El debate de la religión y Petrobras

Brasil 

El tercer debate por la presidencia se centró en la religión y en el manejo de Petrobras. Marina Silva propuso revisar la gestión estatal de la empresa de hidrocarburos, lo que supondría su intención de una gradual privatización. Por otro lado, también discutieron temas relacionados a la Iglesia y dieron su opinión en temas controversiales, como el aborto y la homosexualidad. 

Redacción- 247 (Brasil) 

Fue un debate sereno y ordenado hasta el final, cuando se encendió por un choque indirecto entre las candidatas favoritas a definir las elecciones presidenciales de Brasil en una segunda vuelta: Dilma Rousseff y Marina Silva.

En sus palabras finales, la ex ministra ambientalista y postulante por el Partido Socialista Brasileño (PSB) dijo que la elección de octubre no será ganada por las estructuras políticas, y enseguida, la mandataria Dilma Rousseff retrucó: «quien va a ganar estas elecciones e quien cambió a Brasil, quien combatió el hambre y la miseria, quien redujo la miseria y quien combatió la crisis, no dejando que hubiera desempleo e inflación».

Dilma destacó que Brasil salió del mapa del hambre mundial y aseguró que el fin de la miseria es apenas un comienzo, ya que seguirá trabajando para hacer de su país una nación moderna y de clase media.

«Fue un debate sereno y ordenado hasta el final, cuando se encendió por un choque indirecto entre las candidatas favoritas a definir las elecciones presidenciales de Brasil en una segunda vuelta»

«He dicho que quien va a ganar estas elecciones no serán los partidos de la estructura de la polarización PT-PSDB (Partido de los Trabajadores-Partido de la Social Democracia Brasileño). Quien va a ganar está elección va a ser la nueva política», dijo Marina Silva, quien prometió establecer en Brasil una nueva forma de gobernabilidad que no se base en el intercambio de cargos.

El senador Aécio Neves, candidato presidencial del PSDB, también apuntó contra Marina. «Tenemos una nueva candidata, llena de buenas intenciones, pero que era del PT y votó contra la ley de responsabilidad fiscal. Estoy presentando un proyecto ampliamente discutido y profundizado en todas las regiones del país», concluyó Aécio, quien sufrió durante el debate una brutal acusación de corrupción de la postulante izquierdista Luciana Genro, a la que luego calificó como «la vía auxiliar del PT».

En el debate, organizado por la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil (CNBB), la jerarquía católica del país, los candidatos respondieron a preguntas de obispos y periodistas de medios católicos sobre cuestiones como reforma agraria, situación económica, aborto, casamiento homosexual, impuestos y asuntos indígenas.

Darío Pignotti- Página 12 (Argentina) 

Coincidencias (¿electorales?) entre Dilma y Bergoglio. “Mi gobierno tiene una concepción de la familia basada en la realidad, nosotros no hacemos una definición de lo que debe ser la familia, no queremos interferir en un asunto de la sociedad, en Brasil hay varios tipos de familia”, opinó la presidenta y candidata a la reelección el martes, dos días después de que el papa Francisco casara a una pareja formada por una madre soltera y un hombre cuyo primer matrimonio fue disuelto por la iglesia.

La jefa de Estado brasileña, divorciada, citó palabras de Francisco al desarrollar su idea sobre la familia en el siglo XXI, hablando ante periodistas poco antes de participar en un programa televisivo frente a su adversaria Marina Silva, organizado por la Conferencia Nacional de Obispos del país católico más poblado del mundo, con 202 millones de habitantes.

Raymundo Damasceno Assis, titular de la Conferencia de Obispos y anfitrión del debate que se realiza cada cuatro años, entregó a los candidatos un proyecto de reforma política en la que se incluye el fin del financiamiento privado de campañas, propuesta defendida por el Partido de los Trabajadores (PT) y resistida por los empresarios en coludio con los grandes los medios de comunicación.

De ese modo, el cardenal Damasceno Assis escogió orientar el debate en una perspectiva algo más política que moral o religioso (asuntos que también se discutieron), a diferencia de lo sucedido en 2010, bajo el reinado del papa Benedicto XVI, cuando el programa debatió con insistencia el aborto y el matrimonio homosexual.

«En la campaña anterior, el papa bávaro orientó a los obispos contra Dilma, por haber cometido el sacrilegio de apoyar la interrupción legal del embarazo, en lo que fue una interferencia política que congeló las relaciones entre Brasilia y el Vaticano hasta su recomposición en marzo de 2013»

En la campaña anterior, el papa bávaro orientó a los obispos contra Dilma, por haber cometido el sacrilegio de apoyar la interrupción legal del embarazo, en lo que fue una interferencia política que congeló las relaciones entre Brasilia y el Vaticano hasta su recomposición en marzo de 2013, cuando Jorge Mario Bergoglio pasó a ser el papa Francisco.

