La resistencia a los golpes blandos

Latinoamérica
Gustavo Yocca

Los métodos empleados para triunfar en estas nuevas guerras utilizan a los habitantes de una nación contra otros y su picardía consiste en generar diferencias irreconciliables entre ellos que permitan introducir el germen de la discordia. Pero no están alcanzando sus objetivos gracias a las innegables conquistas de los últimos gobiernos progresistas. Las protestas en Brasil y Argentina lo ejemplifican.

 Gustavo Yocca- La República (Uruguay)

Los acontecimientos a nivel mundial que nos aproximan cada vez más al inicio de una tercera guerra mundial con acontecimientos como los que se suceden entre Corea del Norte y Estados Unidos, o entre ésta última y Siria, nos distraen sobre otras prácticas más sutiles que se realizan actualmente para conquistar nuevos países. Si bien es cierto una catástrofe nuclear comandada por algunos enfermos de poder como los jefes de los países nombrados sería un acontecimiento de guerra nunca antes visto, lo más seguro es que la tercera guerra mundial se desarrolle al estilo de como las viene denunciando Francisco en sus últimas referencias.

La guerra tiene entre sus fines primordiales, el someter el territorio y la población de la nación derrotada a los dictados y caprichos de la vencedera, pero actualmente esto está pasando de un modo más sutil y permanente sin que muchas veces la población tome real consciencia de este nuevo sometimiento al que ha sido llevada al estilo de si hubiera perdido una guerra.

Por supuesto que en estos casos la lucha no se realiza con armas, bombas y tanques y no es fácil visualizar la cara del enemigo ni sus cascos ni su bandera pero con el correr del tiempo se comienza a advertir que el hambre y la miseria que se acumula en esos territorios es tal vez mayor al impacto que genera una guerra convencional, y lo que es peor queda establecida por años.

Los métodos empleados para triunfar en estas nuevas guerras utilizan a los habitantes de una nación contra otros habitantes de esa misma nación, y su picardía consiste en generar diferencias irreconciliables entre los conciudadanos que permitan introducir el germen de la discordia para satisfacer sus inconfesables fines que no son otros que los beneficios de esa Nación extranjera que incita al proceso.

Muchos autores han denominado a estas movidas como ¨golpes blandos ¨ y un claro ejemplo de ello es lo que hoy se vive en Venezuela mas allá de que Maduro no tenga la estatura para sostener el legado de Chavez.

” Por supuesto que en estos casos la lucha no se realiza con armas, bombas y tanques y no es fácil visualizar la cara del enemigo ni sus cascos ni su bandera pero con el correr del tiempo se comienza a advertir que el hambre y la miseria que se acumula en esos territorios es tal vez mayor al impacto que genera una guerra convencional “

En otros países del continente, la estrategia fue aún mas sutil aunque no por eso menos exitosa y podemos visualizar estos procesos en desarrollo en casos como el de Brasil, Paraguay y en menor medida, en Argentina.

Sin embargo, es claro como los pueblos de a poco van tomando conciencia de estas formas de sometimiento producto de estas “nuevas guerras” en algunos casos perdidas, y están comenzando a “armarse en armas” pero esta vez con movilizaciones pacíficas, expresiones callejeras, protestas y marchas pero todas, en el marco de la paz y la democracia.

Las innegables conquistas que han dejado, -y aún dejan en casos como el de Uruguay, Ecuador y Bolivia, los gobiernos progresistas, están permitiendo que en algunos países de nuestra América India estos proyectos de golpes blandos no alcancen todos sus objetivos, y en algunos casos comiencen a resquebrajarse. Las multitudinarias marchas en Brasil de hace unas semanas como las permanentes manifestaciones en Argentina contra el modelo del Presidente Macri, están demostrando que las ideas sobre igualdad, crecimiento para todos y equidad, instauradas en la última década han calado hondo en el seno de la sociedad y no les va a resultar tan fácil a las grandes potencias mantener este colonialismo al estilo de antaño.

Sin embargo, la batalla cultural y política no esta ganada ni mucho menos. El poder de estos aparatos que cuentan con medios de comunicación, embajadores con y sin traje, ONGs de cartón y recursos económicos sin límites para lograr sus objetivos es de una magnitud tal que están dispuestos a continuar con su lucha el tiempo que haga falta.

” Sin embargo, es claro como los pueblos de a poco van tomando conciencia de estas formas de sometimiento producto de estas “nuevas guerras” en algunos casos perdidas, y están amenazando a “armarse en armas” pero esta vez con movilizaciones pacíficas, expresiones callejeras, protestas y marchas pero todas, en el marco de la paz y la democracia “

Si a eso le sumamos las acusaciones sobre corrupción, la voluntad de perpetuación en el poder y el enquilosamiénto de algunos de sus dirigentes, como facetas negativas de los procesos progresistas, el caldo de cultivo para que estos intentos coloniales continúen estarán siempre a la vuelta de la esquina.

La izquierda deberá dar un nuevo impulso en su afán por reencontrarse con la gente, retomar el contacto con los sectores populares, trajinar en la prédica y en el ejemplo y lograr de esa forma que la población advierta que los progresos logrados no fueron obra del azar ni del viento de cola sino de una forma madura de autodeterminación de nuestros pueblos.

Alguien dijo que “el producto mejor terminado del capitalismo es el pobre de derecha”. Pues bien, habrá que seguir dando la batalla para que ese slogan no se convierta en silogismo.

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