Después de la firma, el plebiscito

Colombia
Especial

El domingo puede cambiar para siempre la historia del país. El último conflicto armado de América Latina puede llegar a su fin con el voto del pueblo. Las transformaciones políticas que se avecinarán de triunfar el SI en el referendo; lo acordado, aplazado y ganado en el Acuerdo firmado; y la probable inserción del Ejército de Liberación Nacional, el gran ausente en esta fiesta.

Redacción- Semana (Colombia) 

El apoyo al acuerdo final entre el Gobierno y las FARC se impondría por 44 puntos porcentuales a la opción del No. El acuerdo final para la terminación del conflicto sellado por el Gobierno y las FARC en La Habana el pasado 24 de agosto tendría un amplio apoyo el 2 de octubre, día en que está convocado el plebiscito para la refrendación popular de lo pactado. El acuerdo final para la terminación del conflicto sellado por el Gobierno y las FARC en La Habana el pasado 24 de agosto tendría un amplio apoyo el 2 de octubre, día en que está convocado el plebiscito para la refrendación popular de lo pactado. Cuando faltan tres semanas para la cita con las urnas, el Sí en el plebiscito obtendría la victoria, con el 72 % de las preferencias, y se impondría con una ventaja de 44 puntos frente al No, opción que tendría el respaldo del 28 % de los votos.  

Álvaro Renzi Rangel- Alai (Ecuador) 

Con la firma del presidente Juan Manuel Santos por el gobierno y del comandante Rodrigo Londoño («Timochenko») por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP), se puso fin el 26 de setiembre de 2016 al conflicto armado interno más antiguo de América Latina que causó más de 220.000 muertos y al menos cinco millones de refugiados y desplazados.

América Latina asistió en Colombia a un momento clave de su propia historia, sin precedentes desde que en la última década del siglo pasado se firmaran los acuerdos de paz en Nicaragua, El Salvador y Guatemala. El sueño de una región de paz se agiganta. Hay nuevas palabras que se irán incluyendo en el vocabulario político colombiano: legalidad, democracia, participación popular, equidad, justicia social

Culminaron cuatro años de un proceso de negociación arduo, difícil y por momentos sumamente frágil en La Habana, donde la comunidad latinoamericano-caribeña y mundial puso todo su empeño para que se lograra un acuerdo que le otorgara herramientas al país para transitar hacia los cambios necesarios, hacia la pacificación definitiva.

» El acuerdo no significa el fin del conflicto, pero abre la perspectiva de superar la guerra y su permanente pérdida de vidas, crea las condiciones para el retorno de miles de desplazados a sus tierras, permite un proceso de justicia por los crímenes de lesa humanidad cometidos durante el conflicto «

El acuerdo no significa el fin del conflicto, pero abre la perspectiva de superar la guerra y su permanente pérdida de vidas, crea las condiciones para el retorno de miles de desplazados a sus tierras, permite un proceso de justicia por los crímenes de lesa humanidad cometidos durante el conflicto. Pero, sobre todo permite consolidar la vida democrática del país y alentar su desarrollo.

Ahora hay que construir la paz, entre todas las partes. El fin formal de la guerra es apenas el inicio para la construcción de la paz. El proceso comienza por la aprobación refrendataria de los acuerdos por parte de la ciudadanía, así como la ratificación parlamentaria de diversas modificaciones legales previstas en los acuerdos.

Hay sectores políticos, encabezados por el expresidente Álvaro Uribe, y corporativos de lo que se ha calificado como el poder fáctico del país, interesado en bombardear el proceso de pacificación. La guerra ha sido para este poder fáctico un gran negocio por más de 50 años, cuando se han apropiado de la tierra y su explotación.

Las inercias de la violencia no necesariamente se detendrán de manera automática, y tal vez resulte inevitable la persistencia de núcleos irreductibles en uno y otros bandos. Pero ese fenómeno marginal es consustancial a cualquier proceso de paz y cabe esperar que tanto las partes firmantes como la sociedad tengan la capacidad y la tenacidad requeridas para impedir que altere el curso de la pacificación, señala en un editorial el diario mexicano La Jornada.

