlace.

Parlamentarios y ministros del Partido de los Trabajadores (PT) denuncian una guerra psicológica para crear el efecto manada entre las bancadas y aseguran tener cerca de 200 votos para parar el impeachment. El otro lado dice tener votos de sobra.

Más de cien diputados se ocultan en la condición de indecisos para librarse de las presiones y saltar al barco vencedor. Son los legisladores que no soportan vivir fuera de un gobierno, de cualquier gobierno.

Sea cual fuera el resultado, Brasil no va hacia un paraíso. Al contrario. Pueden venir tiempos más amargos.

” Parlamentarios y ministros del Partido de los Trabajadores (PT) denuncian una guerra psicológica para crear el efecto manada entre las bancadas y aseguran tener cerca de 200 votos para parar el impeachment (…) Más de cien diputados se ocultan en la condición de indecisos para librarse de las presiones y saltar al barco vencedor “

Nada indica que uno de los dos lados ganará por goleada como en 1992, cuando había un consenso contra Collor. El país continuará dividido en un eventual gobierno de Michel Temer y la bronca actual del antipetismo dará lugar al resentimiento de las izquierdas, de los movimientos sociales, de los que resistieron a la ruptura de la voluntad popular.

Subirá la bolsa y el dólar caerá en lo inmediato, pero los problemas estructurales no serán resueltos con la eventual remoción de Dilma Rousseff del Palacio del Planalto.

Después, cuando empiecen los sacrificios anunciados por Temer, las calles hervirán en su contra. La Explanada de los Ministerios también hervirá tras el resultado del domingo. Allí está el peligro, en el espacio separado por el muro de la intolerancia.

Es un palabrerío vacío decir que todo va a mejorar el domingo, si el “golpe” triunfa, como están diciendo tantos oportunistas en la Cámara de Diputados.

No es cierto que las instituciones saldrán fortalecidas. Saldrán en harapos. El recurso de un impeachment sin base jurídica consistente es prueba de que un sistema político no tiene capacidad para enfrentar crisis. Será necesario consertarlo, pero, ¿cómo?

Las reglas de convivencia democrática están rotas. No será el gobierno de Temer, etiquetado como golpista y traidor que conseguirá superar la polarización.

Sin votos para elegir un presidente, el PMDB se apertrechó en todos los gobiernos electos desde 1989. Ahora se prepara para dominar solito las arcas del poder.

” No es cierto que las instituciones saldrán fortalecidas. Saldrán en harapos. El recurso de un impeachment sin base jurídica consistente es prueba de que un sistema político no tiene capacidad para enfrentar crisis. Será necesario consertarlo, pero, ¿cómo? Las reglas de convivencia democrática están rotas. No será el gobierno de Temer “

El PSDB no da el brazo a torcer pero no era este su plan de venganza contra la derrota del 2014. Lo que buscó fue una nueva elección que le devolviera la chance perdida con Aécio Neves. Terminó convirtiéndose en la fuerza auxiliar del engranaje montado por el diputado Eduardo Cunha y Temer.

Si el impeachment pasa, tendrá que ayudar a sustentar el gobierno de Temer, quien puede ser candidato a una reelección en caso de que no haya un caos, reduciendo las posibilidades de una victoria de los socialdemócratas. Si vienen tiempos amargos, será socio de un gobierno impopular.

Los más desilusionados serán los partidos medianos que están dejando al gobierno. No habrá espacio para ellos en un gobierno que tendrá que contentar a todas las corrientes del PMDB, además de los “notables” que Temer quiere nombrar.

Y, por fin, que los indignados con la corrupción que se preparen. El Lava Jato saldrá de a poco de escena, algunos petistas seguirán presos, y la vida continuará.

Se habrán salvado los denunciados y delatados, especialmente los del PMDB. Cuando la gente que insulta a Lula en la avenida Paulista se de cuenta, la página ya habrá pasado.

Hablando del PMDB, es infinita la lista de los que no tienen ningún pudor ni incomodidad por la incoherencia. Pero el hijo de Sergio Cabral, el gobernador al que Lula más ayudó, votando a favor del impeachment es realmente un emblema del pragmatismo en la política.

Hasta el domingo, y especialmente el domingo, la miseria de la política se revelará en toda su extensión. Ya se está mostrando en estas horas, segura de que lo accesorio opaca a lo esencial.

Emir Sader- Página/12 (Argentina)

Un gobierno de Temer, al contrario de lo que propaga, no significaría el final de la crisis brasileña, sino su profundización y prolongación. Se generaría la mayor crisis social y política que Brasil jamás haya conocido, con obstáculos claros a la acción de un gobierno de derecha. Para enfrentar su falta de gobernabilidad, además de reprimir, al mismo tiempo que tendría que tomar decisiones que derivarían en la desvinculación de sus principales dirigentes de los procesos de corrupción que hoy pesan sobre ellos. Sería un gobierno que no tendría nada que ofrecer al país y que se enfrentaría a los movimientos populares, a los partidos de izquierda, a las entidades de la sociedad civil, al mismo Poder Judicial y a los media alternativos, además del liderazgo de Lula.

Buscando sobrevivir al consenso nacional actual de que “no va a haber golpe”, intentan llevar a Brasil al caos, como desea la derecha y las fuerzas internacionales que se interesan en inviabilizar al país, a la integración latinoamericana y a los Brics. Un gobierno de Temer constituiría, junto con el de Argentina, un núcleo neoliberal que trataría de desarticular a los gobiernos progresistas de la región para reinsertar a la región en el circuito neoliberal, que tantos daños provocó años nuestros países en
los años noventa.

” Buscando sobrevivir al consenso nacional actual de que ‘no va a haber golpe’, intentan llevar a Brasil al caos, como desea la derecha y las fuerzas internacionales que se interesan en inviabilizar al país, a la integración latinoamericana y a los Brics. Un gobierno de Temer constituiría, junto con el de Argentina, un núcleo neoliberal “

Teniendo a su lado a Lula, Dilma se propone a organizar un nuevo gobierno, cambiando su política económica, condición para que Lula aceptara integrarlo, que es la única vía para terminar con la crisis. Proponer un pacto nacional para retomar el crecimiento económico con distribución de renta, que comience un verdadero proceso de reconstrucción del país, un país que ha sido víctima de las fuerzas que, de una u otra forma, han actuado para desarticular el potencial productivo que fue acumulado a lo largo del tiempo. Una propuesta que puede, perfectamente, abrir un gran debate nacional sobre las propuestas para el futuro del país, que puede desembocar en una Asamblea Constituyente en 2018, que promueva reformas no sólo del sistema político, sino también del mismo Estado, para ponerlo en condiciones de apalancar y no de obstaculizar el desarrollo económico, social, político y cultural de Brasil

Pero para evitar el caos que un gobierno Temer representaría, es necesario, derrotar a la derecha antes de que eso suceda. Es una disputa dura que se verá reflejada en la votación del domingo 17 en la Cámara de Diputados, respecto a la cual Lula presentó un documento firmado por 186 diputados en contra del golpe, lo cual impediría a la oposición obtener los dos tercios necesarios para el impeachment.

Es una votación que va a definir no sólo el futuro inmediato de Brasil, sino también la fisonomía del país en la primera mitad del siglo, con todas sus consecuencias para la región.

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