Crisis partidarias en Paraguay

Tras la presidencia de Federico Franco, denunciada como corrupta e ineficaz, el Partido Liberal busca un nuevo liderazgo. En tanto, el mandatario Horacio Cartés enfrenta conflcitos con las bases sindicales coloradas ante políticas neoliberales de entrega de recursos naturales, ajustes y centralización del poder en su figura. Incluso en este escenario, los partidos de izquierda que integran el Frente Guasú no han podido capitalizar políticamente esta situación, tal vez aún golpeados por el derrocamiento de Fernando Lugo. 

Bernardo Coronel – E”a (Paraguay)

En el nuevo periodo – de capitalismo extractivista – que se abre en el país, y que tuvo su disparador en la matanza de Curuguaty y el golpe parlamentario, el régimen bipartidista está atravesando una aguda crisis de legitimación social. Los dos partidos (Colorado y Liberal) que se aliaron para el golpe, lograron imponer coercitivamente su plan de restauración neoliberal, pero no alcanzan a construir una hegemonía ideológica en torno a su proyecto.

La crisis colorada

Las medidas neoliberales (suba del pasaje del transporte público, recortes de programas sociales, reducción del empleo público) están generando un duro enfrentamiento entre las bases del partido colorado y el empresario-presidente. Horacio Cartes, que instrumentó a este partido para hacerse del poder, hoy lo tiene como el más implacable detractor de sus planes neoliberales. Los poderosos sindicatos estatales, filo colorados en su mayoría, ya anunciaron una huelga general que tendrá apoyo de varias organizaciones campesinas. Huelga que Cartes difícilmente logre ya desactivar.

La crisis liberal

Después del asalto a las arcas del Estado perpetrado por Federico Franco y su séquito, hecho que coincidió con su presidencia, la anémica credibilidad liberal quedó sepultada. Franco administró el gobierno como si fuera un lupanar. Vendió tierras indígenas y compró estiércol de vaca a precio de oro para agricultores que sólo existían en las planillas del Ministerio de Agricultura. Fue él quien dedicó sus mejores esfuerzos para quebrar a su partido que difícilmente vuelva al poder de acá a un buen tiempo.

Por si haya dudas sobre estas afirmaciones, los mismos liberales confirman la tesis que su partido está en terapia intensiva. Están buscando con desesperación un offsider que los represente en las futuras elecciones. No encuentran un sólo tipo potable y honesto entre sus más de un millón de afiliados. A confesión de parte, relevo de pruebas, dirían los leguleyos.

La izquierda de vacaciones

Mientras los partidos tradicionales, que lograron imponer su dominación pero no pueden construir consenso, las movilizaciones se suceden. Exceptuando a algunos partidos del Frente Guasú, la izquierda que debería estar al frente de las manifestaciones está atareada en otras cosas. Algunos ya están armando sus listas para las municipales, y otros – que tienen asegurado un cargo público- se tomaron vacaciones. Una pena para el movimiento popular, justo el auge de masas coincide con el periodo de vacaciones. Y la culpa la tiene el movimiento popular, que habiendo doce meses en el año se le antoja organizar marchas en enero, el mes más caluroso encima.

 

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