Desplazados del mundo

Latinoamérica y EL Mundo

Todos los 20 de junio Naciones Unidas llama a recordar a los refugiados, los millones que se han visto forzados a dejar su lugar en la tierra. Aunque este drama es de larga data, el mundo no debe perder la esperanza de seguir el camino de la auténtica integración. Y si hay algo para celebrar en esa fecha es la generosidad de algunos países de acogida que hacen esfuerzos considerables.

Terra

Víctor Corcoba Herrero – La República (Uruguay)

Cada día son más los obligados a desplazarse por el mundo. Unos lo hacen por subsistencia, otros porque las guerras no cesan y buscan refugio, algunos huyendo de los desastres naturales, mientras también los hay que caminan forzados por su afán aventurero.

El ser humano es un ser dotado para moverse de acá para allá. Cierto. Somos andariegos por naturaleza. Lo peor es cuando uno huye porque no le queda otra salida para poder seguir viviendo. Este es el problema, el de la desesperación que te fuerza a deambular sin rumbo fijo. Por desdicha, cada día son más los seres humanos que huyen hasta de sus propios hogares, porque dentro de su misma casa vive el autor de sus calvarios.

Precisamente, en este mes de junio (el día 20), Naciones Unidas nos llama a celebrar el día mundial de los Refugiados, en un momento en que millones de mortales alrededor del mundo están siendo forzados a desaparecer de sus moradas debido a la guerra o a violaciones contra derechos humanos.

En este sentido, tenemos que aplaudir la generosidad de algunos países de acogida, los cuales vienen haciendo importantes esfuerzos por adoptar espacios propicios para el desarrollo multicultural, adaptándose a otras costumbres, conviviendo y compartiendo espacios comunes, mediante el acceso a los servicios públicos. Generalmente llegan desnutridos, hambrientos de paz y tiritando de miedo, a la espera de un abrazo que les dé fuerza para olvidarse del desconcierto vivido. Son víctimas de tantas crueldades que una mirada de consuelo les alienta como el mejor manjar. Vienen de una larga e intensa lucha, con casi ninguna pertenencia, implorando comprensión y tolerancia.

 «Tenemos multitud de familias separadas por las guerras, desunidas por el caos y, lo que es aún peor, desorientadas, sin saber qué rumbo tomar. He aquí la raíz del mal»

Nos consta que en la actualidad hay multitud de personas abandonadas a su suerte, por lo que el compromiso ha de ser mayor. Se precisa gente con coraje, dispuesta a darlo todo por tantas gentes desatendidas. Tenemos multitud de familias separadas por las guerras, desunidas por el caos y, lo que es aún peor, desorientadas, sin saber qué rumbo tomar. He aquí la raíz del mal.

Realmente, cuesta entender que mucha gente tenga que irse porque pasa hambre. Muchas no pueden reponerse y mueren en el intento, en ruta, porque el cauce es largo para tanta debilidad. Tampoco suelen llegar medicamentos para socorrerles. Me imagino el dolor de los médicos que no pueden salvar vidas por falta de recursos. ¿Cómo puede pasar esto una y otra vez? Son historias que se repiten, son realidades que se van y vuelven, porque el ser humano por muchos avances que haya cosechado, ha dejado la más importante, la de vivir unidos, respetando las diferencias. La hospitalidad con el que nada tiene es otra de las asignaturas pendientes.

Indudablemente, faltan gestos de fraternidad y comprensión, mientras sobran discriminaciones y retrocesos. Por desgracia, en el mundo nos gobierna una cultura que verdaderamente es poco acogedora, donde proliferan los antagonismos en lugar de las concordias, y tremendamente interesada, lo que facilita que sea un fenómeno en continua expansión el tema de los desplazados forzosos. Sin duda, la tarea es cada vez más necesaria. Hay que dar respuestas concretas de cercanía y acompañamiento a seres humanos que viven situaciones monstruosas. Algo que nos debe interpelar continuamente.

Muchos grupos insurgentes o gobiernos represivos vienen cometiendo verdaderas atrocidades que han de cesar lo antes posible. Esto ocasiona persecución y violencia hasta el extremo de un aluvión de huidas forzadas. Algunos no tienen más remedio que utilizar a los traficantes para llegar de forma irregular y ponerse a salvo en países seguros. Aunque este drama viene de lejos, hasta el punto de haberse creado el Alto Comisionado de las Naciones para los Refugiados, no debemos perder la ilusión de seguir el camino de la auténtica integración, con una perspectiva mucho más abierta, en un marco de auténtico entendimiento y benevolencia. En suma, que amar no es únicamente suspirar por alguien, es sobre todo acariciar con la mirada y comprender respetando.

Leer artículo aquí