El cumpleaños del último de los Parra

Chile 
Especial

Nicanor suma 102 años y una inmensa cantidad de obras imprescindibles. El emblema de la antipoesía sostiene que la clave está en “aprender a vivir en la contradicción, sin conflicto”. Un recorrido por la vida cotidiana de quien mejor usa el lenguaje directo, antirretórico y coloquial. Su familia es también un sinónimo de cultura nacional. La pérdida reciente de «Tony Canarito». 

Redacción- Cooperativa (Chile) 

El 5 de septiembre de 1914 nacía en San Fabián de Alico el primer hijo de Nicanor Parra Parra y Clarisa del Carmen Sandoval, profesor de música y campesina, respectivamente.

Ellos serían los iniciadores del «Clan Parra», indudablemente, la familia chilena más importante del último siglo en cuanto a creación y talento se refiere, por calidad y por cantidad.

Nicanor fue el primero, pero luego nacieron Hilda, Violeta, el «Tío» Roberto, «Lalo» y Oscar, fallecido esta última semana, por nombrar sólo a los más reconocidos y miembros de la «primera generación». Pero el primero de todos fue Nicanor, uno de los artistas chilenos más influyentes del siglo XX.

De formación matemático y físico en su alma Mater, la Universidad de Chile, Nicanor es conocido mundialmente por «Poemas y Antipoemas» (1954), pero también es posible destacar obras de su catálogo como «Cancionero sin nombre», su primer poemario (1937), «La cueca larga» (1958), «Manifiesto» (1963), «Obra Gruesa» (1969 y su primera antología) «Artefactos» (1972) o «Ecopoemas» (1982), entre otros.

Parra es conocido mundialmente por la creación de la antipoesía, género revolucionario que se contrapone a la poesía tradicional chilena y se caracteriza por el uso de un lenguaje directo, antirretórico y coloquial. Además, se encuentra provisto de frases hechas, dichos populares y lugares comunes.

Javier García- La Tercera (Chile) 

El día está despejado. El sol brilla en el Litoral Central; el viento es frío, pero Nicanor Parra insiste en estar en la terraza. «Las vitaminas también vienen del sol», le dice a su enfermera, Milena, luego de tomar sagradamente, como cada mañana y desde hace varias décadas, 4 gramos de ácido ascórbico (Vitamina C). 

Instalado desde hace más de dos décadas en el balneario de Las Cruces, afuera de su casa está estacionado su auto Volkswagen escarabajo. Cubierto de polvo por el camino de tierra, los admiradores le han dejado mensajes escritos en sus vidrios. «No te mueras NicaCagando», se lee en el parabrisas trasero a dos días de que el antipoeta cumpla 102 años.  

Nacido el 5 de septiembre de 1914, el autor de Poemas y antipoemas despertó el jueves pasado siendo el último de los hermanos Parra, luego de la muerte, la noche anterior, de su hermano menor, Oscar, a los 86 años. El antipoeta, el mayor de los nueve hermanos, de Violeta, Lalo, Roberto, Hilda, Elba, Caupolicán y Lautaro, está enfrentado cara a cara a la vejez con lucidez, humor, luchando contra la sordera, pero con la mente aún inquieta.

“Aprender a vivir en la contradicción, sin conflicto”, es la tarea para la casa que ha dejado Parra a quienes preguntan por él en el Juan Carlitos, el almacén ubicado en calle Lincoln con Washington, a dos cuadras de su hogar. De ese local sale todos los días el diario que lee el hombre que revolucionó la poesía del siglo XX, con su mezcla de habla cotidiana, ironía y absurdo, y que le valió reconocimientos como el Premio Cervantes 2011. 

» De formación matemático y físico en su alma Mater, la Universidad de Chile, Nicanor es conocido mundialmente por ‘Poemas y Antipoemas’ (1954), pero también es posible destacar obras de su catálogo como ‘Cancionero sin nombre’, su primer poemario (1937), ‘La cueca larga’ (1958), ‘Manifiesto’ (1963), ‘Obra Gruesa’ (1969 y su primera antología) «

“Todos somos Nicanor”, bromea  con sus cercanos Parra, admirado por autores de la talla de Allen Ginsberg, Roberto Bolaño, Ricardo Piglia hasta el crítico Harold Bloom. Lo hace parafraseando  citas que se han vuelto emblemáticas, como “Je suis Charlie” o “Je suis Paris”, luego de la seguidilla de atentados en Francia, que han ocurrido desde hace más de un año. 

“No hay que viajar a Francia, no más Europa. En todas las esquinas se ve gente mendigando”, señala  a sus amigos. Hace un par de semanas decidió volver a su casa de calle Julia Bernstein en La Reina. Cerca de 14 días estuvo allí junto a su familia, a pesar del asma y los años. Allí compartió con sus hijos Colombina, Juan de Dios, Ricardo Chamaco y sus nietos, entre ellos Tololo Ugarte. Chamaco lleva poco más de un año haciendo “el inventario de las cosas”, como dijo el autor de Lear Rey & Mendigo.