No hay que olvidar que por varias décadas la alta burguesía, en su afán por el lucro, siempre se opuso a una política de paz que mermara sus ganancias. Quizás por temor a los cambios democráticos y sobre todo a ser afectados en sus intereses económicos y de influencia en la opinión pública, es que los dueños de los medios habían definido por décadas una línea adversa a las negociaciones de paz y hostil a toda iniciativa y propuesta de la guerrilla. ¿Cambiarán ahora? Nada se habla en los acuerdos sobre la necesaria democratización de la comunicación.

» Ahora hay que construir la paz, entre todas las partes. El fin formal de la guerra es apenas el inicio para la construcción de la paz. El proceso comienza por la aprobación refrendataria de los acuerdos por parte de la ciudadanía, así como la ratificación parlamentaria de diversas modificaciones legales previstas en los acuerdos «

¿Cómo hablar de una comunicación para la paz en un país donde hasta no hace mucho tiempo el gobierno negaba la existencia de un conflicto, donde los periodistas y los medios se abstenían de hablar de los falsos positivos y de las masacres de campesinos e indígenas? ¿Cómo hablar de paz en un país que aloja siete bases extranjeras? ¿Cómo se hace para cambiar el chip? ¿Será que los grandes medios se volvieron democráticos? ¿O será que la guerra ya no es negocio y que ahora para los negocios hace falta la paz?, comenta el comunicólogo uruguayo Aram Aharonian.

Hay un aspecto por demás importante en el Acuerdo Final, la transformación de las FARC en partido o movimiento político, que además de ampliar el espectro político del país, le dará un impulso al movimiento social y popular colombiano, para posicionarse como una fuerza política con posibilidades de ser poder y gobierno. Esto sin duda aportaría a la unidad latinoamericana y al fortalecimiento de los proyectos alternativos ya existentes en la región.

Y quedan muchas las preguntas que se hacen desde los sectores progresistas: si se desmovilizarán los paramilitares, si los acuerdos mejorarán las condiciones de la lucha social y de vida de las grandes mayorías, si terminará la violencia contra los dirigentes campesinos e indígenas, de los movimientos sociales, de los defensores de los derechos humanos. El problema de fondo lo identificó muy bien el papa Francisco: tierra, techo, trabajo para todos, es el desafío.

Juanita Vélez- Colombia (La Silla Vacía) 

Si gana el Sí y los acuerdos de paz entre el Gobierno y las Farc se cumplen, una de las grandes transformaciones que traería es que habrá más garantías para hacer política de oposición y más incentivos para que movimientos y organizaciones sociales que cargan con el estigma de ser el brazo político de la guerrilla, participen y dejen de ser perseguidos.

“Este acuerdo es una ventana para resetear la manera cómo entendemos la democracia”, dice Álvaro Jiménez, de la Campaña Colombiana contra Minas. Una consecuencia directa de atravesarla es que habrá más movimientos sociales empoderados y también más movilización social.

De cómo el Gobierno canalice esa forma de hacer política de abajo hacia arriba, y de que las Farc realmente abandonen la combinación de las formas de lucha, incluyendo utilizar su plata mal habida para empujar a sus candidatos, dependerá qué tanto los cinco meses que invirtieron las delegaciones pactando el punto de Participación Política en Cuba, sirvan de
algo.

Qué dice el acuerdo

Lo más importante de las 20 páginas del punto de Participación Política es un tema conceptual: la idea de democracia directa que introduce y desarrolla. Es una democracia para ser ejercida más allá de los partidos políticos y sin necesariamente pasar por la representación de candidatos elegidos popularmente.

Como la concepción de democracia es mucho más amplia, la de oposición también.

Porque el hilo conductor de todo ese punto parte de la distinción entre la oposición política ejercida en el Congreso, como la del Polo por ejemplo, y la que hacen movimientos como la Cumbre Agraria, cuando convocaron el paro agrario en mayo de este año; o la de organizaciones como la Marcha Patriótica, que para muchos es vista como la pista de aterrizaje más obvia para las Farc. O la oposición en donde convergen de manera coyuntural varios grupos como la de la Dignidad Agropecuaria, un matrimonio de indignados del campo que se creó en agosto de 2014, que agrupa a campesinos de todo el país y que quiere hacer un “referendo por el agro”.

