Cita con Perón

Argentina

A 70 años del 17 de octubre, el mayor hecho político y social de la Argentina del siglo XX protagonizado por el pueblo trabajador, una jornada que evoca el nacimiento del peronismo, el Grupo Octubre presenta el telefilm documental de Jorge Gaggero, con Juan Palomino como el general Perón. El periodista e historiador Hernán Brienza rememora las vísperas de aquel hecho histórico.

Afiche del film - Foto: Archivo

Redacción – Latinoamérica Piensa

Primavera de 2015. Al llegar las primeras horas de la noche, Eloísa, una hermosa mujer octogenaria comienza los preparativos para participar de un singular festejo popular que se realizará el día siguiente. Quiere lucir bella, como cuando con sus jóvenes 16 años se encontró en plaza de mayo con trabajadores y trabajadoras que como ella reclamaban la liberación de un hombre. El mismo día, el amor de su vida la besó por primera vez.

Han pasado 70 años de aquel 17 de octubre, el mayor acontecimiento político y social de la Argentina del siglo XX protagonizado por el pueblo trabajador. Todo está fresco en la memoria de Eloísa. También aquella noche de diciembre de 1944, cuando inesperadamente se convirtió en testigo de una reunión secreta donde trabajaba como personal de servicio.

Allí estaba el Coronel Perón batiéndose a duelo con representantes de la oligarquía, el poder económico, industrial y terrateniente del país. Mientras el ‘círculo rojo’ de la época buscaba condicional a Perón, en la cocina también el personal debatía la situación social laboral y política que se vivía. 

De ese contrapunto se nutre el nudo dramático de esta producción. El desenlace de aquella ‘Cita con Perón’ determinará el destino del joven Coronel y el de sus interlocutores. Será el punto de partida de un tiempo vertiginoso y el detonante de la epopeya del 17 de octubre de 1945.

” Allí estaba el Coronel Perón batiéndose a duelo con representantes de la oligarquía, el poder económico, industrial y terrateniente del país. Mientras el “círculo rojo” de la época buscaba condicional a Perón, en la cocina también el personal debatía la situación social laboral y política que se vivía. De ese contrapunto se nutre el nudo dramático de esta producción ” 

En conmemoración de los 70 años de aquella jornada que evoca el nacimiento del movimiento peronista en Argentina, se estrena el telefilm documental ‘Cita con Perón’ de Jorge Gaggero, quien también es autor del guión junto a Omar Quiroga y César Litvin, producido por el Grupo Octubre, que preside Víctor Santa María, y protagonizado por Juan Palomino, en el papel de Juan Domingo Perón.

La producción ejecutiva estuvo en manos de Renato Miari y Carlos Castro, y cuenta con el auspicio del Ministerio de Cultura de la Nación, el Ministerio de Educación, el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) y Radio y Televisión Argentina (RTA).

El reparto se completa con los actores y actrices Lucía Snieg, Pepe Arias, Luz Palazón, Iván Moschner, Gabo Correa, Nicolás Goldschmidt, Edgardo Desimore, Néstor Zacco, Damián Dreizik, Martín Pavlovsky, Pochi Ducase y Tato De Gaetano. 

“Creo que Perón se anticipó a lo que es la política y la construcción política de América Latina, valores que parecían que se habían perdido, como la ideología. Esos han sido uno de sus ejes. Para mí como actor es una posibilidad muy grande”, dijo Palomino, el actor que interpreta al tres veces presidente argentino. 

Hernán Brienza – InfoNews (Argentina) 

Todos los octubres me recuerdan a Juan Domingo Perón. No por las necias fechas que todos celebran –el cumpleaños del fundador del movimiento y el Día de la Lealtad– sino por ciertas vísperas que hacen que la vida me siga pareciendo insondable, que la mire con el misterio profundo “con que un niño se para frente a Dios”. 

Me refiero exactamente al día 14 de octubre de 1945. Hay en esa cita exacta uno de esos instantes que alumbran el pasado y nos permiten negar la historia como un plan secreto, como una gran conspiración, como un destino. Significa esa tarde soleada de octubre una bofetada a la voluntad humana como conductora de los hechos. Pero en esa víspera, también pueden ser desgranadas entre los dedos los vestigios de un plan secreto, del complot de la fatalidad, como designios atávicos. Es decir, ese 14 de octubre existe para recordarnos que todo continúa siendo posible: el azar, el destino, Dios y la nada. Toda víspera es un arma cargada de futuro. 

