Civilización, barbarie y saqueo

Argentina
Roberto Mero

El picnic de ricos entre las cumbres suizas no modifica en nada la debacle generalizada de la economía mundial, ni el capitalismo del caos instaurado por el régimen macrista. Al contrario, confirman la profundización de la guerra económica, junto con la resistencia que se desarrolla día a día, por todos los medios, contra el salvajismo despiadado de los banksters.

Mauricio Macri y la realidad virtual en Davos - Foto: Archivo

Roberto Mero* – Latinoamérica Piensa

Luego de tres guerras por el dominio del Mediterráneo, Roma terminó venciendo la fuerza comercial de Cartago en el año 218 antes de Cristo. No contentos con la masacre, los vencedores impusieron la “civilización romana”, luego de arrasar la ciudad vencida, desmontar las raíces de sus árboles y secar la tierra con fuego y sal. Nostálgico de aquellos métodos imperiales José Luis Espert acaba de deleitarnos con otra de sus máximas macristas: “Volver a Davos es volver a la civilización de donde nos sacó el kirchnerismo, que nos llevó a un mundo económico animal como el de Venezuela y fascista como el de Rusia y China”. Fin de la cita. Inútil seria responder puntualmente a esta radiografía de la abierta ignorancia de uno de los voceros del régimen. Falsa en lo global y anacrónica en la secuencia, la frase encierra el atraso insalvable en que se está enfrascando la tiranía de Ojitos Azules. Razones precisas: el “mundo económico animal” que Espert anuncia en China es al mismo tiempo el único motor válido de la economía mundial desde hace dos décadas. El “destino zoológico” con el que apunta a Rusia, no explica que la estabilización de ese país luego de los desmanes que siguieron a la caída del comunismo, le ahorro a la humanidad una guerra civil termonuclear. Y que hoy se presenta como barrera geopolítica para el avance del fundamentalismo islamista, desde la intervención de Moscú en la guerra en Siria. Ingeniero del saqueo, Espert evoca la participación de la Argentina en Davos como un cambio decisivo en las relaciones internacionales creyendo (como Espert lo cree) que ese picnic de ricos entre las cumbres suizas modifica en algo la debacle generalizada de la economía mundial y en particular, el capitalismo del caos que Macri representa. Interesantísimas afirmaciones las de Espert, explican y confirman en su exigencia de profundizar la guerra económica, la justa resistencia que se está desarrollando día a día, por todos los medios, en esta trinchera contra el salvajismo despiadado de los banksters.

Hebe de Bonafini: caretas, borrados y tiempos sociales

Recuerdo una noche allá por julio 1982 en la que un teórico defensor de las revoluciones victoriosas (“salvo en Argentina”), trataba de explicar que una manifestación de las Madres de la Playa de Mayo en medio de la tarde que caía “sólo podía estar organizada por agentes de la CIA”. La memoria me ahorra el disgusto de recordar su nombre, pero en los hechos explica que para muchas instituciones políticas la batalla en la que no participan o en la que no pueden colgar sus condecoraciones sólo puede tener como motor la feroz pasión por la anarquía. Valga este preámbulo para comprender que la andanada que acaba de lanzar Hebe de Bonafini contra los diputados de la representación nacional tiene más de sabio consejo maternal que de ametrallamiento político. Forma velada de decirle a esas chicas y muchachos “no se hagan los imbéciles, porque se les está notando”. Basta leer el regocijo con que las redes macristas tomaron este guante tirado en el rostro de los diputados del Frente para la Victoria (FpV) para ver que lo de Hebe fue un acierto: acaba de poner en evidencia que para la primera línea de la resistencia histórica social en Argentina son los representantes del pueblo quienes deben dar la cara y acabar con la tilinguearía de los carguitos, las esperas de calendas griegas y otras cómodas formas de desensillar hasta que aclare. Acabar con este “borre”, ponerse las zapatillas de marcha, ofrecer el pecho a las balas de goma, a la cachiporra policial no es tentador, por cierto. Pero Hebe acaba de subrayar, como amenaza velada, que a la hora de la victoria y de las cuentas, no habrá ninguna piedad para quienes se ocultaron en el modesto “paga Dios” de las internas partidarias. Que lo vayan y lo vayamos sabiendo.

