Clima de odio y campaña: cuando se polariza el escenario y crece la violencia política

El pasado fin de semana, un dirigente del Partido de los Trabajadores de Brasil fue asesinado a tiros por un policía simpatizante de Bolsonaro. Según los testigos, el efectivo irrumpió en la fiesta de cumpleaños de la víctima -donde había carteles alusivos al PT y fotos de Lula- a los tiros mientras gritaba el nombre del mandatario de ultraderecha. Pese a ser el más grave, con un muerto, este no fue el único episodio de violencia que cruzó la campaña electoral presidencial de Brasil. En el último mes, hubo al menos dos atentados en actos de campaña contra el espacio que lleva como candidato al expresidente Lula da Silva. 

Sin ir más lejos, el último de ellos, cuando explotó un artefacto casero, marcó un antes y un después: Lula subió al escenario con un chaleco antibalas. El propio expresidente, y favorito en las encuestas, reconoció que es la primera vez que se vive un clima de odio como este y que nunca, en ninguna de todas las candidaturas de las que participó, “hubo una señal de violencia”. Pero algo cambió.

El mismo clima exacerbado de odio se pudo ver en el último tramo de la campaña presidencial de Colombia. El presidente electo, Gustavo Petro tuvo que paralizar su agenda pública a veinte días de las elecciones porque su equipo de seguridad recibió información de primera mano sobre un supuesto ataque que llevaría adelante un grupo paramilitar. También fue a partir de esta amenaza que el candidato comenzó a usar chaleco antibalas cada vez que aparecía en público. De la misma manera, la vicepresidente electa, Francia Márquez, fue intimidada y amenazada de muerte en una de sus últimas actividades de campaña cuando fue apuntada con un láser en su frente mientras daba un discurso.   

Y si hablamos de la violencia política en Colombia, no podemos dejar de decir que es el país con más dirigentes comunitarios y activistas asesinados… Pero vamos por partes.

Brasil

Marcelo Arruda festejaba su cumpleaños 50 en una celebración alusiva a la figura del expresidente Lula da Silva, espacio en el que militaba y del que había sido candidato en alguna ocasión. El policía federal Jorge Guaranho interrumpió la fiesta primero con su bebé en brazos y gritó: “Bolsonaro presidente, hijos de puta”. A los minutos volvió a ingresar, esta vez sin el bebé, y comenzó a disparar. Arruda murió luego de recibir tres disparos. 

El propio Lula condenó enérgicamente el ataque y le pidió a sus seguidores que por favor no respondan a las provocaciones o agresiones de bolsonaristas ya que es la primera vez, en su larga trayectoria como dirigente político, que se vive este nivel de violencia en una campaña. Para los dirigentes del PT, el episodio es consecuencia del clima de odio fomentado desde el bolsonarismo y los niveles exorbitantes de población armada. Para que se den una idea, durante el gobierno de Jair Bolsonaro, capitán del Ejército retirado que defiende y fomenta el hecho de que la población civil esté armada, la tenencia de armas en manos de particulares aumentó un 474%. Es decir, según registros oficiales, 556.300 brasileños se compraron un arma en los últimos cuatro años, un “aumento descontrolado” para los especialistas. 

El asesinato de Arruda no fue el primer ataque hacia militantes del PT. Antes un hombre arrojó una bomba casera hecha con una botella de plástico durante un acto multitudinario en plaza Cinelandia, Río de Janeiro. Y un empresario ruralista militante del presidente Jair Bolsonaro roció agroquímicos con un dron sobre el público en otro evento del PT en Mina Gerais.

Colombia

El clima de odio y violencia no fue muy diferente en Colombia. Allí tanto el presidente como la vicepresidenta electa recibieron amenazas de muerte y fueron intimidados públicamente. La imagen sobre el cierre de la campaña de Francia Márquez, candidata a vice en ese momento, con un puntero láser en el medio de la frente mientras daba un discurso en un multitudinario acto debería estar lejos, lejísimos, de un acto democrático como una campaña electoral. La imagen que siguió también asusta: Márquez no quiso dejar el escenario pero debió terminar su intervención protegida detrás de los escudos del personal de seguridad. 

“Quisieron intimidarme apuntándome con un láser desde un edificio cercano. ¡No nos callarán! Nuestra lucha es y siempre ha sido contra todos los tipos de violencia que pretenden sembrarnos miedo. ¡La paz vencerá!”, dijo Márquez después del acto. 

Antes, Gustavo Petro tuvo que suspender su agenda de campaña porque su equipo de seguridad identificó amenazas concretas del grupo paramilitar La Cordillera quienes, según la denuncia, pretendían atentar contra la vida del candidato en una gira por el eje cafetero. Expresidentes de la región y el Parlasur tuvieron que salir a pedir por la seguridad Petro a días de las elecciones. 

La violencia hacia dirigentes políticos y comunitarios es moneda corriente en Colombia. El Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz de Colombia (Indepaz) denunció que sólo en una semana de junio fueron asesinados cinco líderes sociales en distintos puntos del país. En total, en la primera mitad del año, fueron asesinados 86 dirigentes, número sin precedentes que marca un claro aumento de la violencia en ese país. 

Y no nos olvidemos que se cumplió un año del asesinato del presidente de Haití, Jovenel Moise, y todavía se sabe poco y nada sobre los autores intelectuales del crimen.

Y que ya pasaron cuatro años del asesinato de Marielle Franco, socióloga feminista y concejala de Río de Janeiro que fue asesinada a tiros por un grupo de expolicías.

En fin… un panorama poco alentador.

¡Gracias por leer hasta acá!