Migrantes invisibles

Latinoamérica y El Mundo
Werner Von Schoettler/Nils Castro

La migración afecta a más de 230 millones de personas en el mundo. En América Latina encarnan la memoria viva que nos recuerda que no debemos volver al pasado neoliberal. Los indocumentados que llegan a suelo norteamericano en búsqueda de un futuro mejor para sus familias, a excepción de cubanos y puertorriqueños, nunca son bien recibidos.

Werner Vásquez Von Schoettler- El Telégrafo (Ecuador)  

El 4 de diciembre de 2000, la ONU proclamó al 18 de diciembre como el Día Internacional del Migrante. Aquellos que en su mayoría escapan de condiciones de pobreza, miseria, violencia e injusticia. El Ecuador es uno de esos países que en esos años fue víctima de las políticas neoliberales que nos llevaron a la crisis financiera de 1999, que expulsó a cientos de miles de ecuatorianos por todo el mundo, principalmente Estados Unidos y Europa. Miles de familias sufrieron los efectos de esa migración: separación temporal o definitiva, desestructuración de los entornos familiares, abandono, violencia psicológica, discrimen, etc. Esos cientos de miles enviaron miles de millones de euros y dólares que sirvieron para sostener una economía dolarizada a la fuerza. Esos millones de ecuatorianos se convirtieron en una fuente clave para sostener la economía nacional e incluso sostener el auge de un consumo suntuario no visto antes. Fueron invisibilizados cuando convenía. No existía una política pública específica. El Estado y muchos sectores sociales se olvidaron de ellos excepto cuando se trataba de contarlos como remezas. Fue con la Constitución de Montecristi que esos millones de invisibilizados por primera vez eran reconocidos por el Estado y la sociedad.

Por primera vez se generaba política pública para brindar coberturas a los mismos y sobre todo iniciar cambios fundamentales en la sociedad para que los ciudadanos no se vieran forzados a migrar en busca de mejores condiciones de vida. Los que se fueron han sido víctimas de coyoteros, de extorsionadores, traficantes, chulqueros, estafadores. La migración forzada es un gran problema mundial que supera a la proclama de un día para recordarlos. Se entiende que la migración es parte de la historia del ser humano, pero en el mundo moderno, sobre todo desde el siglo XIX, grandes poblaciones son afectadas por la dinámica del capitalismo mundial.

” Millones de migrantes han servido como mano de obra barata, desde la condición de ilegales, para enriquecer a sociedades, a clases sociales, a grandes corporaciones. Aún hay una gran hipocresía mundial al hablar de los migrantes como de los refugiados. Aún se quiere imponer la idea de que los responsables principales son los propios migrantes “

Millones de migrantes han servido como mano de obra barata, desde la condición de ilegales, para enriquecer a sociedades, a clases sociales, a grandes corporaciones. Aún hay una gran hipocresía mundial al hablar de los migrantes como de los refugiados. Aún se quiere imponer la idea de que los responsables principales son los propios migrantes. Estos han vuelto a sufrir con las crisis mundiales. La crisis económica en España es el ejemplo de políticas neoliberales que violentan a los migrantes de todo el mundo: más de 400.000 familias desahuciadas de sus hogares por un sistema bancario y financiero perverso. Ecuador es de los pocos países que tiene como política de Estado brindar asistencia a sus migrantes y de facilitar su retorno…La migración es un problema mundial. Según la ONU, en 2000 migraron 175 millones, actualmente más de 230 millones. El 49% de ellos son mujeres. Las remesas superan los 400 mil millones de dólares. Pero los migrantes son más que números y remesas. Son seres humanos, son ciudadanos con derechos universales que el capitalismo voraz viola continuamente. Los migrantes y los refugiados son más que un día, son la memoria viva que nos recuerda que no debemos regresar al pasado neoliberal.  

Nils Castro- Alai (Ecuador) 

El paso de cubanos que emigraban por tierra desde Ecuador hasta México y de allí a Estados Unidos no era cosa nueva ni insólita. Grandes movimientos migratorios ‑‑mayores que el cubano‑‑ hoy ocurren tanto en Mesoamérica como en otras regiones. Cerca de un millón de personas del Cercano Oriente y el Norte de África buscan refugio en Europa. En América, hace mucho sabemos del desplazamiento que la violencia y la crisis provocan entre grandes masas de colombianos. Como asimismo de las masivas migraciones que, por motivos económicos millares de mexicanos, centroamericanos y antillanos emprenden a diario. No pocas localidades rurales mexicanas están convertidas en pueblos fantasmas.