» Lo más importante de las 20 páginas del punto de Participación Política es un tema conceptual: la idea de democracia directa que introduce y desarrolla. Es una democracia para ser ejercida más allá de los partidos políticos y sin necesariamente pasar por la representación de candidatos elegidos popularmente «

Todas esas expresiones, más muchas otras que antes no cabían en la definición de oposición, con el acuerdo lo serían y para ellas habrá, al igual que para un partido como el Polo o para el que creen las Farc, garantías para hacer política. Para los movimientos que están y los que seguramente saldrán, el Gobierno se compromete a “promover y facilitar los espacios para que tramiten sus demandas”.

Para eso, el Acuerdo crea un Estatuto de Oposición que se debatirá en una Comisión apenas se firme la paz. En esta Comisión no solo estarán los partidos y movimientos con personería jurídica, sino dos expertos de la guerrilla y Marcha Patriótica y Congreso de los Pueblos, los dos movimientos, algunos de cuyos integrantes respectivamente tienen vasos comunicantes con las Farc y el Eln.

La idea es que de ahí salgan las recomendaciones para que el Gobierno haga un proyecto de ley que tiene que presentar al Congreso dentro de los tres meses siguientes y que seguramente -como buena parte de lo pactado- se va tramitar por ‘fast track’.

Lo que cambiaría

Si esas garantías para la oposición aterrizan como se debe, la forma de hacer política cambiaría.

Como desde hace varios años los partidos políticos han ido perdiendo credibilidad y representación entre la gente, la calle, y no el Congreso, se ha vuelto el espacio para que los movimientos sociales reivindiquen sus intereses y negocien directamente con el Gobierno.

Lo que hace el Acuerdo es dotar a esos movimientos de institucionalidad y darles el reconocimiento de un poder que hasta hoy solo habían tenido de facto.

Redacción- La Patria (Colombia)

El Ejército de Liberación Nacional (Eln) ha desperdiciado varias ocasiones en las que el Estado los ha invitado a buscar una salida negociada del conflicto, incluso también durante los gobiernos del expresidente Álvaro Uribe Vélez, cuando hubo aproximaciones en Cuba pero no se lograron concretar. Durante la administración de Juan Manuel Santos también se ha avanzado en la búsqueda de acercamiento, e incluso a comienzos de este año hubo la oportunidad de lanzar oficialmente los diálogos públicos, luego de anunciar que ya está lista la agenda sobre la cual se va a conversar.

» Ahora bien, ya está claro que al no haber aprovechado el momento para comenzar los diálogos, y al estar ya las Farc en la senda de convertirse en movimiento o partido político, el tiempo se le agota al Eln para salir dignamente de un conflicto que ha dejado durante varias décadas una estela de violencia «

Es más, lo más conveniente para el país hubiera sido que aprovechando las conversaciones con las Farc y el resultado de las mismas, los elenos se hubiesen subido a ese bus, ya que así se le habría puesto punto final de manera simultánea a los dos conflictos armados con grupos insurgentes que hay en Colombia, y solo quedaría pendiente la lucha contra las bandas criminales, que en cierta medida son reducto de los antiguos paramilitares y que pretenderán ahora quedarse con todo el negocio ilícito del narcotráfico, además de persistir en la minería ilegal, el contrabando y otras actividades irregulares.

Ahora bien, ya está claro que al no haber aprovechado el momento para comenzar los diálogos, y al estar ya las Farc en la senda de convertirse en movimiento o partido político, el tiempo se le agota al Eln para salir dignamente de un conflicto que ha dejado durante varias décadas una estela de violencia que debe terminar cuanto antes. Si no se observa voluntad de paz, si no se ve que esta vez sus intenciones para dejar las armas van en serio, si no concretan en hechos lo que vienen expresando de palabra, no le quedará más camino al Estado colombiano que perseguir a esa organización con toda su fuerza.

Leer el artículo de Semana aquí

Leer el artículo completo de Alai aquí 

Leer el artículo completo de La Silla Vacía aquí

Leer el artículo completo de La Patria aquí