Novela negra y depredación ambiental

Chile 

La nueva novela negra del escritor Ramón Díaz Eterovic remite a una situación presente en la sociedad chilena: la depredación ambiental. El autor utiliza la realidad como detonante para crear otra realidad. Para él, el género es sumamente útil para “sacar la basura que se esconce bajo las alfombras”. La historia gira alrededor de un detective que investiga el lucro de las mineras. 

Ramón Díaz Eterovic, escritor chileno. Foto: loseternautas.comMarco Fajardo- El Mostrador (Chile) 

Un nuevo libro de su ya clásico detective Heredia acaba de presentar el escritor Ramón Díaz Eterovic (Punta Arenas, 1956), la décimo quinta novela de la serie.

En esta ocasión, La música de la soledad se centra en la temática ambiental. Su protagonista deberá investigar la muerte de un abogado, que había sido contratado por una pequeña comunidad en el norte de Chile para que la defendiera frente a la contaminación de una empresa minera.

La investigación “lo llevará a conocer los problemas ambientales que afectan a ciertas zonas del país y que se originan en el afán de lucro desmedido que orienta a algunos sectores empresariales”, según la reseña de la obra.

Origen galo

Paradójicamente, el germen de este libro no está en Chile, sino en Francia, donde participó hace algunos años en un encuentro de cultura latinoamericana, según relata el autor a El Mostrador Cultura+Ciudad.

“Estando en esa actividad escuché la exposición de un par de dirigentes comunales de un pueblo del norte de Chile, quienes hablaron de los problemas económicos y medio ambientales que vivía ese pueblo a partir de la instalación de una empresa minera y el mal manejo de los desechos tóxicos. La exposición de estos dirigentes me pareció preocupante, sobre todo por su impacto en personas que además de estar afectadas, se sentían desprotegidas”, recuerda.

Díaz Eterovic vinculó el hecho con otras situaciones similares de contaminación que existían en el país, como instalaciones de termoeléctricas, salmoneras y otros “emprendimientos” que provocan efectos nocivos para el medio ambiente y en la salud de las personas.

“El asunto de la contaminación me quedó dando vueltas y en algún momento comencé a idear una trama policial”, explica. “El tema me parecía muy apropiado para abordarlo como parte de una novela policial, y acorde con la idea que anima las novelas de la saga del detective Heredia, en el sentido de abordar en cada una de ellas un tema que refleje las carencias y desigualdades que afectan a la sociedad chilena”.

El Chile actual

Para documentarse, el escritor leyó algunas publicaciones y conversó con algunos periodistas que conocían de cerca los problemas que se desarrollan en la novela. “A partir de eso comencé a elaborar una intriga que tomó algunos elementos de la investigación, pero que en lo central tuvo un desarrollo diferente, ligado a la ficción que deseaba crear”.

“Como en otras de mis novelas, la realidad me sirvió de detonante para crear otra realidad: la de la novela. Y por cierto, la novela no se queda sólo en eso. Hay otras historias que acompañan a la trama principal y que contribuyen a darle cuerpo y diversos sentidos”, señala.

La novela está poblada de los personajes que suelen acompañar al detective Heredia en sus aventuras, como la comisario Doris Fabra, el periodista Marcos Campbell, el quiosquero Anselmo y, por supuesto, su gato Simenon.

Asimismo, al igual que en sus libros anteriores, La música de la soledad está sin duda vinculado con el Chile actual.

“Pienso que al menos nos remite a dos situaciones presentes en la sociedad chilena: el imperio del poder económico sobre la vida de las personas, en términos de calidad de vida, de trabajo, salud, educación; y la poca preocupación existente respecto al mal uso o la contaminación de los recursos naturales; lo que importa es sólo la utilidad reflejada en los balances”, dice.

Sin maniqueísmos

El autor además es un convencido de que se puede escribir de estos temas sin caer en el maniqueísmo, “con la convicción de estar escribiendo desde la perspectiva de hechos reales”.

“Intento escribir desde el punto de vista de las víctimas que, en el caso de ‘La música de la soledad’, están representadas por los habitantes de un pueblo que desea mantener sus tradiciones y su modo de vida”, declara. “Me interesan las pequeñas historias cotidianas; la historia no oficial, la que no suele aparecer en las pantallas ni en los diarios”.

Díaz Eterovic cree que la novela policial es un género ideal para hablar de estos temas. “Como dijo alguna vez Raymond Chandler, la novela negra sirve para sacar la basura que se esconde bajo las alfombras. La novela criminal, en sus versiones policiacas o negra, constituye hoy en día una forma literaria privilegiada para hacer una novela que apunte a explorar problemas que son fundamentales en el adecuado desarrollo de cualquier sociedad”, señala.

Para el autor, la novela negra trabaja con la relación existente entre la criminalidad y el poder político y económico, se relaciona con la inseguridad en la que vive el hombre común y a su falta de confianza en los poderes que deberían investigar a los criminales o impartir justicia, y también ahonda en el incremento de la violencia que se experimenta en las grandes urbes, y en los desequilibrios que la misma sociedad provoca en las personas cuando promueve un exceso de individualismo, de competencia, de consumo y de violencia.

“Como suele decirse, la novela policial es la novela social de nuestro tiempo”, comenta. “Sólo a modo de ejemplo, si uno quiere saber de la sociedad griega actual, lee a Petros Márkaris y las historias del comisario Kostas Jaritos; y si quiere conocer de los cambios en la sociedad china, lee a Qiu Xiaolong y las investigaciones del inspector jefe Chen Cao”, asegura.

“Sus novelas, al igual como ocurre en las novelas de Heredia, asumen un hecho criminal –robo, asesinato, secuestro, estafa- como pretexto para reflexionar sobre los problemas existentes en las sociedades donde se desarrollan las intrigas. No se trata de proponer un enigma policiaco que sólo entretenga al lector, sino que un enigma que, además de atraerlo, lo haga reflexionar acerca del mundo que le toca vivir”.

 

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