De los dos lados de la frontera

Colombia y Venezuela 

El encuentro entre Juan Manuel Santos y Nicolas Maduro en Ecuador pretende ser una vía para acabar con el quiebre en las relaciones bilaterales entre ambos países. Si bien es difícil que el conflicto por la frontera finalice hoy, Rafael Correa y Tabaré Vázquez mediarán para detener la escalada de declaraciones agresivas. La opinión de colombianos y la venezolanos.

Adalys Pilar Mireles- Prensa Latina (Cuba) 

Transcurrido más de un mes del diferendo con Venezuela en torno a la frontera los colombianos aguardan hoy el resultado de las conversaciones entre su presidente, Juan Manuel Santos, y su homólogo Nicolás Maduro, encuentro organizado en Ecuador.

Políticos, activistas, defensores de derechos humanos y otras personalidades a lo interno de Colombia apuestan a las pláticas entre los dos gobernantes como vía para poner fin al actual impasse en las relaciones bilaterales.

Más allá de la tensión imperante, el cierre de los pasos fronterizos hacia la vecina nación, decretado por Caracas a finales de agosto, develó la persistencia de flagelos como el contrabando y el paramilitarismo en esa zona, opinaron analistas aquí.

Tal disposición adoptada por el gobierno venezolano tuvo como factor desencadenante el ataque a tres soldados dentro de ese territorio perpetrado por paramilitares, presuntamente provenientes del otro lado de la línea divisoria.

A la medida se sumaron otras como el incremento de la vigilancia en los espacios limítrofes para combatir el llamado contrabando de extracción o trasiego ilícito de mercancías, y enfrentar a las bandas criminales.

Asimismo fueron devueltos a su patria más de mil colombianos quienes -de acuerdo con los argumentos de Venezuela- permanecían allí sin los permisos y documentos establecidos, determinación reprobada por Bogotá.

” Independientemente de lo acontecido en los lugares fronterizos, no es política venezolana perseguir a los colombianos, si no, por qué viven allí cinco millones de ellos, preguntó la excongresita Piedad Córdoba desde su cuenta en Twitter “

Esa franja de más de dos mil kilómetros está en manos de mafias de acaparadores y revendedores, mezcladas con organizaciones delincuenciales, afirmó el Partido Comunista Colombiano (PCC), en un reciente pronunciamiento. Los connacionales padecen allí las consecuencias del abandono del Estado, situación silenciada por medios de comunicación locales, añadió la organización tras calificar de sensacionalistas ciertas versiones de prensa divulgadas por consorcios informativos.

Al mirar sólo una cara de la realidad, desconocen el contexto de los hechos y contribuyen a exacerbar los odios fratricidas, lamentó el PCC. En opinión de esa agrupación el panorama es complejo y tiene múltiples aristas, entre ellas el comercio ilegal y multimillonario de los productos de la canasta básica y la gasolina desde Venezuela hacia Colombia, que genera desabastecimiento en Caracas y otras regiones.

El desempleo -precisó- es otro de los males que aquejan a quienes viven en ese borde territorial. Independientemente de lo acontecido en los lugares fronterizos, no es política venezolana perseguir a los colombianos, si no, por qué viven allí cinco millones de ellos, preguntó la excongresita Piedad Córdoba desde su cuenta en Twitter.

Mi mensaje es que somos hermanos, como un único país y que las diferencias de cualquier índole no pueden pasar por encima de nosotros, consideró el cantautor Juanes, quien llamó también al entendimiento y la reconciliación.

Las regulaciones puestas en vigor hace más de un mes generaron nuevamente roces entre las dos naciones, que vivieron ya otras crisis como la surgida en 2010 cuando Bogotá acusó a Caracas de proteger en su suelo a grupos de las guerrilleras FARC-EP (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo) y ELN (Ejército de Liberación Nacional).

” Tal momento tiene que ser un ejemplo para la reconciliación, entonces más que hacer un muro del odio, se debe crear una economía y una manera de convivencia, donde tanto los unos como los otros se beneficien mutuamente, opinó el presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia y arzobispo de Tunja, Monseñor Luis Augusto Castro “

Interrumpidas en julio de ese año, las relaciones diplomáticas fueron restablecidas en Santa Marta durante el mes de agosto tras el encuentro entre el presidente Hugo Chávez y Juan Manuel Santos, recién llegado entonces a la Casa de Nariño como sucesor de Álvaro Uribe.