Derrotado, con sus cincuenta años recién cumplidos, Perón estaba confinado en la isla de Martín García –ese bastión de la lucha independentista contra realistas, portugueses, franceses e ingleses y que ya había albergado a Hipólito Yrigoyen, tras su derrocamiento–. Era un hombre que ya había dado lo mejor de su vida: una carrera militar ascendente, un desempeño brillante en la Secretaría de Trabajo y Previsión que lo había catapultado a la vicepresidencia de la Nación, viudo de su anterior matrimonio y en pareja con una actriz rubiecita, con conciencia política, que venía en ascenso. Un sueldo y una pensión que le permitía calcular un plácido retiro. No era un mal inventario para un hombre común. Pocos hombres llegan a los 50 años con una vicepresidencia en el currículum vitae. Perón, aunque quisiera más –un hombre siempre quiere más–, lo sabía. Y así lo escribió.

” Era un hombre que ya había dado lo mejor de su vida: una carrera militar ascendente, un desempeño brillante en la Secretaría de Trabajo y Previsión […] No era un mal inventario para un hombre común. Pocos hombres llegan a los 50 años con una vicepresidencia en el currículum vitae. Perón, aunque quisiera más –un hombre siempre quiere más–, lo sabía. Y así lo escribió ” 

Imaginemos la escena: el hombre con su nariz aguileña, su perfil aindiado, el corte de cabellos marcial, sentado en su calabozo improvisado, con el sol entrando por la ventana y el rasgueo de la pluma sobre la hoja. Se detiene, respira hondo y escribe con inmensa ternura: “Mi adorable tesoro: sólo cuando estamos apartados de quienes amamos, sabemos cuánto les amamos. Desde que te dejé ahí, con el mayor dolor que se pueda imaginar, no he podido sosegar mi desdichado corazón. Ahora sé cuánto te amo y que no puedo vivir sin ti. Esta inmensa soledad está llena de tu presencia. Tan pronto salga de aquí, nos casaremos y nos iremos a vivir en paz a cualquier sitio… Dile, por favor, a Mercante que hable con Farrell para saber si autorizan que nos vayamos a Chubut. 

Amor mío, tengo en mi cuarto aquellas pequeñas fotos tuyas y las contemplo todos los días con los ojos húmedos. Que no te pase nada o, de lo contrario, mi vida habrá acabado. Cuídate mucho y no te preocupes por mí, pero quiéreme mucho porque necesito tu amor más que nunca… Escribiré un libro sobre todo esto… Lo malo de este tiempo y especialmente de este país, es la existencia de tantos idiotas y, como sabes, un idiota es peor que un canalla… Muchos, muchísimos besos a mi queridísima chinita.” 

Más allá del amor común de ese hombre de poder –ese amor que los de a pie nunca les otorgamos a los que hacen la historia–, lo definitivo en esas letras precisas es que se trata de un hombre derrotado, un hombre que apenas quiere dejar testimonio de su paso por la historia y empezar una nueva vida en el sur profundo. Es un hombre que no sabe que está en sus vísperas, que no puede ver que está en el ayer más importante de su vida. 

Tres días después, claro, en ese revoltoso y sublevante 17, su vida y la de millones de argentinos iba a ser trastocada para siempre. Apenas tres días antes de hender la historia del siglo XX en dos, Perón le escribía a su chinita que qu
ería irse a terminar sus días en Chubut. 

Jorge Luis Borges –algo bueno ocurrió en este país para que ahora se pueda jugar a las paradojas con nombres odiados entre sí– escribió que “la verdadera historia es pudorosa y que sus fechas esenciales pueden ser, asimismo, durante largo tiempo, secretas”. Borges negaba la posibilidad de escribir, como lo hizo Johann Wolfgang Goethe: “En este lugar y el día de hoy, se abre una época en la historia del mundo y podemos decir que hemos asistido a su origen”. 

Yo amo ciertas vísperas. Me regodeo en esas esperanzas, me deleito con el callado trabajo de la incertidumbre, con el pertinaz sudor con que la historia talla ciertos días. La vida es bella por su posibilidad de mañanas. Y por la amenaza que significa cada momento. Borges dice que no hay instante que no esté cargado como un arma, y que a cada instante puede revelarte su amor Helena de Troya. Celebro los ayeres como manojos de promesas. 

Porque ninguno de nosotros sabemos en el ayer de qué nos estamos moviendo. Y porque, como dice el refrán, nadie muere en las vísperas. Ergo, la vida no es otra cosa que una colección de humildes y silenciosos ayeres.  

 

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