En defensa de la Revolución Ciudadana

Ecuador

La reactivación de la lucha contra las élites, con el impulso de Rafael Correa de los impuestos a la herencia y a la plusvalía, inaugura una refundación de la Revolución Ciudadana. Aunque hayan sido retiradas, eran medidas que beneficiaban las entrañas de un país empobrecido. La Unasur aseguró que se opondrá a la desestabilización contra el presidente que encabeza la oposición.

Rafael Correa- Foto: cuencahighlife

Samuele Mazzolini- El Telégrafo (Ecuador)

La coyuntura nacional no se presta para ser descrita con palabras melindrosas e ineficaces. La Revolución Ciudadana vuelve, tras un extraviado zigzagueo durado demasiado tiempo, a reclamar ese papel que se había atribuido inicialmente: un papel popular, de redención de las frustradas aspiraciones de las grandes mayorías, hecho de conquistas sociales y rupturas históricas. Digámoslo: vuelve a representar el pueblo golpeando las fuentes sincrónica y diacrónica que abrevan el abrumador privilegio de su histórico enemigo: la plusvalía y la herencia.

No puede caber la menor ambigüedad en el juicio sobre una medida que beneficia a las entrañas de un país empobrecido, envilecido y humillado históricamente por élites rapaces e indiferentes a las razones de los más débiles. Es por eso que la posición de la izquierda radical, que aprovecha de la ocasión para pedir la salida de Correa, es particularmente irresponsable: porque es donde demuestra ser incapaz de conjugar sus legítimos objetivos políticos con un análisis histórico de la situación. Podría decir: Correa no nos gusta, ¡pero a cerrar filas contra las élites más rancias! Lo contrario es craso oportunismo e infantilismo.

Quizá, si la Ley de Herencia es criticable lo es por no intentar subvertir de forma más radical las asimetrías socioeconómicas que caracterizan tristemente el país. Apenas introduce un pellizco de sentido común, un criterio de justicia social. Pero entonces: ¿por qué el amotinamiento? ¿Por qué se cristaliza el odio furioso de una clase media que ni sería afectada por la medida? La cuestión no es una bagatela y ahí es donde no puede dejar de haber un momento autocrítico.

Los periódicos aprovechan de la situación para sembrar fárragos tergiversadores, que contribuyen en crear aquella confusión donde puedan albergar tentaciones indecibles. ¿Pero no deberíamos haber saneado el campo de esas eventualidades? La ausencia de Correa durante la semana pasada ha dejado evidente la ausencia de otros liderazgos internos al campo popular, capaces de sedar la protesta y explicar el carácter progresista de la ley. ¡Pequeños coroneles sin tropas que les escuchen! ¿Y acaso no se vislumbra también la carencia del trabajo pedagógico de la Revolución Ciudadana? Demasiado tiempo se ha empleado en denostar al adversario antes que en explicar por qué es tal. Así la gente deja de entender quién es realmente David y quién Goliat.

” Quizá, si la Ley de Herencia es criticable lo es por no intentar subvertir de forma más radical las asimetrías socioeconómicas que caracterizan tristemente el país. Apenas introduce un pellizco de sentido común, un criterio de justicia social. Pero entonces: ¿por qué el amotinamiento? ¿Por qué se cristaliza el odio furioso de una clase media que ni sería afectada por la medida? “

Con el humilde atrevimiento de siempre, me permito insinuar unas sugerencias para salir de este impasse: que esta vuelta a lo popular, que este redescubrimiento de la lucha contra las élites no sea una infecunda llamarada, sino una ocasión de refundación del proyecto. Volvamos a las raíces, volvamos a los mandantes: ¡referéndum sobre la Ley de Herencia! Pero sin recular, más bien con más osadía: ¡que la propuesta contemple más tasas aún para los ricos desfachatados! Y si queremos redescubrir nuestra genealogía popular volviendo a dar espacio a la participación, seamos radicales hasta el fondo: ¡referéndum también sobre reelección indefinida y Yasuní! Solamente poniéndonos enteramente en discusión se hará genuino el compromiso con el empoderamiento popular, con la democracia directa y radical: trasladando el poder desde arriba para abajo.

 

Aram Aharonian- Miradas al Sur (Argentina) 

La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) se “opondrá firmemente” a una eventual desestabilización del gobierno ecuatoriano de Rafael Correa, quien enfrenta protestas opositoras que exigen su salida del poder, dijo el lunes el secretario general de la organización, el expresidente colombiano Ernesto Samper.

“Quienes están buscando excusas para desestabilizar el gobierno” de Correa “deben saber que UNASUR se opondrá firmemente a sus intentos anti democráticos”, escribió Samper en su cuenta de Twitter.

El secretario del bloque regional, quien tiene su despacho en Quito, lanzó la advertencia a raíz de las protestas que desde la semana pasada se han organizado en varias ciudades de Ecuador contra Correa.

El mandatario, en el poder desde 2007, enfrenta el rechazo de grupos económicos, gente de clase alta y media por un proyecto de ley para la “redistribución de la riqueza” que prevé un aumento del impuesto a las herencias, y de otras iniciativas económicas que consideran son un castigo al éxito económico y el patrimonio familiar.