La creación de una comisión binacional para fomentar la seguridad en los espacios fronterizos, contrarrestar el contrabando y mejorar la calidad de vida de las comunidades allí, fue uno de los acuerdos pactados por los dos gobernantes en aquel momento.

Propiciada por Ecuador y Uruguay, la anunciada cita en Quito este lunes ha estado antecedida por pronunciamientos de Santos y Maduro acerca de la necesidad de solucionar el desacuerdo a través del diálogo, aunque con discursos no exentos de acusaciones mutuas y puntos de vistas divergentes en ciertas cuestiones.

La víspera, en uno de sus mensajes a través de Twitter, Santos confesó que viajaría a Quito con las mejores intenciones, pero sin grandes expectativas, en tanto Maduro reconoció la complejidad de la conversación con su par. Con anterioridad las cancilleres María Ángela Holguín (Colombia) y Delcy Rodríguez (Venezuela) sostuvieron dos reuniones para allanar el camino, previo al encuentro presidencial.

Tal momento tiene que ser un ejemplo para la reconciliación, entonces más que hacer un muro del odio, se debe crear una economía y una manera de convivencia, donde tanto los unos como los otros se beneficien mutuamente, opinó el presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia y arzobispo de Tunja, Monseñor Luis Augusto Castro.

Redacción- Semana (Colombia)

El esperado encuentro entre los presidentes Juan Manuel Santos y Nicolás Maduro, este lunes en Quito, tiene características nada comunes. Incluso en otros momentos de tensión y crisis entre Bogotá y Caracas –que han sido recurrentes desde hace décadas– las reuniones se han celebrado en la frontera o en alguno de los dos países. Y aunque en otros episodios, como el de la corbeta Caldas en 1987, hubo llamados al diálogo de otros presidentes y del secretario general de la OEA, la presencia de dos mandatarios externos –Tabaré Vázquez de Uruguay y Rafael Correa de Ecuador– también es inédita.

Lo anterior dice mucho sobre las dimensiones que llegó a tener el momento crítico. En los últimos días el presidente Santos conservó el tono mesurado, pero incrementó las acciones dirigidas a mostrarle a la comunidad internacional su visión sobre lo que considera una “crisis humanitaria” en la frontera y, en consecuencia, sobre el hecho de que nada se logra con su cierre. Por su parte, Maduro anunció nuevos cierres y, casi a diario, continuó su retórica dirigida a presentar los problemas de Venezuela como fenómenos importados de Colombia. También se conocieron dos sobrevuelos de aeronaves venezolanas que violaron el espacio aéreo colombiano, lo cual –aunque se manejó con prudencia y en todo diplomático– en un momento tan crítico incrementó las preocupaciones.

Desde varios puntos, la comunidad internacional ha expresado su inquietud por el incremento de la tensión. La presidenta argentina, Cristina Kirchner, alcanzó a solicitar una reunión de presidentes de Unasur que la canciller venezolana, Delcy Rodríguez, apoyó con entusiasmo. Sin embargo, ese escenario tan cercano a Maduro no prosperó por falta de consenso, que es la regla de oro en ese organismo. Perú, Guyana, Uruguay, Paraguay, Chile y, obviamente, Colombia no apoyaron el encuentro. Por ot
ro lado, el secretario de la OEA, Luis Almagro, visitó la frontera en el lado colombiano, lo mismo que la Comisión de Derechos Humanos de la misma entidad. Y los cancilleres de Brasil y Argentina ofrecieron sus buenos oficios para acercar a Santos y Maduro.