“Vino por motivos administrativos”, dice su amigo Patricio Fernández, director del periódico The Clinic, quien visita a Parra en Las Cruces. La última vez comieron empanadas. En el living donde Parra ha recibido desde presidentes como Ricardo Lagos, Sebastián Piñera y Michelle Bachelet, hasta el empresario Leonardo Farkas y el cineasta Alejandro Jodorowsky.

Hace rato que Parra escribió un poema titulado Sólo para mayores de cien años. “Pero yo no me doy por aludido/ Porque tarde o temprano/ Tiene que aparecer/ Un sacerdote que lo explique todo”. 

Y así fue. No se dio por aludido y dejó los achaques a un lado. 

El primer fin de semana de mayo pasado se casó su hija menor, Colombina con el ingeniero José Ureta. La ceremonia religiosa fue en una iglesia de La Reina. La fiesta,  en la casa donde Parra escribió el poema El hombre imaginario, ubicada en Huechuraba, lejos del ruido urbano. Nadie sabía que asistiría. El antipoeta, quien estaba en Las Cruces, llamó a su amiga Carmen Fariña, y juntos llegaron por sorpresa, abriéndose paso entre unos 200 invitados. No hizo ninguna intervención, pero compartió, disfrutó de la fiesta, y luego de unas horas desapareció. Había regresado a la playa.

Defensa personal

A Oscar, el hermano menor de los Parra, le decían Nene. Al mayor, Nicanor, le decían Tito. En el último tiempo se veían dos a tres veces al año. Oscar, el Tony Canarito, protagonista del documental El Parra menos Parra, de Jorge Catoni, un día llegó a Las Cruces a visitar al hermano que a fines de la década del 40 se embarcó rumbo a Inglaterra, becado por el Consejo Británico, para estudiar en Oxford un doctorado en cosmología, pero que terminó creando la antipoesía y recitando de memoria los monólogos de Shakespeare.  

El día que el Nene cruzó el arco de piedra de la entrada de la casa de Parra, resultó ser el día que Nicanor se había levantado decidido a hablar solo en inglés. Por suerte, el hermano menor andaba con una amiga que hablaba el idioma. Quienes estuvieron presentes, dicen que el Nene entendió el mensaje del hermano poeta, que ahora con traducción de por medio, habían vuelto a hablar de su hermana Violeta, de Roberto, de Lalo, de los días lejanos en Chillán.

Los vecinos de Las Cruces saben la fecha del cumpleaños de Nicanor Segundo Parra Sandoval. En el restorán Puesta de Sol, que se encuentra junto a la playa Las Cadenas, aseguran que este lunes el creador de los Artefactos cumplirá 110 y no 102. “Claro, ve que antes lo inscribían grandecitos en el campo”, dice el hijo del dueño, quien está retratado en una fotografía junto al poeta tomando cerveza. “Hace como dos años no se ve por acá”, agregan en el local donde asistía con regularidad. 

» A los 100 años Parra dejó de manejar su auto escarabajo. Ahora, cada vez que sale de su hogar lo hace habitualmente con amigos o familiares. Su nieto Tololo lo lleva a comer empanadas a un negocio que hay en la playa de Algarrobo. A veces los paseos llegan hasta la comuna de Casa Blanca «

A los 100 años Parra dejó de manejar su auto escarabajo. Ahora, cada vez que sale de su hogar lo hace habitualmente con amigos o familiares. Su nieto Tololo lo lleva a comer empanadas a un negocio que hay en la playa de Algarrobo. A veces los paseos llegan hasta la comuna de Casa Blanca.

Ocurrió la segunda semana de julio. Luis Merino, encargado de la biblioteca de Las Cruces, y el escritor Eduardo Labarca, golpearon la puerta de Parra para informarle que había fallecido el narrador y vecino del balneario, Gustavo Frías. “No se supo defender”, fue la frase que recibieron. 

“Fumaba mucho, y no se cuidaba. Contrario a don Nicanor”, dice Merino mientras un grupo de escolares ocupa los computadores de la biblioteca ubicada en calle Ignacio Carrera Pinto. Merino realiza un taller de poesía en el lugar, donde también aborda la antipoesía. Hace un tiempo se inscribió para participar el doctor haitiano Jean Jacques Pierre-Paul. Muy querido en el pueblo, es el médico de cabecera de varias familias. El doctor ya que es conocido como antipoeta.  

“Todos somos Nicanor” es la frase con la que se imprimieron 102 poemas diferentes del vecino Parra, y que la Agrupación Cultural repartirá mañana domingo en la playa para celebrar su cumpleaños. Padre nuestro es uno de ellos. “Padre nuestro que estás donde estás/ Rodeado de ángeles desleales/ Sinceramente: no sufras más por nosotros/ Tienes que darte cuenta/ De que los dioses no son infalibles/ Y que nosotros perdonamos todo”.

Ya el lunes será otro día. La Agrupación Cultural hará un pie de cueca frente a su casa para celebrar el cumpleaños. Quizá -como enseña el antipoeta- lo importante sería aprender a vivir en la contradicción, sin conflicto.

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