Estas migraciones son sistemáticamente reprimidas en Estados Unidos, su país de destino. Cada mes sus autoridades deportan a miles de centroamericanos, mexicanos y otros latinoamericanos. La Administración Obama ha implantado récord en esta materia. Sin embargo, ella mantiene dos excepciones: las de Puerto Rico y Cuba ‑‑dos naciones igualmente latinoamericanas y caribeñas‑‑ cuyos migrantes cuentan con status privilegiados que les permiten entrar y establecerse sin dificultades. Puerto Rico debido a la condición colonial que aún les permite a los boricuas irse a Estados Unidos, como ciudadanos de segunda clase pero sin obstáculos. Cuba por efecto de la guerra fría que en este campo Washington continúa, pese al diálogo iniciado con La Habana.

La actual crisis económica puertorriqueña ha causado que ya más de la mitad de su población se haya marchado a Estados Unidos. Tanto allí como en Cuba los emigrantes están encabezados por hombres y mujeres en plena edad laboral que deciden irse por causas económicas. En lo que va del presente año, Puerto Rico ha perdido así más de 3,000 médicos, sin mediar ninguna hostilidad de Washington contra San Juan.

Ese es el contexto de la cuestión de los migrantes cubanos que ahora han quedado trancados en Costa Rica y Panamá. El agravamiento de la situación puertorriqueña es poco percibido porque en este caso quienes abandonan su patria van directamente a Estados Unidos. En contraste, los cubanos tienen que hacerlo a través de terceras naciones, que últimamente eran las centroamericanas, hasta que el imprevisto crecimiento de su número desbordó la capacidad de la ruta. La presunción de que el diálogo entre La Habana y Washington pondrá fin a la Ley de Ajuste Cubano (de 1966), la política de “pies secos y pies mojados” (de 1995) y el programa Parole para incentivar la deserción de médicos, (de 2006) que promocionan la entrada de cubanos a Estados Unidos, causó ese fenómeno.

” Estas migraciones son sistemáticamente reprimidas en Estados Unidos, su país de destino. Cada mes sus autoridades deportan a miles de centroamericanos, mexicanos y otros latinoamericanos. La Administración Obama ha implantado récord en esta materia. Sin embargo, ella mantiene dos excepciones: las de Puerto Rico y Cuba “

Es ingenuo creer que la decisión de Nicaragua de cerrarle el paso a esta masa migrante causó el problema. Enseguida Guatemala y Belice advirtieron que tampoco lo admitirán. De hecho, nadie solicitó la anuencia de sus gobiernos para recibir esa oleada, de cuya seguridad, alojamiento, alimentación y tránsito les tocaría responsabilizarse. Guatemala, que con El Salvador y Honduras representa a los mayores emisores de los migrantes clandestinos centroamericanos, precisó que no tenía motivo para subsidiar el paso de migrantes cubanos mientras los suyos son tan rigurosamente rechazados.

Impedida de pasarle esa masa migrante a sus vecinos del norte, Costa Rica le ha cerrado su frontera sur. Eso ha causado su presente estancamiento y acumulación en ese país y en Panamá, y su conversión en un proble
ma regional. Lo que era un instrumento norteamericano para hostigar a Cuba se ha transformado en una causa de conflictos que ya involucra a Ecuador y Colombia, a los siete Estados del istmo centroamericano y estuvo próxima a incidir en México. Esto, además, agudiza tensiones dentro del organismo subregional, el Sistema de la Integración Centroamericana (Sica) y ha precipitado su crisis con el anuncio de que Costa Rica lo abandonará.

Cuba reitera que esas personas salieron de su país legalmente y que asimismo pueden regresar al mismo, y a la vez multiplica contactos regionales para velar por la situación de sus migrantes. En contraste, las autoridades norteamericanas han declarado que ‑‑pese al actual diálogo con La Habana‑‑ no prevén revisar sus políticas migratorias respecto a Cuba, pese a que sus consecuencias ya constituyen una nueva causa de disgusto y controversia con otros 10 países latinoamericanos.

Al propio tiempo, el Congreso de Estados Unidos se negó a tomar medidas para mitigar la crisis puertorriqueña ‑‑que ya es una crisis tanto económica como política y demográfica‑‑, ocasionando que hasta el gobernador colonialista de la isla lo acuse de querer hundirla en el caos. Con lo cual el gobierno norteamericano vuelve a mostrar que no necesita quien le genere enemigos y problemas, ya que bien sabe buscárselos por sí solo.

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