Una muerte y una alianza quebrada

Bolivia
Especial 

El asesinato del viceministro de Régimen Interior, Rodolfo Ullanes, en Panduro ahonda una peligrosa crisis con una escalada de violencia que ya estalló. Los patrones de 3, 10 o 50 personas que se escudan detrás de la cooperativa para enriquecerse a costa del trabajo de los otros. Los desclasados que se oponen a la creación de los sindicatos y el fin de la amistad con el gobierno.

Tuffí Aré- El Deber (Bolivia) 

El asesinato del viceministro de Régimen Interior, Rodolfo Illanes, fue confirmado anoche, tras enormes dificultades para verificar la noticia de esta grave tragedia, en dos jornadas terriblemente luctuosas para el país en las que también mataron a dos mineros. El brutal crimen de una autoridad de Estado, que fue retenida en la mañana por cooperativistas en Panduro, ahonda una peligrosísima crisis con una escalada de violencia de consecuencias imprevisibles. No hay antecedentes de un golpe tan duro a la institucionalidad boliviana, como el asesinato de un alto funcionario que buscaba diálogo en una “zona minada” a la que no debió llegar desprotegido. Cada paso que dé el Gobierno, a partir de la tragedia, debe apuntar a desactivar con inteligencia y calma una bomba de tiempo que lamentablemente terminó estallando. 

Jorge Mansilla Torres- La Razón (Bolivia)

Después de la Colonia y la infamia del patronazgo republicano, con la riqueza minera en manos del Estado desde 1952, no cambió el sufrimiento social. Hacia 1975 todo decayó y la Comibol se hizo pedazos manejada por gerentes militares y delincuentes comunes abedregalados. En 1985, el neoliberalismo cerró las minas con candados marca DS 21060, y el proletariado fue puesto en la calle. Entonces se hizo viral la apropiación de parajes y yacimientos por extrabajadores que se guarecieron bajo el paraguas del cooperativismo.

En poquito tiempo, sin embargo, esos cooperativistas se tornaron patrones de 3, 10 o 50 indios de la inmediación territorial de su “propiedad”, a los que explotaban sin salario fijo, estabilidad ni condiciones de trabajo. Yo los vi. En 1979-80 fui jefe de prensa de Fencomin y me enardecía ver a algunos exempleaditos de Colquiri, Siglo XX o Huanuni alzarse el cuello como patrones cooperativistas y tratar a sus peones y “ayucos” igual o peor que el conquistador a los mitayoc. No daban una herramienta, pero exigían al Estado canonjías fiscales y subvenciones.

” En 1985, el neoliberalismo cerró las minas con candados marca DS 21060, y el proletariado fue puesto en la calle. Entonces se hizo viral la apropiación de parajes y yacimientos por extrabajadores que se guarecieron bajo el paraguas del cooperativismo. En poquito tiempo, sin embargo, esos cooperativistas se tornaron patrones de 3, 10 o 50 indios “

Desclasados, se hicieron ricos al costo de ser más déspotas. Yo los vi. Y ahí están. Siguen estando. Pero Bolivia tiene una vasta riqueza y habrá que abordarla con el extractevismo justo y necesario. Por eso, decir que el gas es de los cambas o de los chuquis equivale a creer que el litio es únicamente de Uyuni. En esa onda de apallarse la fortuna, los exvecinos de Catavi, Pulacayo, Colquechaca y demás exemporios mineros —que ahora son desoladas laq’ayas— tendríamos que estar maldiciéndonos por no habernos apropiado a la brava de la tanta riqueza que había en nuestros suelos. ¿O qué? 

Editorial- La Época (Bolivia)

Todo gobierno es un conjunto de alianzas, muchas veces circunstanciales, entre diferentes sectores de la sociedad que hacen prevalecer sus intereses sobre los del resto de la sociedad. Esto puede ser tan bueno como malo. Si se trata de mega-coaliciones como las que caracterizaron el periodo de democracia pactada durante la década de los 90, con un claro componente oligárquico (es decir, de personas de la clase alta), lo más probable es que todas las acciones de este Estado estén dirigidas a beneficiar a este conjunto reducido de personas, expresándose en una estructura de poder excluyente y elitista, como la innegablemente referida, encabezada por los partidos MNR, ADN y MIR.

Cuando, por otra parte, la coalición gobernante está conformada por clases populares, plebeyas –en palabras de nuestro Vicepresidente–, los intereses que priman en esta sociedad son los de la mayoría. Y esto es más cierto en un país como Bolivia, donde los pobres (y esto incluye a las emergentes clases medias vulnerables de volver a caer en la pobreza) son los más.

La estabilidad de estas alianzas descansa en un delicado equilibrio donde los diferentes miembros compiten por hacer prevalecer sus prerrogativas, o lo que creen que son sus prerrogativas. Cuando sucede algo como lo que ha ocurrido en estas semanas, es porque dicho equilibrio ya no es sostenible. Y para señalar esta imposibilidad basta con mencionar la pérdida de recursos que representa el corporativismo minero para el Estado, que no aporta casi nada a los ingresos del país.

” El apoyo del sector cooperativista al proceso de cambio siempre estuvo condicionado a los beneficios de una pequeña élite empresarial que controla las vetas y la maquinaria de sus operaciones. Esto al más puro estilo del capitalismo clásico, como dueños del capital y los medios de producción “

Y eso sin señalar los devastadores efectos que tiene este sector sobre el medio ambiente o las rudas condiciones que soportan sus trabajadores. Se trataba de un cambio que era demandado no sólo por la izquierda de este país, preocupada por la situación laboral de muchos mineros cooperativistas así como por ecosistemas destruidos por este sector. Bolivia debe apoyar las medidas para formalizar la actividad cooperativista, si es coherente con las críticas que se le hacían al cooperativismo.

Pero muchos no lo harán. No porque hayan dejado de creer que la actual situación de las cooperativas es perjudicial para el desarrollo del país, sino porque cualquier posición que debilite al gobierno del MAS les es conveniente. ¿Y quiénes son estas personas? Todos aquellos miembros de la anterior coalición gobernante. Esos sectores de clase media alta y empresarial, que extrañan los días en los que ellos eran los que tomaban las decisiones. ¿Esa es la Bolivia que queremos? ¿Una controlada por los soberbios ricos y poderosos de antes?

El apoyo del sector cooperativista al proceso de cambio siempre estuvo condicionado a los beneficios de una pequeña élite empresarial que controla las vetas y la maquinaria de sus operaciones. Esto al más puro estilo del capitalismo clásico, como dueños del capital y los medios de producción.

Por todo esto, a pesar de los muchos errores cometidos en el pasado por el gobierno de Morales, no se puede negar el aspecto progresista de esta medida. ¿O es que alguien duda de que permitir la formación de sindicatos mejorará las condiciones de vida de los trabajadores?

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