Unir fuerzas contra la desnutrición

Guatemala 

El problema de la desnutrición en el país es muy complejo, pero el primer paso para poder combatirlo es reconocer la situación que se está viviendo en comparación con otros lugares del mundo. El sector privado debe intervenir porque no es solamente responsabilidad del sector público. Uniendo esfuerzos, se puede evitar que Guatemala se hunda aún más en el subdesarrollo. 

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Tulio García – El Periódico (Guatemala)

Ante la realidad del país y sus indicadores de pobreza y desnutrición y a partir de que el Gobierno actual toma la decisión de combatirla implementando programas como “Hambre Cero” y “La Ventana de los Mil Días”, los guatemaltecos hemos empezado a reconocer que si no logramos ganar la batalla contra ese flagelo el país seguirá sumido y condenado al subdesarrollo, pues con la mitad de su población con crecimiento y desarrollo deficientes, con dificultades de aprendizaje y vulnerables a cualquier tipo de enfermedad, las esperanzas de que la mayoría alcance niveles de vida decorosas son casi nulas. 

Entender que estamos muy mal y que ocupamos a nivel mundial, una posición vergonzosa es un primer paso. Sin embargo, aunque es aplaudible que el Gobierno asuma el papel que le corresponde y se haya comprometido a trabajar anunciando que durante los cuatro años de su gestión la desnutrición crónica será reducida en un diez por ciento, se debe reconocer que no es una lucha solo del Sector Público. En función de esto el Sector Privado ha emprendido también acciones de apoyo conformando lo que ha denominado La Alianza por la Nutrición, que integra a un importante grupo de entidades privadas que trabajan en programas sociales a nivel comunitario y nacional y que siendo el brazo social del sector, después de dos años de trabajo, definen e implementan una propuesta que consiste en una serie de actividades impulsando tanto el tema de salud como el productivo buscando darle sostenibilidad al proceso. 

“Los guatemaltecos hemos empezado a reconocer que si no logramos ganar la batalla contra ese flagelo el país seguirá sumido y condenado al subdesarrollo”

En nuestro caso estamos trabajando en los municipios de Santiago y Sumpango, Sacatepéquez, cuyos índices de desnutrición crónica, de acuerdo con nuestro barrido nutricional reflejan un 70 por ciento y 80 por ciento respectivamente (parece increíble que a tan solo 30 kilómetros de la ciudad capital y contando con tantas ventajas respecto a municipios más lejanos esta sea la situación), actualmente la intervención cuenta con 388 niños menores de cinco años y 379 madres. Del total de los niños se detectó que 188 padecían de desnutrición aguda y 228 crónica. Después de cinco meses se ha logrado recuperar a 50 niños, se ha capacitado al total de las mujeres y de ellas 32 son ya Promotoras en Seguridad Alimentaria y Nutricional y su trabajo lo desarrollan tanto en el idioma Español como en el idioma Kaqchikel. 

¿Qué dificultades hemos encontrado? El bajísimo nivel educativo de las comunidades; resistencia al cambio de hábitos y hasta cierto punto culturales; el paternalismo al que las comunidades se han acostumbrado; familias muy numerosas (hasta con 12 hijos) y con ingresos insuficientes para atender la alimentación de tantos miembros; poco interés en su salud y por el lado del apoyo gubernamental, centros de convergencia cerrados; personal desmotivado por salarios atrasados; falta de medicamentos; falta de materiales para capacitaciones; falta de insumos para establecer huertos familiares y poca cobertura en ambos municipios. 

El problema es complejo y puede complicarse aún más por el efecto de la prolongada sequía, exige la mejor voluntad de todos para enfrentarlo y vencerlo. ¿Podremos conseguirlo?

 

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