Del Lava Jato al Ministerio de Justicia: Moro aceptó el pedido de Bolsonaro

El juez de Curitiba Sergio Moro, responsable de las investigaciones de la operación Lava Jato, aceptó este jueves ser el ministro de Justicia del Gobierno del presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro. Moro es el magistrado que ordenó la detención y proscripción del ex presidente Lula Da Silva meses antes de las elecciones, cuando el líder del PT lideraba todas las encuestas. Esa decisión hizo más fácil el camino del candidato del Partido Social Liberal al Palacio de Planalto, quien hoy confirmó la designación de Moro en su equipo de Gabinete.

“Acepté la honrosa invitación”, afirmó el magistrado a través de un comunicado, tras una reunión de dos horas con el ultraderechista en la residencia del presidente electo en Barra de Tijuca. El adversario político del Partido de los Trabajadores adelantó que el foco principal su gestión será “el combate del crimen organizado y el lavado de dinero”.

Moro, quien intentó erigirse como un “emblema anticorrupción” en los últimos años, señaló que con “cierto pesar” tendrá que abandonar “22 años de magistratura” para aceptar la propuesta que Bolsonaro le había hecho llegar incluso antes de resultar electo. “Sin embargo, la perspectiva de aplicar una fuerte agenda anticorrupción y anticrímen organizado, con respecto a la Constitución, la ley y los derechos, me llevaron a tomar esta decisión”, indicó el juez que le negó a Lula sin fundamentos todos los recursos que presentó tras su detención.

“En la práctica, significa consolidar los avances contra el crimen y la corrupción de los últimos años y apartar riesgos de retrocesos por un bien mayor. La Operación Lava-Jato seguirá en Curitiba con los valerosos jueces locales”, continuó el texto del magistrado.

Moro fue el cerebro del Lava Jato y desde ese lugar encarceló a empresarios y políticos, enfocándose especialmente en ex dirigentes del PT. Los arrestos muchas veces tomaron como pruebas válidas solamente las llamadas “delaciones premiadas” de los propios acusados, que al señalar a otros conseguían mejoras en su situación procesal.

El objetivo final fue el arresto de Lula, que finalmente Moro concretó al acusarlo por supuestamente haber recibido un departamento en el balneario de Guarujá de parte de la constructora OAS. Sin embargo, la condena llegó sin que existiera un solo registro de propiedad del inmueble a nombre del ex mandatario.

Lula, que gobernó Brasil entre 2003 y 2011, iba a ser candidato en las elecciones que se celebraron en octubre y aparecía como favorito en todas las encuestas. A principios de abril Moro ordenó su arresto, luego de que el Tribunal Regional Federal 4 ratificara la sentencia dispuesta por el juez e incluso la ampliara de 9 a 12 años de prisión.

El ex mandatario se entregó y desde entonces permanece encarcelado en Curitiba. Mantuvo su candidatura hasta último momento, cuando fue proscripto por la Justicia electoral y designó a quien era su compañero de fórmula, Fernando Haddad, como el postulante del Partido de los Trabajadores. Haddad llegó a la segunda vuelta con Bolsonaro, pero allí el militar retirado, confeso misógino, homofóbico y racista, se impuso con el 55 por ciento de los votos.

“Moro aceptó ser Ministro de Justicia de Bolsonaro. El juez “imparcial” desnuda su proyecto. No impartió justicia, actuó para condicionar un proceso electoral, para ello condenó a un inocente sin pruebas proscribiéndolo. La politización de la justicia en su máxima expresión”, denunció Nicolás Trotta por Twitter.