Con Bachelet llegan las transformaciones

Michelle Bachelet y su gabinete tienen previstos unos cuantos cambios, sobre los que la sociedad tiene muchas expectativas, como la reforma constitucional, la del sistema educativo y la del tributario. Pero hay otro aspecto en el que se notará profundamente la diferencia ideológica con su predecesor, Sebastián Piñera, y tiene que ver con la mejora de las relaciones con los países de la región y un mayor respaldo a Unasur y la Celac.


El Clarín (Chile)

«Chile ha perdido presencia en la región, sus relaciones vecinales son problemáticas, se ha impuesto una visión mercantil de nuestros vínculos latinoamericanos y se han ideologizado las opciones de inserción externa», fue el diagnóstico del equipo que estuvo a cargo del programa de gobierno de Bachelet en materia internacional.

Su equipo en la cancillería, que encabezará el designado ministro de Relaciones Exteriores, Heraldo Muñoz, tendrá que abordar los conflictos pendientes con Perú, otro abierto con Bolivia, que demandó a Chile ante La Haya, y reactivar la privilegiada relación que tuvo con Ecuador.

 Además, Muñoz, que hasta su nombramiento era un alto funcionario del Programa de Naciones para el Desarrollo (PNUD), deberá impulsar los vínculos con Brasil y Argentina, que están más o menos congelados o en un bajo nivel, según sostienen críticos de la política externa del presidente saliente, el conservador Sebastián Piñera.

«Aunque valora los esfuerzos de integración de la Alianza del Pacífico, Santiago orientará su participación «en una perspectiva no excluyente o antagónica» con otros planes de integración regionales»

Los lazos entre Chile y Brasil, aliados tradicionales en la región, se enfriaron después de que Piñera privilegiara una estrategia comercial con la Alianza del Pacífico, formada en 2011 por Chile, Colombia, Perú y México, y que abrió las puertas a la influencia mexicana en Sudamérica.

Aunque valora los esfuerzos de integración de la Alianza del Pacífico, Santiago orientará su participación «en una perspectiva no excluyente o antagónica» con otros planes de integración regionales, aseguraron funcionarios del gobierno entrante.

«Recuperaremos el impulso inicial de la Alianza, como una plataforma comercial para proyectarse colectivamente en la región asiática», añadieron.

Por otro lado, las nuevas autoridades postulan a que la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) debe constituirse en un «punto de confluencia» de las iniciativas de integración de América del Sur, mientras que la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) debe ser una instancia de «coordinación política» en la región.

Mercedes López San Miguel – Pägina 12 (Argentina)

La reforma a la Constitución chilena heredada del dictador Augusto Pinochet probablemente sea el mayor desafío para Michelle Bachelet. El cambio profundo de la Carta Magna de 1980, si sucede, determinará un giro más a la izquierda del segundo gobierno de la líder socialista. En palabras de Bachelet, “Chile necesita una Constitución nacida en democracia, que asegure más derechos y que garantice que en el futuro la mayoría nunca más sea acallada por una minoría”.

Es el desafío de una nueva Constitución que garantice la gratuidad universal de la educación, un aspecto central del programa de la líder socialista. El actual texto, producto del ideólogo de la dictadura Jaime Guzmán, en el Capítulo 3, de los Derechos, establece que para “el Estado es obligatorio promover la educación parvularia, para lo que financiará un sistema gratuito a partir del nivel medio menor”. No hay universidad gratuita en Chile y la calidad de la secundaria y primaria es notablemente mejor para los que pueden pagar una cuota más alta, un componente más del eje vertebral que divide a esa sociedad.

Los cambios realizados durante el gobierno de Ricardo Lagos en el seno del Congreso en 2005 no afectaron el imperio del mercado para los derechos sociales básicos, como el acceso a la salud y a una jubilación digna. Y lejos quedó de haber promovido nuevos derechos, como los sexuales y reproductivos.

«La coalición Nueva Mayoría se enfrenta al primer desafío de conseguir el apoyo de al menos dos tercios de los legisladores que se necesitan para aprobar una reforma constitucional»

Es esperable que el nuevo proyecto termine de eliminar contenidos autoritarios del texto constitucional, como los relativos a la seguridad nacional, que hoy día consagran normas sobre el terrorismo que contradicen principios básicos del derecho penal.

Hasta ahora, no se abordó el cambio del sistema electoral binominal, que determina un bipartidismo absoluto, otro de los legados de la dictadura.

La coalición Nueva Mayoría se enfrenta al primer desafío de conseguir el apoyo de al menos dos tercios de los legisladores que se necesitan para aprobar una reforma constitucional, con los que no cuenta, por tanto tendrá que negociar con algunos parlamentarios de la derecha menos radical. Eso si la modificación se realiza con una comisión bicameral, opción por la que se inclina la Democracia Cristiana. Pero el Partido Comunista y el Radical Socialdemócrata abogan por convocar una Asamblea Constituyente. De cómo sortee estos escollos el nuevo gobierno dependerá el cambio de la Carta Magna pinochetista.

 

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