” En los últimos días el presidente Santos conservó el tono mesurado, pero incrementó las acciones dirigidas a mostrarle a la comunidad internacional su visión sobre lo que considera una “crisis humanitaria” en la frontera y, en consecuencia, sobre el hecho de que nada se logra con su cierre “

Al final, la fórmula que se impuso fue la de Ecuador y Uruguay. Una alternativa vista con mayor expectativa por Venezuela que por Colombia. Mientras Maduro la presenta como una demostración de que tenía razón en sus reiteradas peticiones de un encuentro en la cumbre, Colombia la ve con menor esperanza pero considera que, después de que se cumplieron las condiciones que había exigido Santos –que los niños puedan pasar al otro lado para atender el colegio; que los expulsados tuvieran acceso a sus enseres y que a los deportados se les respetara el debido proceso–, no podría negarse a una invitación a dialogar.

En general, las expectativas son moderadas. Después de los dos encuentros de las cancilleres María Ángela Holguín y Delcy Rodríguez, es claro que una apertura inmediata de la frontera ya dejó de ser un objetivo realista y de corto plazo. Desde entonces la tensión ha subido, en primer lugar, y ha quedado claro que las visiones de ambos países sobre los puntos que están sobre la mesa –el contrabando, la delincuencia y el paramilitarismo o bandas criminales– son tan distantes que requerirán de más trabajo y largas negociaciones. Mientras que Maduro considera que debe construirse, en sentido figurado, “una nueva frontera”, en el lado colombiano ya hay voces gremiales que abogan por estudiar una solución de fondo a la presencia de formas delincuenciales y fenómenos ilegales que llevan años allí. 

Nada de eso va a resolverse en una sola reunión de trabajo. En el mejor de los casos, los presidentes se extenderán en largas intervenciones sobre su exigencia de que en el otro lado se asuman políticas efectivas contra los problemas que golpean a la zona fronteriza. Y eso servirá para detener el desborde de la diplomacia del micrófono de las últimas semanas. El retorno a un diálogo más profesional podría bajar la tensión o, al menos, detener la escalada de declaraciones agresivas. La frontera no va a abrirse muy pronto, pero eventualmente sí podrían volver a operar las vías diplomáticas. El auge de las bacrim y los paramilitares, el contrabando –sobre todo de gasolina en un momento de tormenta en el mercado petrolero– y el tránsito del narcotráfico podría ser el comienzo de un nuevo diálogo. Como se trata de asuntos relacionados con la seguridad, un paso siguiente podría involucrar a los ministros de Defensa. No es mucho más lo que puede ofrecer la cumbre de Quito.

Habrá que ver qué papel pueden jugar los otros dos mandatarios que estarán allí. La Cancillería ecuatoriana ha hecho énfasis en que no serán mediadores sino facilitadores. Eso quiere decir que propiciarán el entendimiento entre Santos y Maduro, pero esperarán que al final sean ellos los que lleguen a acuerdos sobre los temas de fondo.

” Habrá que ver qué papel pueden jugar los otros dos mandatarios que estarán allí. La Cancillería ecuatoriana ha hecho énfasis en que no serán mediadores sino facilitadores. Eso quiere decir que propiciarán el entendimiento entre Santos y Maduro, pero esperarán que al final sean ellos los que lleguen a acuerdos sobre los temas de fondo “

Rafael Correa tiene un capital valioso para aportar. Es cercano a Venezuela: forma parte del Alba, votó con ese país en la reunión del Consejo Permanente de la OEA, y en algunos aspectos vivió en sus inicios un proceso similar al de la revolución bolivariana. Pero también tiene una buena comunicación con Colombia. Cuando Santos llegó al poder las relaciones estaban por el piso, y en los últimos cinco años se han reconstruido de una manera tranquila. El pleito en la Corte Internacional de Justicia por el efecto en territorio ecuatoriano de las fumigaciones aéreas de Colombia contra los cultivos ilícitos de drogas fue suspendido por un acuerdo. La cooperación en materia de seguridad se ha consolidado y hay diálogo entre las Fuerzas Armadas de los dos países. Algunas de las reuniones exploratorias entre el gobierno Santos se han llevado a cabo en territorio ecuatoriano, y se da como un hecho que, si se abre una negociación formal, esta se llevará a cabo allí.

