El Día de la Lealtad y la militancia

Argentina 

Quienes se reunieron en la Plaza de Mayo aquel 17 de octubre de 1945 buscaban, en palabras de Evita, ser un pueblo soberano, libre y justo. Hoy se puede decir que todo esto fue conquistado y que, además, otros derechos fueron restituidos. Gracias al impulso de Néstor Kirchner, los jóvenes se acercaron a la militancia con un espíritu democrático e inclusivo.  

Alicia Kirchner- Tiempo Argentino (Argentina) 

Somos hoy, como queríamos ser en aquel atardecer. Cada derecho restituido. Cada esperanza recuperada.

“Han pasado cinco años, y de la misma manera que en el corazón de los descamisados se han multiplicado la confianza y la fe en la doctrina y en la obra de Perón, entre el Líder y su pueblo el tiempo ha sellado, con la unidad de propósitos, la unidad de esperanzas y la unidad de acción. Somos hoy, como queríamos ser en aquel atardecer de Octubre de 1945, un pueblo libre, justo y soberano.”

Evita, 17 de Octubre de 1950

Cuando hablamos del 17 de Octubre, del Día de la Lealtad, es inevitable hablar de militancia como militantes. Es inevitable recordar lo que creyeron, sintieron y lograron nuestros compañeros y familiares. La militancia política y social es un acto de amor, liso y llano. Es el dar la vida por un proyecto de país, por un futuro de país, por el otro que es igual a mí, aunque piense distinto… Es más: sobre todo cuando piensa distinto.

En los 70 militábamos en el marco de una dictadura que no dejaba lugar para los grises. La militancia de hoy tiene muchas más responsabilidades en un contexto más simple. Suena contradictorio, pero aunque tamaña afirmación parezca exagerada no deja de constituir una gran verdad. Fundamentalmente porque esta militancia tiene el desafío de construir y sobrepasar los límites sin amenaza alguna, más que la de su propia especulación individual. Y la especulación individual, en un proyecto de construcción colectiva, no tiene lugar.

Pero no entendamos a la militancia como una concepción partidaria que despierta durante las elecciones y se duerme durante la gestión. La militancia es lo cotidiano, es el día a día. Es el levantarse aunque no sobren ganas, el viaje en subte, las reuniones interminables, los mates con la familia, las charlas con amigos. Militancia que sale a la calle y charla al vecino sólo para conocerlo, que se para en una esquina e intenta convencer, que dobla boletas, que gestiona y desarrolla políticas, que expone ideas, que hace al andar.

«Creo que hoy, ese salto cualitativo ya fue dado. El desafío es profundizarlo. Lo vemos en nuestros jóvenes y en la recuperación del debate y el compromiso político. Lo vemos en ese orgullo de ser parte de un modelo de país que tiene como génesis la inclusión y la igualdad»

Néstor nos decía, allá por 2004: «Tenemos que reconstruir el espacio de los militantes, de los cuadros; tenemos que volver a valorar la política. No queremos que se repita la mecánica casi empresaria de la política que tiende a acordarse de los amigos y de los compañeros para utilizarlos en cuestiones electorales. No queremos tropas ‘disciplinadas’ que a todo digan: sí. Queremos tener compañeros y compañeras que piensen, que nos digan la verdad, que tengan capacidad transgresora, que nos ayuden a equivocarnos lo menos posible. No queremos más la práctica de un culto al individualismo, a la personalidad y a la ‘teoría del jefe’. Esas teorías que tanto daño han hecho a la política (…) Queridos compañeros y amigos: tenemos que volver a recuperar las ansias de la participación, pero nosotros mismos debemos hacer la autocrítica y entender que la política no puede ser una herramienta para buscar el beneficio personal. Si los militantes y los dirigentes políticos entienden que tienen que ser los que den el primer ejemplo, les puedo asegurar que estaremos dando un salto cualitativo. Esto es tremendamente importante, tenemos que dar ese ejemplo y evitar las tentaciones.»

Creo que hoy, ese salto cualitativo ya fue dado. El desafío es profundizarlo. Lo vemos en nuestros jóvenes y en la recuperación del debate y el compromiso político. Lo vemos en ese orgullo de ser parte de un modelo de país que tiene como génesis la inclusión y la igualdad. En la fortaleza de nuestra presidenta Cristina. En el orgullo que sentimos millones de argentinos y argentinas.

La militancia y el compromiso político no son conceptos abstractos que se leen en la teoría de papel o que se escuchan de las palabras de los grandes formadores de opinión. Son la cuantificación cotidiana de gestiones y no de promesas. Son cada ronda de las Madres. Cada Plaza de Mayo convulsionada. Cada derecho restituido. Cada esperanza recuperada.

Somos hoy, como queríamos ser en aquel atardecer de Octubre de 1945, un pueblo libre, justo y soberano.

 

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