Crimen contra la democracia

Brasil
Cuauhtémoc Cárdenas

Hoy será recordado como el día nacional de la infamia. La banda de delincuentes consumó el golpe de Estado contra la presidenta Dilma Rousseff. La trama vergonzosa fue configurada desde el primer momento por Eduardo Cunha y contó con la complicidad de funcionarios públicos. Un proceso que acabó con la legitimidad de los votos de millones de brasileros. 

 

 Pedro França/Agência Senado

Redacción- Telesur 

Finalmente, se consumó el golpe de Estado en Brasil. La mandataria constitucional de ese país, Dilma Rousseff, fue señalada de culpable de corrupción por el Senado y de este modo es apartada de forma definitiva de sus funciones como líder Ejecutiva. Con 61 senadores a favor, y 20 en contra, en un quorum de 81 senadores, la destitución de Rousseff se concreta de forma permanente y no podrá presentarse a nuevas elecciones presidenciales hasta dentro de ocho años.

La votación final sobre el juicio político fue separada en dos rondas, una para decidir sobre la destitución de la mandataria, y otra sobre la inhabilitación política por un lapso de ocho años.

En una primera votación, el pleno del Senado decidió destituir a Rousseff y prosigue la votación sobre la prohibición de ejercer cargos públicos en los próximo años.

Entre tanto, el presidente interino, Michel Temer, permanecerá a la cabeza de mando del gigante suramericano hasta finales de 2018, pese a la enorme aura de antipopularidad que le rodea por la implementación (en el poco tiempo que lleva en el poder) de políticas económicas profundamente marcadas por recortes presupuestarios y privatizaciones de servicios y beneficios para el ciudadano común.

“Se consumó el golpe de Estado en Brasil. La mandataria constitucional de ese país, Dilma Rousseff, fue señalada de culpable de corrupción por el Senado y de este modo es apartada de forma definitiva de sus funciones como líder Ejecutiva. Con 61 senadores a favor, y 20 en contra, en un quorum de 81 senadores, la destitución de Rousseff se concreta  “

Movimientos sociales y políticos, activistas y sectores de la sociedad civil acusan al líder del centrista Partido de Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) de golpista. Pero Temer también es señalado de retrógrado, esto por echar marcha atrás en las reivindicaciones sociales alcanzadas por los más desfavorecidos, políticas que habían refrendado los líderes del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), Luiz Inácio Lula Da Silva y Dilma Rousseff.

Cuauhtémoc Cárdenas- La Jornada (México) 

El lunes 29 de agosto, y el martes 30, la presidenta de Brasil ha comparecido ante el Senado, donde la jauría de la oposición, convertida por el golpe de Estado en facción oficial, se ha lanzado y está lanzándose sobre la presidenta con una agresividad y una irritación fingidas, en las que trata de esconder su vergüenza de la traición.

Detrás del golpe de Estado, que se ha encomendado asestarlo a la mayoría del Legislativo, están las oligarquías locales, sus asociados grandes consorcios internacionales, los intereses depredadores que van detrás de los recursos naturales del país y los sectores del entreguismo y la subordinación al imperio, que pretenden la recuperación directa del poder político para proseguir la labor interrumpida por 13 años de gobiernos nacionalistas y democráticos, que acuerpan hoy a un Fernando Henrique Cardoso que al tiempo que se suma a la traición a la legitimidad constitucional y violenta el estado de derecho, traiciona su propia historia y se traiciona a sí mismo en lo que fue y en lo que pudo de bueno ser para su pueblo y para el suelo en el que nació.

Se acusa a Dilma Rousseff de haber emitido tres decretos para supuestamente manipular cuentas públicas entre el 1º de enero de 2011 y el 12 de mayo de 2016, práctica usual en la que incurrieron más de un centenar de veces gobiernos anteriores, sin que ello significara el desvío más mínimo para beneficio personal.

” Este nuevo crimen contra la democracia y el derecho se está cometiendo ante la complacencia de la comunidad internacional. Los gobiernos de América Latina, salvo honrosas excepciones, con absoluta pasividad observan cómo paso a paso se asesta el golpe, sin ver que ante cualquier desagrado que provoquen al imperio, puede ocurrirles algo semejante “

Quienes la acusan, encabezados por el vicepresidente hoy en funciones de presidente, Michel Temer, ellos sí, están señalados como delincuentes, por haber incurrido en comprobados actos de corrupción –según han destacado numerosos medios de información– en el ejercicio de sus funciones públicas, que al derrocar a Dilma y hacerse del poder buscan que éste se convierta en la protección que les brinde impunidad.

