Después del mundial, las elecciones

Brasil

Tras el vendaval del Mundial de Fútbol, Dilma Rousseff enfrenta el escenario pre electoral. Las últimas encuestas indican que sigue siendo favorita pero irá a una segunda vuelta, que por ahora se presenta con un empate técnico con Aécio Neves. Es cierto que aún no salió a jugar el líder Lula da Silva, pero la velocidad del crecimiento de los opositores alerta al oficialismo.

Presidencia de Brasil

Eric Nepomuceno – Página 12 (Argentina)

Pasado el huracán de la Copa del Mundo, estamos todos de vuelta a la vida real. Y la vida real se muestra un tanto complicada, especialmente para la presidenta Dilma Rousseff.

Para empezar, fueron divulgados el pasado viernes los resultados de un nuevo sondeo electoral realizado por el instituto Data Folha, vinculado al diario Folha de S. Paulo. Pese a ese vínculo –la Folha es de feroz y muchas veces irresponsable oposición al gobierno–, el trabajo de encuestas y sondeos del instituto es respetable y respetado.

Dilma perdió dos puntos. Sigue favorita, ahora con 36 por ciento de intención de voto declarado por los entrevistados. Su competidor más directo, Aécio Neves, del Partido de la Social Democracia Brasileña, el PSDB, se estacionó en 20 por ciento. A propósito de las innúmeras paradojas de la política de mi país, el PSDB de socialdemócrata tiene poco o casi nada: son propuestas del mismo y bien conocido neoliberalismo que llevó tantos países al naufragio. Así las cosas, el tercer candidato, Eduardo Campos, del Partido Socialista Brasileño, el PSB, que de socialista tiene la sigla y nada más, perdió un punto: ahora tiene 8 por ciento de las intenciones de voto.

El gran problema –y la nueva preocupación– para Dilma y su equipo de campaña se refiere a la ahora prácticamente asegurada realización de una segunda vuelta. El sondeo divulgado el jueves pasado indica que en una confrontación directa Dilma y Aécio Neves están técnicamente empatados: 44 por ciento para ella, 40 por ciento para él. Vale recordar que en febrero la diferencia era de 55 a 27 por ciento, de acuerdo con el mismo instituto Data Folha. En los primeros días de junio, ya había caído de 47 a 38 por ciento. Y, pasado un mes y medio, la diferencia prácticamente desapareció. El dato sorprendió a los estrategas de Dilma. Se estudian, en régimen de urgencia, fórmulas para intensificar la campaña y lograr una victoria en la primera vuelta. Pero a la vez se admite que es una tarea muy difícil.

“La sensación de que Brasil vive un deterioro puede contaminar al electorado. Candidatos de la oposición y los medios hegemónicos de comunicación lo saben bien, y trabajan muy activamente para fortalecer esa sensación”

Para enturbiar aún más el horizonte, también con Eduardo Campos un hipotético y casi imposible encuentro en la segunda vuelta trae proyecciones preocupantes. A fines de febrero, Dilma tenía 55 por ciento de intención de voto y Campos escasos 23 por ciento. A principios de junio, de 47 a 32 por ciento. Ahora, de 45 a 38 por ciento.

Es importante recordar que la campaña crece y se define cuando empiece la propaganda por radio y televisión, a mediados de agosto. Si los dos opositores se mantuvieron estacionados en las proyecciones de la primera vuelta pero saltaron distancias olímpicas cuando, preguntados sobre la confrontación decisiva, la de la segunda vuelta, por primera vez surgen señales de riesgo serio para la candidatura de Dilma a la reelección. Es verdad que, en la primera vuelta, ella dispondrá de mucho más tiempo de televisión y radio (más que el doble de Aecio Neves). Pero en la segunda vuelta el tiempo es dividido de manera igual entre los candidatos. También es verdad que Lula todavía no se puso en la calle, y que su respaldo tiene peso determinante. Pero aun así la velocidad con que Neves y Campos lograron acercarse peligrosamente en las proyecciones de la segunda vuelta muestra que podrán ocurrir sorpresas.

También de otro terreno brotan noticias preocupantes para el país, y otra vez especialmente preocupantes para la presidenta. Los nuevos indicadores económicos son desalentadores, y despertaron nuevas señales de alarma en Brasilia. Los cálculos del Banco Central muestran que la actividad económica sufrió una retracción de 0,18 por ciento en mayo. Es menos de la mitad de la retracción prevista por el mercado financiero. Pero como el mercado financiero tiene el catastrofismo impregnado genéticamente, que haya sido la mitad no sirve de mucho consuelo. Difícilmente el PIB de este año supere la marca de 1,2 o a lo sumo 1,4 por ciento este año, contra el crecimiento de 2,5 por ciento del año pasado.

Del Ministerio del Trabajo vienen otras malas noticias. La creación de empleos formales en junio –poco más de 25 mil plazas– ha sido la menor para el mes desde 1998. Y también el total de nuevos empleos formales del primer semestre, 590 mil, sólo supera la del mismo período de 1998. La única noticia positiva es que las proyecciones sobre la inflación, que pese a mantenerse en niveles altos –6,5 por ciento en doce meses–, ya no presionan tanto. De todas formas, permanece, en la opinión del brasileño medio, que existe la inflación y que ese fenómeno de pésima memoria acecha peligrosamente sobre nuestras cabezas. Los grandes medios de comunicación se encargan de desempeñar esa tarea, martillando día sí y el otro también que el país vive una espiral inflacionaria que los números no confirman.

Los estrategas de la campaña de Dilma saben muy bien que su principal adversario es precisamente la economía. La sensación de que Brasil vive un deterioro puede contaminar al electorado. Candidatos de la oposición y los medios hegemónicos de comunicación lo saben bien, y trabajan muy activamente para fortalecer esa sensación.

 

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