Desde Guantánamo a Uruguay

Uruguay 

El recibimiento del presidente José Mujica de los reclusos de la cárcel de Guantánamo dio la vuelta al mundo. Esta actitud contribuye a que otros países tomen una decisión similar que podría aliviar la situación imperante en oriente Medio. Incluso, facilitaría el cierre del centro de torturas de la base militar norteamericana, ahora que un informe señaló el horror de la CIA. 

Niko Schvarz- La República (Uruguay) 

Cuando el gobierno uruguayo adoptó la decisión de acoger en nuestro país a un conjunto de familias sirias (que junto a sus niños están disfrutando desde hace semanas cálidas muestras de fraternidad) y de asilar a seis ex presos retenidos por más de doce años en la cárcel de la base de Guantánamo, no hizo otra cosa que corresponder al profundo sentimiento humanista y solidario que anida en la conciencia de la inmensa mayoría de los uruguayos.

Esta conducta le ha granjeado el reconocimiento de la comunidad internacional, que ha recogido el presidente José Mujica en su gira reciente por varios países de América Latina. A la vez, le otorga credenciales a Uruguay para plantear que otros países asuman idéntica actitud, lo que contribuiría a aliviar la dramática situación imperante en el Oriente Medio y a facilitar el cierre del centro de torturas de la base militar norteamericana de Guantánamo, que Fidel Castro definió como “una daga clavada en territorio de Cuba”.

Ha recorrido el mundo la carta abierta enviada por Mujica al presidente Barack Obama el 5 de diciembre, un documento que quedará en la historia. Dice así: “La solidaridad es la ternura de los pueblos, proclamó Pablo Neruda en medio de la inmensa y urgentísima tarea de evacuar, socorrer y asilar a decenas de miles de republicanos españoles de los que tantos lograron llegar también al Río de la Plata luego de la tragedia de 1939 (…) El Uruguay pacífico y pacificador es una gran herencia y a la vez una estrategia vital.

Este país formó parte de la vanguardia mundial en la creación de instrumentos internacionales para la paz. Recogiendo de nuestro mejor pasado esa vocación, hemos ofrecido nuestra hospitalidad para seres humanos que sufrían un atroz secuestro en Guantánamo. La razón ineludible, es humanitaria”. Recuerda luego la obra constructiva realizada en nuestro país por contingentes humanos llegados desde múltiples latitudes; y que a la vez nuestros compatriotas recibieron la cálida y oportuna mano tendida y el asilo de numerosos países, en época de la dictadura. Este concepto fue reiterado por Mujica en su reciente visita a México para participar en la Cumbre Iberoamericana efectuada en Veracruz.

En la carta abierta el presidente aboga además por el levantamiento del bloqueo de EEUU a Cuba, por la libertad de los luchadores antiterroristas cubanos que aún siguen presos en EEUU (Antonio Guerrero, Ramón Labañino y Gerardo Hernández), y la del luchador independentista portorriqueño Oscar López Rivera.

” Esta conducta le ha granjeado el reconocimiento de la comunidad internacional, que ha recogido el presidente José Mujica en su gira reciente por varios países de América Latina. A la vez, le otorga credenciales a Uruguay para plantear que otros países asuman idéntica actitud “

Esta actitud concita el apoyo ampliamente mayoritario de los uruguayos. Una encuesta de LA REPÚBLICA indica que 4 de cada 5 están de acuerdo con el arribo de liberados de Guantánamo. El PIT-CNT opinó que responde a la mejor tradición del país, lo mismo que la llegada de las familias sirias. La central obrera, en conjunto con Acnur, ha conseguido una residencia donde pasarán a albergarse los seis refugiados (una vez que finalicen sus chequeos médicos en el Hospital Militar) y donde recibirán a sus familias.

Idéntica posición adoptó Crysol, que agrupa a los ex presos políticos uruguayos, y el Instituto Nacional de Derechos Humanos, a través de la jueza Mirtha Guianze, quien señaló su “beneplácito por razones humanitarias” e informó que se encomendó a Juan Raúl Ferreira realizar un seguimiento “natural” de los liberados. A la vez, la filial uruguaya de Amnistía Internacional reclamó que el gobierno de EEUU efectúe una reparación integral de los 6 ex presos de Guantánamo (que son un palestino, un tunecino y 4 sirios), del mismo modo que se hizo con Macarena Gelman.

La directiva ejecutiva de Amnistía Internacional en Uruguay, Mariana Labastié, declaró además que EEUU deberá reconocer las prácticas de torturas y martirios efectuadas en Guantánamo. Este reclamo se formuló el mismo día (martes 9) que el Comité de Inteligencia del Senado de EEUU difundió un informe que documenta las prácticas de torturas aberrantes perpetradas desde fines de 2001 en la base de Guantánamo. Esto comenzó bajo el gobierno de Bush padre después del 11 de setiembre 2001.