Este nuevo crimen contra la democracia y el derecho se está cometiendo ante la complacencia de la comunidad internacional. Los gobiernos de América Latina, salvo honrosas excepciones, con absoluta pasividad observan cómo paso a paso se asesta el golpe, sin ver que ante cualquier desagrado que provoquen al imperio, puede ocurrirles algo semejante.

El pueblo de Brasil está levantándose contra esta agresión a su democracia y al desconocimiento de la voluntad que expresara en 54 millones de votos, está buscando no acabe por romperse la legalidad con los recursos que le otorgan su Constitución, sus leyes y sus experiencias de prácticas democráticas y pacíficas. A quienes en nuestros países aspiramos a transformaciones progresistas y democráticas por medios similares, nos corresponde brindar la más amplia solidaridad a Dilma Rousseff y a quienes con ella luchan en Brasil por la recuperación del camino de la democracia, único que puede conducir a un progreso sostenido y estable.

Eric Nepomuceno- Página/12 (Argentina) 

Ni en sus peores pesadillas el país previó lo que pasará a vivir a partir de este miércoles, 31 de agosto de 2016. El día nacional de la infamia. El día nacional de la alegría de los infames.

Lo que los brasileños han visto a lo largo de los últimos cinco días ha sido la inútil batalla de un puñado de senadores (ni todos del PT de Dilma Rousseff, conviene recordar: dos de los más combativos defensores de su mandato integran el mismo PMDB del golpista Michel Temer y asemejados) frente al contingente de colegas que, aun admitiendo dudas sobre la existencia de los crímenes de responsabilidad previstos como causa única constitucional para destituir la presidenta, optaron por condenarla por su mala gestión. En Brasil se vive –o al menos se supone– el régimen presidencialista. Imponer una medida típica del parlamentarismo no está previsto en la Constitución. Y a eso, se llama golpe institucional.

La trama vergonzosa contó con la complicidad de funcionarios públicos –un fiscal y un auditor del Tribunal de Cuentas de la Unión– que falsearon pruebas contra Dilma (ambos fueron denunciados ayer en las cortes superiores). Contó con el poder de chantaje del entonces presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha. Con la interferencia ilegítima e ilegal del Ministerio Público y con las acciones politizadas de miembros de la fiscalía que, ¿cómo no?, habían defendido activamente la candidatura derrotada de Aécio Neves en 2014. Con la obsesión persecutoria de un juez provinciano de primera instancia, Sergio Moro, contra Lula y el PT. Y, parte esencial, con la fuerza unísona de los medios hegemónicos de comunicación.

” La lista es inmensa y repetitiva. En el fondo, como bien recordó en su pronunciamiento la senadora Regina Souza, de la miserable provincia de Piauí, todo no pasó de la batalla entre la Bolsa Familia, principal programa social de los últimos trece años, y l
a Bolsa de Valores. Y, como siempre, el vencedor ya estaba cantado desde siempre “

La lista es inmensa y repetitiva. En el fondo, como bien recordó en su pronunciamiento la senadora Regina Souza, de la miserable provincia de Piauí, todo no pasó de la batalla entre la Bolsa Familia, principal programa social de los últimos trece años, y la Bolsa de Valores. Y, como siempre, el vencedor ya estaba cantado desde siempre.

Sin embargo, no todas serán rosas en el camino de Michel Temer: contra él tramita en el Tribunal Superior Electoral una acción judicial que pide la impugnación de su mandato. Fue propuesta por el PSDB, ahora su principal socio y vigilante.

Originalmente, los derrotados denunciaban irregularidades en las cuentas de Dilma Rousseff y su candidato a vice. Destituida Dilma, Temer pasa a ser el único reo en la causa.

El ahora presidente pidió que las cuentas de campaña fuesen analizadas en separado. La legislación no permite: al fin y al cabo, nadie votó solamente en Temer.

La causa será decidida a principios de 2017. Juristas dicen que, si son respetadas las leyes, son ínfimas las chances de que Michel Temer no sea condenado. ¿Alguien cree que se hará justicia?

Si pierde el mandato conquistado a base de la farsa jurídica llevada a cabo a lo largo de 112 días, Temer será sucedido por alguno de los integrantes del Congreso, elegido por sus pares. A juzgar por el nivel moral, intelectual y ético de la actual legislatura, será como sepultar de una vez el futuro.

Leer el artículo completo de Telesur aquí

Leer el artículo completo de La Jornada aquí

Leer el artículo completo de Paágina/12 aquí