La iniciativa, que deberá ser aprobada en julio por el Congreso de mayoría oficialista, detonó la ira de miles de ecuatorianos que han protestado al grito de “¡Fuera Correa, fuera!”.

” El mandatario, en el poder desde 2007, enfrenta el rechazo de grupos económicos, gente de clase alta y media por un proyecto de ley para la ‘redistribución de la riqueza’ que prevé un aumento del impuesto a las herencias, y de otras iniciativas económicas que consideran son un castigo al éxito económico y el patrimonio familiar “

Alcaldes y líderes opositores se han sumado a la protesta, que según Correa responde a una “conspiración en marcha” para sacarlo del gobierno. El oficialismo también ha movilizado a sus simpatizantes, y para este lunes está prevista una concentración de apoyo al gobierno frente a la sede presidencial, en el centro de Quito.

La derecha protestó esta última semana en Ecuador contra el proyecto Ley de Herencia que afectaría, si se aprueba, a menos del 2 por ciento de los ciudadanos. Estas manifestaciones se dan justo en la semana en que el presidente Rafael Correa estuvo fuera del país, en Bruselas, por la II Cumbre CELAC-UE. En las redes sociales, instan a usar la etiqueta #YoDefiendoMiRevolución para repudiar la guerra psicológica contra la ciudadanía sobre la supuesta afectación de las clases populares y media con esta propuesta legislativa.

Correa encaró en septiembre de 2010 una sublevación de policías que protestaban por una reforma salarial, lo que fue tildado por organismos como la OEA y la ONU como una amenaza el orden democrático.

La revuelta, que el mandatario calificó como un intento de golpe de Estado, dejó 10 muertos y unos 300 heridos. Varios policías han sido condenados por esos hechos.

El domingo negro que no fue

Distintos sectores ecuatorianos denunciaron que los planes de sectores de la derecha de salir a manifestar el último domingo con banderas negras y la colocación de ofrendas florales en las sedes gubernamentales es una estrategia de desestabilización para generar un clima de malestar ante la llegada del presidente Rafael Correa de su gira de trabajo por Europa.

Oscar Bonilla, del partido Alianza PAIS, señala que la campaña de la oposición es parte de un repertorio muy parecido a lo usado en Venezuela pero que está condenada al fracaso, mientras que la Revolución Ciudadana “es la revolución de la alegría, del color y de la diversidad”. Por su p
arte, David Silva, miembro de brigada, considera que el “domingo negro” es un simbolismo que viene de la derecha fascista no solo de Latinoamérica sino del mundo y es algo que “nosotros no vamos a permitir”, sentenció. “El domingo negro se quedó en la redes sociales que es donde ellos saben escribir, porque es gratis, pero en las calles, los domingos son y serán de la Revolución Ciudadana”, afirmó Vivian Paredes del colectivo Frente Unidos.

 

Carlos Pazmiño- Rebelión 

Desde comienzos de los 90´s, hasta entrado el nuevo siglo Ecuador vivó un continuo proceso de movilización e insurrección popular como respuesta a diferentes gobiernos neoliberales, se trataba de ir ganando en la calle, combatiendo, conquistando, necesidades profundas y sentidas para la clase trabajadora urbana y rural, el campesinado, el movimiento indígena, el estudiantado, entre otros; los presidentes Abdalá Bucaram (1997), Jamil Mahuad (2000) y Lucio Gutiérrez (2002) fueron derrocados por insurrecciones populares y sectores particulares –que asumieron las tareas de dirección- producto de este acumulado. 

La ola continua de movilización inauguró en el seno de las organizaciones y sectores populares un profundo rechazo a la democracia burguesa, el parlamento, las elecciones, asentado en la consigna unitaria “que se vayan todos”; pese a existir algunas nociones de gobierno popular, quienes sucedieron en el poder a los mandatarios derrocados siguieron con la agenda neoliberal.

” El nacimiento de Alianza País y la figura de Rafael Correa significó a ojos de muchos ecuatorianos una nueva oportunidad para la democracia, se trataba de un candidato joven con una posición crítica ante la desgracia que había significado el neoliberalismo para el país, no provenía de un partido político tradicional “

El nacimiento de Alianza País y la figura de Rafael Correa significó a ojos de muchos ecuatorianos una nueva oportunidad para la democracia, se trataba de un candidato joven con una posición crítica ante la desgracia que había significado el neoliberalismo para el país, no provenía de un partido político tradicional, es más, Alianza País no se funda como un partido propiamente sino como un movimiento ciudadano; su llegada al poder (2007) se caracterizó por haber lanzado únicamente la candidatura presidencial de Correa, sin candidatos a diputados, lo que en los hechos era un correcto enfoque táctico ante el descrédito del Congreso Nacional –ahora Asamblea Nacional.

Tanto Alianza País como Rafael Correa representaron para la sociedad ecuatoriana la “última oportunidad” para que la democracia sea un hecho y no un discurso –por todas las características antes mencionadas-; esta delegación del poder y la voluntad popular en la ficción de delegación que significa el Estado y lo efectivo de su plan, motivó y fue evidencia suficiente –sobre todo a nivel de inversión social- para legitimar la Revolución Ciudadana desde sus primeros años hasta hace poco.

 

 

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