El “demoledor informe de 525 páginas”, como se ha definido, que resume una versión de más de 6.000 páginas mantenido en secreto, señala que las torturas fueron “brutales y mucho peores” de lo admitido, acusando a la CIA de mentir y de ejecutar estos métodos brutales. Agrega que la CIA no condujo un conteo preciso del número de personas que detuvo ni de los detenidos que no reunían el mínimo de condiciones para serlo. Tal parece ser la situación de los que llegaron a nuestro país. De más está decir que los republicanos criticaron airadamente la publicación de este informe revelador.

Leer la carta de Mujica a Obama aquí   

 

Editorial- La Jornada (México) 

Seis prisioneros de la base de Estados Unidos en Guantánamo, Cuba, considerados por aquel país reos de baja peligrosidad, llegaron la madrugada de ayer a Uruguay como parte de un acuerdo entre Washington y Montevideo. Se trata del mayor traslado de presos de esa cárcel ubicada en la isla desde 2009 y el primero realizado hacia América del Sur. A nivel latinoamericano, el hecho tiene sólo un precedente público, el envío a El Salvador, en 2012, de dos cautivos musulmanes chinos, quienes posteriormente abandonaron el país centroamericano.

El traslado de presos de Guantánamo a terceros países se origina en una circunstancia sumamente ilegal y reprobable: la persistencia del campo de concentración que Estados Unidos mantiene en la bahía cubana, el cual constituye una negación rotunda de la legalidad. Ocupado por Washington desde hace más de un siglo como parte de un acuerdo colonialista y anacrónico, el enclave ha adquirido en la década pasada proyección y fama internacional como uno de los ejemplos de la red criminal armada en muchos países por la Casa Blanca para secuestrar, desaparecer, torturar y asesinar a presuntos integrantes de Al Qaeda y de otras organizaciones del entorno del integrismo islámico, así como a personas del mundo árabe y musulmán que pudieran representar, según Washington, una amenaza de cualquier índole.

Los cautivos en ese sitio han debido enfrentar un trato extremadamente cruel y padecido la negación de prácticamente todos sus derechos humanos e incluso la reducción a la inexistencia jurídica, toda vez que no han sido considerados presuntos delincuentes a los que debiera presentarse ante una autoridad judicial, pero tampoco se les ha reconocido como integrantes de una fuerza militar enemiga, lo que les habría garantizado el estatuto y los derechos reservados a los prisioneros de guerra.

La persistencia de ese centro es un símbolo del fracaso de la administración de Barack Obama, quien en sus tiempos de candidato presidencial aprovechó el repudio internacional contra ese centro durante la era Bush y prometió cerrarlo. Sin embargo, una vez en la Casa Blanca, se rindió ante las
presiones y el poder fáctico del complejo industrial-militar de su nación, y el cierre de la prisión en el país caribeño ha sido postergado de manera indefinida.

” Es significativo que Obama haya recurrido a varios gobiernos de Latinoamérica para solicitar que recibieran a presos de Guantánamo, como manera de distender las presiones internas y externas a su administración por la persistencia ominosa de esa cárcel, y que haya recibido respuesta favorable de dos de ellos ” 

En ese contexto, es significativo que Obama haya recurrido a varios gobiernos de Latinoamérica para solicitar que recibieran a presos de Guantánamo, como manera de distender las presiones internas y externas a su administración por la persistencia ominosa de esa cárcel, y que haya recibido respuesta favorable de dos de ellos, que son, además, las más pequeñas naciones de Centro y Sudamérica, respectivamente. De forma adicional, en el caso de Uruguay es de destacarse el planteamiento realizado por José Mujica a Obama. Como gesto de reciprocidad, Montevideo ha pedido a Washington que libere a tres ciudadanos cubanos, detenidos y presos en Estados Unidos acusados de supuestos actos de espionaje, petición que no demerita, sino multiplica, el carácter humanitario de la acogida de reos de Guantánamo por el gobierno y el pueblo uruguayos.

La circunstancia constituye una lección de geopolítica y es representativa de los cambios que hoy ocurren en el hemisferio en ese ámbito. Si en otro tiempo el gobierno estadunidense habría podido imponer condiciones a gobiernos de la región, ahora se ve en la necesidad de negociar con ellos en calidad de iguales. Esto ha sido posible no tanto por un cambio de matiz en la arrogancia imperial de Washington cuanto por la evolución política e institucional de los estados latinoamericanos, cuyos gobiernos han tomado distancia en su mayoría de los preceptos de la superpotencia.

En esto, como en muchas otras cosas, México –que en otro tiempo se caracterizó por ser un referente mundial de la cultura de asistencia a refugiados políticos– haría bien en aprender de las experiencias que se suscitan al sur del territorio nacional.

 

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