Sandra Russo y los asombros virginales

Agregando otro capítulo a esta novela de amores desencontrados, la querida Sandra Russo vuelve al ruedo con aquella impotencia entendible que imponen los medios de masa a los “ex” que ya no son. Sandra vuelve a aquella pelea entre los insultos descargados contra 678, los salarios de sus participantes y el complot clarino-lanatesco. Sostiene la colega que es ahora que el elector macrista deberá aceptar “que le mintieron”. Exigencia que la colega Russo podrá desde ya guardar en el joyero de las esperanzas si espera que eso ocurra. Muy simplemente. Primero, porque Macri no le mintió a nadie. Segundo, porque no se trata de verdad o mentira sino de guerra ideológica. Y tercero, que Sandrita querida me perdone, porque 678 como útil de debate y vector de defensa ideológica no sirvió (al parecer) para desbaratar el complot caótico de los medios dominantes. Que yo quiera a mi hijo no hará jamás de él Superman, ni que me guste Superman significa ninguna bendición paterna. La tozuda y explicable convicción de Sandra Russo sobre la campaña de 678 para demostrar que Macri mentía, quizá llevo a perder demasiado tiempo dándole identidad en el ataque de cuestiones superfluas. 678 fue simpático, fue contenedor y fue sincero. Pero hoy “fue”. Bastó un juego de contratitos de Diego Gvirtz, el productor, tras marañas jurídicas y algunas lagrimitas para que aquello que la derecha tomaba como la voz del “marxismo fidel-chavista” en Argentina se transformase en una cancha desierta. La melancolía no sirve ni sirven tampoco las explicaciones de lo trunco. 678 no fracasó porque era un mal producto sino porque se creyó (y muchos creímos) que con fotitos de paz y amor y “flower power” alcanzaba para desmontar los dientes que amenazaban nuestra yugular. De cómo el sentimentalismo de las buenas intenciones puede enmascarar a veces la tenacidad de quienes adoquinan el camino hacia el infierno.

Trágica extinción de especies: El Forro Periodísticus Macriense

Aporte argentino a la historia de las seis catástrofes de masa que vivió nuestro planeta desde su formación, los últimos días confirman un fenómeno ya visto, pero pocas veces tan evidente. Me refiero a la desaparición paulatina y sospechosa del “Forro Periodísticus Macriense”, esa especie de bestia clarinera que hizo gala de su sanguinaria tenacidad contra el momentáneamente desplazado gobierno popular K. El raje inelegante de Eduardo Feinmann, la puesta en cuestión de Antonio Laje, la sorpresiva volatilización de las playas sureñas de Jorge Lanata y su exilio en Miami, anuncian el hundimiento de la nave insignia del golpe de Estado periodístico que creó las condiciones para la supuesta victoria macrista. Ejemplo chabacano del “Forro Periodísticus Macriense”, Feinmann tuvo la rara virtud de jamás ocultar su grado de hijoputez, desprecio y agresividad en los tiempos en que fusilar con insultos a los estudiantes, jóvenes y otros pobres desdentados servía para hacer subir el rating y el sueldo. En la línea de Neustadt llamando a los padres a espiar a sus hijos en 1976, del Gómez Fuentes de Malvinas en 1982, y de Jorge Asís con Menem desde 1992 (esta vez con cierto talento), Feinmann cae ahora bajo la guadaña feliz del mismo sistema que él creó: el de la impunidad insólita de basurear la profesión y la verdad en nombre de una “libe
rtad de expresión” (pervertida y manipuladora) que horroriza ahora al macrismo. ¿Epifenómeno de desavenencias pasajeras o proyecto de limpieza de los amigos de Durán Barba? Todo indica que los dos a la vez. Esa gente ya cumplió con su labor sediciosa, sin haber logrado crear los mecanismos permanentes de una fábrica de ideología, como si lo hizo Marianito Grondona. Incapaz de moverse con autonomía fuera del círculo de la prebenda y el cheque, el “Forro Periodísticus Macriense” podría soñarse un futuro como el de Mirtha Legrand, cierta capacidad de chantaje, ciertos recuerdos de crímenes (como Lanata) y otras desagradables sorpresas que el régimen no está en condiciones de bancar. Resquescat in pace, entonces, para Feinmann “el malo” y salida silenciosa por ese torbellino que producen los inodoros de la historia.

Torvas ilusiones sobre los encantos de Penélope

No entraré en detalles sobre aquel mocazo enorme que se mandaron los tirios, dejando entrar el Caballo de los griegos a Troya. Ni evocaré tampoco las sórdidas consecuencias de degüellos que esto produjo y cuyo relato le dio de comer a Homero durante tantos años. Quisiera sin embargo recordar la historia de Ulises, que luego de sus éxitos contra Troya se tomó un tiempo en volver a su reino de Ítaca. Allí donde Penélope no sólo lo aguardaba tejiendo y destejiendo, sino sacándose de encima a una gran cantidad de postulantes a ocupar el colchoncito que Ulises había dejado vacante. Esta historia de la herencia de la conducción peronista recuerda a los labios babeados de los pretendientes a los encantos de Penélope, a sus ilusiones de mostrar los músculos de Massa o los implantes de De la Sota, la sonrisa Colgate de Urtubey y vaya a saber cuántos otros soñadores con entrarle a la intimidad del PJ, brillante lanza en ristre. Parece que quienes esperan en la antesala del poder pejotesco, olvidan aquel capítulo de ejecuciones que debió cometer Ulises para sacarse de encima a los pesados que le codiciaban la mina. Macri le dio en Davos la bendición a Massa y ahora Massa se la entrega a De la Sota, que quiere también entregársela a alguien como si el PJ fuese una reina mal servida. ¿Este “tomala vos, dámela a mi” tiene que ver quizá con esta sensación rara de impotencia? ¿O al hecho de que Cristina vuelva a poner orden en el Palacio gracias a ese magnifico energúmeno de Moreno? Lo ignoramos. Digamos simplemente que en esta espera atolondrada para enterrar la conducción popular K, son varios los que verán sus majestuosas espadas oxidadas acabar a seco en el estuche de las que jamás tendrían que haber salido.

*Periodista y escritor argentino en París, Francia.