Defender la alegría

Argentina

Roberto Mero – Mientras llueven sospechas por irregularidades en el recuento de votos, la militancia prepara la despedida de Cristina en Plaza de Mayo. Pero el mejor homenaje para la Presidenta es pelear por saber si hubo fraude, organizar la Resistencia contra un poder quizá ilegítimo que amenaza, y oponerse a los planes de la antipatria, para preparar la Reconquista.

Bandera colgada en el balcón de una casa en Buenos Aires - Foto: ArchivoRoberto Mero* – Latinoamérica Piensa

¿Andarán en el psicólogo los numerosos funcionarios que manejan estas cosas de las leyes electorales? ¿Estarán en el chaise-longue mientras llueven sospechas del afano de votos, truchada de planillas, sobornos? Carlos Zannini hizo ya lo suyo, presentando una denuncia. Digo, ¿ninguno de los valientes muchachos del Patio de las Palmeras imaginó un instante que es necesario poner el pecho delante del Palacio de Justicia, exigiendo recuento ya? Recuento ya o Macri no asume. Recuento ya con veedores internacionales o se meten la victoria en el intestino grueso. Palpita mi corazón ante demostraciones varias, organizadas para Cristina, sentidas, explicables, justificadas. ¿Pero los 400.000 votos que aparecieron de la nada en menos de 24 horas y que son para Scioli? ¿Nada dicen de un tufillo rancio a manganeta, a estos grones se la van a comer, a les orinamos el asado peronista? Carlos Zannini presentó una denuncia por unos votos perdidos, desperdigados, de mesas fantasmas, de fiscales engualichados que no se dieron cuenta que los estaban cagando. ¿Se quedará solo Zannini? ¿No habrá escrache, exigencia de que intervengan la OEA, como bien hubiera hecho el macrismo en este caso? ¿Nos vamos a Villa Freud a lloriquear porque nos afanaron o queda bien en claro que la banda que quiere ponerse Macri es ilegítima, hecha con gol viciado, pagado, coimeado? En Tucumán por menos que esto quemaron urnas y se desgarraron las vestiduras esos truchos que nos están pirando las boletas. ¿Organizo el llantito en Plaza de Mayo o la exigencia inmediata de claridad hasta que aclare? ¿Y la tengamos en claro, si perdimos porque perdimos o porque faltó valor para el reclamo?

9 de diciembre: ¿lágrimas o recuento?

Puede entenderse, compartirse y llorarse que una personalidad querida nos deje. Ampliamente justificada, la organización de la despedida a Cristina de su puesto, me deja el sabor de una duda picando en el área. Tanto amor no tapa el olvido de un fraude que quizá se devele cuando ya sea tarde para lágrimas. Tanta foto de la Bella, ¿de qué sirve si fuimos incapaces de arrancarle la careta a la Bestia? Entiendo que CFK llame a guardar la compostura de nuestras fuerzas, como siempre lo hizo. Salvo que cuando ella salga de Balcarce 50 con la cabeza en alto, habrá dejado atrás de ella, con una banda, a un tigre sediento de sangre. Ya lo avisó. Y ya avisó también que si le tocaban un voto anunciaría fraude. ¿Y nosotros? ¿Los votos que aparecieron por milagro son los únicos? ¿Dónde está el resto? ¿Dónde está el recuento en Córdoba, en Mendoza, en Santa Fe? Bill Clinton también se calló cuando con evidente malicia Al Gore tuvo que tragarse perder las elecciones ante George Bush, aunque había ganado. Pero eso fue después de que Bush hubiese jurado. Y ya era tarde para lloriquear. Eso costo un gobierno siniestro y la guerra de Afganistán y de Irak. Los buenos modales y paseítos a la Plaza de Mayo quizá fuesen excelentes en otra época. Pero, ahora, ¿vamos a dejar que siga el baile bajo la carcajada del afano enmascarado?

La reverenda estupidez de la tristeza

Palpitan muchos corazones para darle la despedida a la Presidenta. Llantos, fotos, selfies, besitos bordados, dedos en V, la justificada admiración no puede sin embargo ocultar que esto no se trata de un arbolito de Navidad. No se trata de una despedida de soltera. No se trata de decirle adiós a la maestra de la Salita Rosada de nuestro Jardín de Infantes. El agradecimiento a San Cayetano es para una estatua y la esperanza de que nos toque el dedo de Dios. La mejor despedida es aquella que no se hace, ya que el despedido volverá lo más rápido posible (si puede, si quiere, si lo dejan) a nuestro lado. Varios son los deberes de los militantes en esta hora aciaga: pelear por saber si hubo fraude, organizar la Resistencia contra un poder quizá ilegítimo que nos amenaza, preparar desde ahora la Reconquista, presionar a los legisladores, senadores, gobernadores a oponerse a los planes de la antipatria. La reverenda estupidez de la tristeza puede saciar de lagrimitas nuestras penas, pero poco defiende a la Patria. ¡Que alegría me daría, pero en serio, si en vez de un destino de chocotorta en la Patagonia, Cristina me dijera que sale por la puerta grande de la Rosada para encabezar la más dura oposición desde el 11 de noviembre mismo! ¡Que alegría, en cambio de la pena del adiós, me embargaría si por ejemplo dejase entrever que nunca puede asumir un Presidente que ganó por fraude! ¡Ay, esa esperanza de su sonrisa, que delicia brindaría si se pusiese al frente de unas tropas que se armaron como pudieron en la soledad de la batalla del 22 de noviembre! Ni aún enferma Eva Perón bajo los brazos. Ni aún devorada por la leucemia dejó de dirigir la carga contra el antipueblo. ¿Saben por qué? Porque la reverenda estupidez de la tristeza ciega los ojos ante la dimensión del crimen que se prepara.

*Periodista y escritor argentino en París, Francia.