En julio del año pasado, Bergoglio, con el aval político de Dilma y el gobierno del PT, fue recibido en Río de Janeiro por millones de jóvenes, a quienes instó a tomar las calles y las favelas –porque tiene conciencia del terreno perdido ante las iglesias neopentecostales que conquistaron casi el 25 por ciento de los brasileños– y se preocupó poco en hablar del aborto.

Mas, al dejar Brasil, declaró durante el vuelo hacia Roma que él no podía juzgar a los homosexuales, declaración que mereció elogios por sectores del movimiento GLBT brasileño. Según trascendidos publicados en diarios locales, el Vaticano no repetirá el error del papa emérito Ratzinger y adoptará una posición discreta, con algunos gestos que podrían indicar guiños hacia Dilma, una católica poco practicante, que construyó una relación fluida con el ex arzobispo de Buenos Aires.

Dilma y la evangélica Marina Silva, del Partido Socialista Brasileño, fueron las protagonistas del encuentro televisivo completado por otros seis candidatos que tomarán parte en la disputa presidencial del 5 de octubre. Mientras Dilma y Marina se maquillaban en los camarines antes de ingresar al estudio de la tevé católica, el martes por la noche, la cadena opositora Globo divulgaba una encuesta de Ibope donde la petista sigue adelante con el 36 por ciento de las intenciones de voto, seguida por la ambientalista, con el 31 por ciento.

«Si se toma solamente el electorado católico, Dilma está adelante, con el 41 por ciento, frente al 36 por ciento de Marina, y si se miden sólo los evangélicos, Marina gana con holgura, 41 a 27»

No fue una buena noticia para la mandataria, quien perdió tres puntos ante el sondeo anterior, mientras Marina retrocedió sólo uno. Si se toma solamente el electorado católico, Dilma está adelante, con el 41 por ciento, frente al 36 por ciento de Marina, y si se miden sólo los evangélicos, Marina gana con holgura, 41 a 27.

En la proyección sobre el probable ballottage del 26 de octubre, Marina sigue adelante, con el 43 por ciento de todo el electorado, igual número que hace una semana, mientras Dilma suma el 40, habiendo retrocedido 2 puntos.

La hipotética victoria de Marina en el cómputo general del segundo turno fue motivo de optimismo en la Bolsa de Valores de San Pablo –donde echan pestes contra el PT–, cuya ronda de negocios subió más del 2 por ciento, mientras las acciones de Petrobras avanzaron cerca del 5 por ciento. Elude, Marina, mencionar que entre los sospechados de corrupción está Eduardo Campos, el fallecido candidato presidencial por el Partido Socialista.

Nada nuevo: cuando un sondeo indica que Marina le ganará al PT el 26 de octubr
e, esto motiva números positivos en el mercado, donde saben que la ecologista restaurará la posología liberal aplicada en la década del ’90 por su aliado, el ex mandatario Fernando Henrique Cardoso.

Marina posiblemente repetirá a Cardoso con la política de privatización gradual de Petrobras, tal vez revisando las leyes sancionadas durante los gobiernos petistas, una posibilidad que anima de igual modo a los tenedores privados de títulos de la petrolera como a las petroleras extranjeras, particularmente las norteamericanas, las más perjudicadas por las reformas ocurridas durante los gobiernos de Dilma y Luiz Inácio Lula da Silva.

«Marina posiblemente repetirá a Cardoso con la política de privatización gradual de Petrobras, tal vez revisando las leyes sancionadas durante los gobiernos petistas, una posibilidad que anima de igual modo a los tenedores privados de títulos de la petrolera como a las petroleras extranjeras»

Petrobras fue motivo de un acalorado cruce de opiniones en el programa televisado por la red católica de medios, donde estuvo el pastor Everaldo, un evangélico rubicundo, con el uno por ciento de apoyo, impulsor de un programa de gobierno de tres puntos: privatización total de Petrobras, prohibición del aborto y reducción de la minoría de edad penal.

Marina Silva es tan enemiga del aborto y poco simpática a la familia de personas del mismo sexo como su compañero de fe, el candidato Everaldo.

Ella es más ponderada que el predicador pentecostal cuando propone revisar la gestión de Petrobras (la candidata fue repudiada esta semana por el sindicato de los petroleros) y opta por un discurso tecnocrático, prometiendo convocar a “los mejores técnicos” en lugar de políticos “petistas” que hicieron de la empresa un supuesto “antro” de negocios turbios.

En ese sentido, la dirigente opositora Marina menciona insistentemente los casos de corrupción denunciados en Petrobras, el más sonado involucrando a un ex director, actualmente preso, que ayer fue indagado por los miembros de una comisión investigadora del Congreso.

 

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