Desacuerdos en el futuro de la Tierra

Latinoamérica y El Mundo
Redacción

Los discursos políticamente correctos de los mandatarios en la jornada inaugural de la COP21 no se plasmaron en el documento final. A pesar de que se fijó un mínimo de 2º para el aumento del calentamiento global, se cristalizó la escasa voluntad de los países desarrollados de pagar los costos financieros para alcanzar las metas. “Descarbonización” sigue siendo mala palabra.

Redacción – Miradas al Sur (Argentina)

La cumbre climática no alcanzó un sólido acuerdo. Si bien hubo voluntad de reducir el aumento de la temperatura global, los países ricos se mostraron reacios a asumir los costos legales y económicos necesarios.

La conferencia climática global de París cerró con dos pronósticos ambientales contrapuestos. A nivel narrativo, las buenas intenciones explicitadas por los jefes de Estado de las principales potencias, que tuvieron un gran despliegue informativo en el cuerpo de los medios hegemónicos globales, aventuran un futuro menos tóxico. Ahora bien, la letra chica del documento final de la denominada COP 21, donde se comprueba una escasa voluntad de los países petroleros y desarrollados de pagar los costos legales y financieros para reducir la contaminación ambiental, vaticina un corto plazo turbio y poco optimista. Miradas al Sur habló días atrás con Diego Di Risio, investigador de la organización ambiental Observatorio Petróleo Sur, quien participó en París en los eventos civiles alternativos a la cumbre. “La buena noticia es que después de París avanzan las posibilidades de que se reconozca un compromiso para que el calentamiento global no exceda los 1,5 grado antes de fin de siglo, lo que es una mejora respecto de los 2°C que se venían debatiendo”, comienza diciendo Di Risio, pero luego agrega que: “Sin embargo, a cambio de esto, los países de la OPEP exigieron que se quite cualquier referencia a la descarbonización, eliminando de la discusión la necesidad de dejar de utilizar combustibles fósiles para 2050 o 2100”. Recapitulando, el mínimo acuerdo climático alcanzado en París es lógico y previsible teniendo en cuenta la enorme disparidad de criterios ambientales e intereses económicos existentes entre los 195 países participantes: una comunidad demasiado elástica donde participan desde países-isla más chicos que un barrio latinoamericano y potencias industriales carbonizados hasta el tuétano. “¿Qué sentido tiene decir que no se van a exceder los 1,5° de calentamiento global si no se toman medidas concretas para que esto suceda? La situación es grave: incluso la ONU reconoce que si no se dejan 2/3 de las reservas de combustibles fósiles en el subsuelo, ni siquiera se logrará la meta de no sobrecalentar el planeta en dos grados”, se pregunta y contesta Di Risio con no mucho optimismo en el futuro cercano ambiental del Planeta Tierra. En principio, los discursos políticamente correctos ofrecidos por los mandatarios en la jornada inaugural no se plasmaron en el documento final porque existieron varios escollos y divergencias entre diferentes subgrupos de países. Por ejemplo, la impostada voz ecológica de las naciones desarrolladas colisionó con el reclamo ambiental concreto de los países periféricos; a su vez, potencias emergentes como China y la India advirtieron que no se consideran parte del selecto club de las potencias industriales y, por lo tanto, rechazaron asumir mayores compromisos económicos para solventar el promocionado Fondo Verde que pugna por cambiar la matriz energética mundial hacia fuentes limpias y renovables.

“El mínimo acuerdo climático alcanzado en París es lógico y previsible teniendo en cuenta la enorme disparidad de criterios ambientales e intereses económicos existentes entre los 195 países participantes: una comunidad demasiado elástica donde participan desde países-isla más chicos que un barrio latinoamericano y potencias industriales “

“Aunque es un país en desarrollo y lo seguirá siendo por un largo período, China se sigue comprometiendo de manera activa en la campaña global contra el cambio climático, y ahora se seguirá poniendo a la cabeza del mundo en términos de ahorro energético y de utilización de las energías nuevas y renovables. Beijing, por ejemplo, anunció meses atrás el establecimiento de un fondo independiente de cooperación Sur-Sur de 3.100 millones de dólares estadounidenses para ayudar a los países en desarrollo afectados por el calentamiento global”, aclaró, en ese sentido, la posición del gobierno chino un cable informativo de la agencia Xinhua despachado este fin de semana.

En paralelo a la mencionada “diferenciación” propulsada por algunos de los países del Brics (Brasil, Rusia, Indica, China y Sudáfrica) para pagar cuotas de responsabilidad ambientales diferentes a los países occidentales, el hecho clave que explica el frío consenso anudado en París es el nulo entendimiento alcanzado en el tópico energético, origen y causa principal de la emisión de gases contaminante que sobrecalientan el Planeta Tierra. “En la capital francesa cobró peso la idea de no incluir el término ‘descarbonización’, que supone dejar de consumir combustibles fósiles y del que no quieren ni oír hablar los principales países productores de gas, petróleo y carbón. En su lugar, se tiende a sustituirlo por el de ‘neutralidad climática’ o ‘reducción de emisiones netas’, que en realidad permitiría seguir quemando combustibles fósiles a cambio de compensar las emisiones producidas con métodos como la reforestación o a través de tecnologías de captura de CO2”, detalló en su cobertura como corresponsal de la COP 21 la colega Lucía Villa, del diario español Público.

La Cumbre de París prolonga, de esta manera, una cadena ininterrumpida de pomposas citas ambientales contaminadas con el disenso. Lo único concreto, hasta el momento, en la cuestión climática, es que otro mundo no sólo es posible, sino necesario.

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