“Me mataron a mi hijo gay”, la primera víctima tras el discurso de odio de Bolsonaro

Eleonora Pereira integra el Movimiento Nacional por los Dereitos Humanos de Brasil y también fue una de las impulsoras del colectivo «Madres por la Igualdad», que lucha contra los ataques y asesinatos homofóbicos y transfóbicos que crecen en el país. Pero no siempre militó por los derechos humanos. En esta entrevista, en la que se define como una «víctima del discurso de odio de Bolsonaro», cuenta que empezó a luchar cuando su hijo José Ricardo fue asesinado en 2010, poco después de que el candidato del PSOL, antes diputado, dijera que prefería que su hijo muriera en un accidente antes que verlo con otro hombre.

—Todo el mundo alerta sobre el fascismo de Bolsonaro, sobre todo después del resultado electoral, ¿cómo lo ven al candidato del PSOL los organismos de derechos humanos brasileros?

—Soy luchadora por los derechos humanos y coordinadora del Movimiento Nacional de Derechos Humanos precisamente por el discurso de odio de Bolsonaro. En 2010 Bolsonaro dijo «prefiero que un hijo mío muera en un accidente, a verlo con un ‘bigotón’ por ahí. Para mí, estaría muerto de cualquier forma” y al poco tiempo mi hijo, José Ricardo, fue asesinado por ser gay. Él es una víctima del discurso de odio de Bolsonaro. Después de eso, comenzaron a amenazarme, cuando empecé a militar. Somos víctimas del fascismo y del machismo que hoy está imperando en Brasil.


José Ricardo murió en la mañana del 16 de octubre de 2010, luego de ser golpeado por dos jóvenes en el barrio de Jardim São Paulo, en la Zona Oeste de Recife. Falleció al poco tiempo en el Hospital de la Restauración por la gravedad de sus heridas. El caso se hizo famoso y es conocido en Brasil por ser el primero homicidio motivado por la homofobia reconocido por la Policía.  En 2015, los acusados ​​por el crimen fueron condenados en un jurado popular, en el Foro Thomaz de Aquino, en el barrio de Santo Antônio. Augusto César Rodrigues y Windson Flávio de Melo, de 28 y 27 años respectivamente, fueron condenados a 18 años de prisión por homicidio calificado.

«En el momento en que el juez da la sentencia pensé que ellos podían estar presos, pero cuando vi que incluso en esa situación ellos todavía podían abrazar y besar a sus madres y recibir ese beso en el cuello que mi hijo no tendría, sentí que incluso ganando, ellos todavía estaban mejor», había dicho en ese momento Pereira a la prensa brasilera.

Un estudio de la Universidad de San Pablo advirtió que desde principios de octubre hubo más de 30 casos de violencia, la mayoría contra la comunidad LGTB y contra seguidores del Partido de los Trabajadores. El período coincide con la campaña y elección presidencial de Brasil, donde Bolsonaro acumuló el 46,03 por ciento de los votos con sus discursos misóginos, fascistas, racistas y homofóbicos.


—¿Qué sentiste con el resultado de las elecciones?

—El domingo fue una verdadera tortura. Cada voto contado, cada urna que se abría era un suplicio para mí, como para todos los que estamos en esta lucha. Para los defensores de derechos humanos, en este momento estamos retornando al pasado. Está el fantasma de la dictadura soplándonos nuestras espaldas. El lunes un compañero de Bahía fue asesinado por un grupo de fanáticos de Bolsonaro.

—¿En qué otras acciones se materializa el discurso de odio de Bolsonaro?

—Se está trasladando a acciones concretas. Yo trabajo con la comunidad LGBT y todo el mundo está asustado, están tirando por la calle fotos de él con sus frases para alertar sobre Bolsonaro. «Si usted ve un niño afeminado, trans, hay que curarlo», dice una de sus peores frases. Sabemos que los programas de protección para los defensores, para la protección de niños y adolescentes y los programas para combatir la violencia sexual se van a acabar.

—¿Qué implica la llegada de Bolsonaro al Palacio de Planalto para los organismos de derechos humanos?

—La preocupación para los trabajadores de derechos humanos es grande. Ya hay asesinatos de defensores de derechos humanos pero con la posible entrada de Bolsonaro ese número va aumentar. Él detesta a los defensores de derechos humanos, amenazó con que nos va a desfinanciar y lo va a hacer seguramente, y ahí vamos a tener que recurrir a organismos internacionales.