Colores de mujer más allá del tiempo

Argentina

Una exposición muestra el trabajo de Josefina Oliver, quien, durante 64 años, plasmó sus vivencias en su diario íntimo, que llevó 20 tomos. Allí se encuentran no sólo sus textos sino también sus fotografías iluminadas y sus collages, que ella llama “pegotes”. Las miles de páginas que atraviesan esos años son una expresión libertaria de una época en la que la mujer vivía oprimida. 

Caras y Caretas

Anibal Cedrón – Caras y Caretas (Argentina)

Sorprende aún que, en pleno siglo XXI, las mujeres todavía padezcan la opresión del machismo, aunque en la última década en nuestro país se hayan alcanzado conquistas para el género, como las de un porcentaje de representación política en la democracia. Por eso más que sorprende, fascina la libertad que roza con su ala a una mujer y su obra de comienzos de siglo XX, para que no agonicen sus anhelos, sus secretos, su fuerza interior de mujer que se atrevió a confesarse públicamente, en tiempos de velos y oscuridades, cuando no sólo se impedía el sufragio femenino sino que se negaba el derecho a la autoría en las manifestaciones artísticas, por considerar a la mujer, inferior intelectualmente al hombre. Tal fascinación provoca la obra de Josefina Oliver (1875-1956), artista autodidacta, fotógrafa, escritora, editora y productora de sus propias creaciones, que nos propone un juego interdisciplinario con sus imágenes, que se muestran en una mega exposición hasta el 20 de abril, bajo el sugestivo título de Colores del Silencio, en el Palacio Nacional de las Artes –Palais de Glace– Posadas 1725, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Durante siete años de investigación, la curadora de la muestra, Patricia Viaña, pudo recopilar estos trabajos que se encontraban dispersos entre la Argentina e Italia. Descubrió así la creación oculta de una mujer limitada por su época pero que logró transformar su trabajo artístico en vanguardia, sin fronteras. Sus fotos, realzadas por su iluminado, pasan a ser cuadros; sus collages, que denomina “pegotes”, descuidan el corte y la línea en la forma, pero en su estructura expresan una interioridad libre. De esta manera Josefina Oliver encuentra una grieta para evadirse de su época y, con su arte, llegar hasta nuestro tiempo.

“Por eso más que sorprende, fascina la libertad que roza con su ala a una mujer y su obra de comienzos de siglo XX, para que no agonicen sus anhelos, sus secretos, su fuerza interior de mujer que se atrevió a confesarse públicamente, en tiempos de velos y oscuridades”

Por su parte el historiador fotográfico Abel Alexander convierte a la artista en una sorprendente pionera amateur de la fotografía argentina quien, cámara en mano, derrotó a su propia muerte. Creemos que, como los cronistas de todos los tiempos, ella se vuelca al testimonio escrito pero, en su afán de mostrar o demostrar todo lo que quiere expresar, se da cuenta de que lo que le está faltando es nada menos que la fotografía y, a diferencia de otras mujeres de su tiempo, no recurre a las retratos realizadas por otros fotógrafos sino que ella toma para sí esta tarea y se involucra en un relato visual que hoy descubrimos en toda su frescura y talento. Cabe aclarar que la narración visual está incorporada al diario, que llama Mi Colección, escrito de 1892 a 1956, o sea durante sesenta y cuatro años, para reunir veinte tomos, de 8.500 páginas y en el cual apunta  cientos de datos sobre el Buenos Aires de entonces, y sobre Palma de Mallorca, España, donde vivió quince años –un lugar escogido por varios pintores argentinos inspirados por el impresionismo en las primeras décadas del siglo pasado–. Como telón de fondo, refiere los principales hechos políticos nacionales y mundiales.

Así en la muestra se pueden ver fotos de las riberas quilmeñas tomadas con su cámara, ciento once años atrás, al mismo tiempo, que detalla los tres picnics de 1902 y 1906 en su Diario:

“(…) almorzamos á orillas del río, bajo los árboles, á las doce del día, corderito asado á la criolla, riquísimo, ensalada de dos clases, fiambres, frutas, queso, café, vino, cerveza y licores. Saqué diferentes grupos fotográficos y nos fuimos a pasear acompañada cada una de su cada uno. Atravesamos la calle del tranway y nos fuimos del otro lado a oír una banda de música. A la vuelta jugamos a las prendas, y reímos á más no poder con las ocurrencias de la reunión que son una colección de buenos humores y amigos de broma (…)” Diario 4_082.

Por cierto Mi Colección de Josefina Oliver, es un testimonio de la manera sutil para ser universal y ser mujer.