Y hay, también –como con Venezuela– problemas generados por la diferencia de regímenes en los dos países en materia cambiaria: mientras la economía ecuatoriana está dolarizada, en Colombia hay un mercado libre. Correa ha acudido a medidas previstas en los pactos bilaterales y multilaterales: ha impuesto salvaguardias y ha aumentado impuestos a las importaciones de productos que se beneficiarían con la devaluación del peso. Estas políticas han sido implementadas sin estridencias ni retórica confrontacional. El resultado es un vínculo bilateral construido desde cero, pero efectivo. Un ejemplo de lo que ahora tendrán que intentar Colombia y Venezuela.

En cuanto a Tabaré Vázquez, su figura genera respeto. Pertenece a la izquierda, pero votó por Colombia en la OEA. Su rotación en el cargo con Pepe Mujica ha fortalecido la credibilidad del país en el ámbito regional. La elección del excanciller Luis Almagro como secretario de la OEA refleja esa realidad. Además de haber visitado la frontera, la semana pasada Almagro le envió una carta a Elías Jaua, hombre fuerte del chavismo, que fue considerada por la oposición venezolana como una crítica al régimen. Le dice que “las revoluciones tienen que mantener los derechos que existían antes” y que “siempre hay que velar por las minorías”. Por su parte, el expresidente Mujica, la semana pasada, se refirió al problema de la frontera colombo-venezolana y dijo que “con unas diferencias tan enormes en los precios de los combustibles a lado y lado, ni el Ejército de la OTAN podría detener el contrabando” en ambos sentidos. Ni Mujica, ni Almagro representan al gobierno de Tabaré Vázquez, pero sin duda se identifican con la misma forma de pensar.

Los protagonistas de la cumbre de Quito, sin embargo, no son Correa y Vázquez, sino Santos y Maduro. Y aunque de inmediato no lograrán mucho más que poner en blanco y negro sus diferencias –en privado y no en público–, a la larga son los que tendrán que encontrar salidas. Pocos esperan que esto ocurra antes de las elecciones venezolanas del 6 de diciembre, porque en la difícil campaña que enfrenta el chavismo, el discurso sobre la frontera es una de las pocas cartas que puede presentar.

Jesús Faría- Correo del Orinoco (Venezuela) 

Las medidas tomadas por el presidente Nicolás Maduro en torno a la frontera con Colombia han llevado al presidente Juan Manuel Santos y a sus principales voceros a tomar posiciones con base en mentiras y mucho cinismo.

En primer lugar, destaca el tema de los DDHH, tan sensible en la opinión pública y tan manoseado por los enemigos de nuestra Revolución. Acusar a nuestro país de “violar los DDHH” y, más aún, alegar el delirante exabrupto de una “crisis humanitaria” persigue el doble propósito de victimizarse en un escenario donde la verdadera víctima es nuestro país, así como alimentar un expediente de mentiras que vaya aplanando el terreno para una futura intervención imperialista.

Se trata de un cinismo realmente asqueroso para encubrir a todo tipo de narcotraficantes y asesinos.

” Acusar a nuestro país de ‘violar los DDHH’ y, más aún, alegar el delirante exabrupto de una ‘crisis humanitaria’ persigue el doble propósito de victimizarse en un escenario do
nde la verdadera víctima es nuestro país, así como alimentar un expediente de mentiras que vaya aplanando el terreno para una futura intervención imperialista “

Por otra parte, Santos y los voceros neogranadinos reconocen la existencia de un sistema delictivo de contrabando, pero, como por arte del realismo mágico, lejos de combatirlo o condenarlo, lo justifican y estimulan.

Los inefables vecinos afirman que el contrabando responde “a las políticas de subsidios de la Revolución Bolivariana”, pero en realidad protegen a las mafias de contrabandistas y, además, fomentan sus negocios con una política cambiaria que se ha convertido en la punta de lanza del ataque a nuestra moneda nacional.

Con esas posturas le ocasionan un tremendo daño a los productores de su país. Sin embargo, eso no les importa, pues el propósito principal es desestabilizar nuestros sistemas económico y político.

En resumen, se deslindan dos posiciones: quienes insistimos en construir una frontera de paz, cooperación y desarrollo y, por otra parte, los no muy Santos, que encubren a paramilitares y contrabandistas, propulsan la guerra económica.

 

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