Hacia una ardua descolonización

Bolivia
Camilo Katari

La violencia es un dispositivo colonial por excelencia. En este sentido, el desenlace del conflicto del cooperativismo minero y el gobierno es una manifestación de la colonialidad que aún determina el tejido social boliviano. Superar el ancestral carácter violento es la primera consideración pedagógica para poder construir una sociedad plurinacional e intercultural.  

Camilo Katari- La Época (Bolivia) 

El violento desenlace del conflicto gobierno-cooperativistas, es una de las manifestaciones de la colonialidad, que no se limita a estos actores sino que cubre completamente a todo el tejido social, y deja al descubierto los dispositivos de su instrumentalización.

Analizar los diferentes discursos nos dará abundante material que demuestra el estado colonizado de varios actores de la, todavía, abigarrada formación social boliviana.

En una anterior nota hice la diferencia entre las cooperativas como estructuras coherentes a los principios de los famosos “Pioneros de Rochedale”, y las empresas mineras que utiliza como verdadero paraguas (uno de los símbolos del cooperativismo mundial) al sistema cooperativista.

Nos referiremos entonces exclusivamente a las segundas, porque son ellas las generadoras de los discursos, traducidos en acción, para beneficio exclusivo de los intereses económicos de los accionistas de estas empresas, aquí cabe dos apuntes respecto de la diferencia de “socio” y “accionista”. La primera se refiere a las personas que componen y dan estructura a las verdaderas cooperativas; la segunda es propia de una empresa privada definida por la inversión de capital para su reproducción y acumulación.

El discurso de confrontación caracterizado por su radicalidad, hace referencia al dicho popular de “macho”, es decir, desafiar, insultar y finalmente terminar con la vida de alguien es un posicionamiento de “bien machos”. Esta particular forma de pensamiento se desarrolla desde el hogar; se dice a los niños varones: “no llores tienes que ser bien machito”, o cuando el padre “prepara” a sus hijos para que sean “machitos” ejerciendo la violencia como defensa.

Sobre esa base esta edificada gran parte de nuestra sociedad, alimentada luego por todos los discursos patriarcales, xenófobos y misóginos, estas formas discursivas las encontramos en todos los medios de comunicación.

” Nos referiremos entonces exclusivamente a las segundas, porque son ellas las generadoras de los discursos, traducidos en acción, para beneficio exclusivo de los intereses económicos de los accionistas de estas empresas, aquí cabe dos apuntes respecto de la diferencia de ‘socio’ y ‘accionista’ “

La violencia es un dispositivo colonial por excelencia y una característica de la colonialidad es el lenguaje violento, que paradójicamente puede ser muy sutil y camuflado. Las llamadas redes sociales son el espejo de ese lenguaje y su contenido. Lamentablemente para muchos medios de comunicación las redes sociales se han convertido en su fuente principal son y a partir de eso se especula y distorsiona la realidad.

Un ejemplo de esta distorsión desde alguno de los medios de comunicación, tiene que ver el cambio de foco, medios, y opositores al gobierno han dejado de lado el cuerpo torturado y muerto del Viceministro (hecho concreto) para buscar y posicionar como culpable al gobierno. Esto no solamente es un desafío al sentido común, sino a la canallada que abunda en el espectro político y cuya actitud se inscribe en el odio del otro (indio, gay, mujer, obrero, campesino, etc.) ese odio no es otro que el odio de la matriz colonial.

No podemos hacer ningún análisis serio de nuestra dinámica socio-económica, si no tomamos en cuenta la matriz colonial que define las adscripciones políticas del presente y la ineluctable lucha de clases que supone un hecho revolucionario.

Sorprende escuchar a politólogos, sociólogos y comunicadores obviar estas coordenadas, que están presentes en todas las confrontaciones mundiales, independientemente de la voluntad humana. Eso ha hecho que nuestra capacidad de análisis sea pobre y tengamos que recurrir a “expertos” internacionales para que nos expliquen lo que nos pasa, otra demostración de colonialismo intelectual, muy acorde con el pensamiento único y de la contradicción de “moderno-tradicional”.

Asumir nuestra colonialidad es superar en parte nuestro ancestral carácter violento herencia del hecho colonial, primera consideración pedagógica para poder construir una sociedad plurinacional e intercultural. 

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