Ante la falta de agua del Sudeste

Brasil 

Durante muchos años la escasez de agua no fue un problema para algunas regiones del sudeste del país, pero es tiempo de que se adapte a las circunstancias actuales producto de las consecuencias del cambio climático y tome como modelo las políticas que se implementaron en Ceará. La posibilidad del racionamiento del agua y una transformación estructural son imperantes. 

 Leonardo Attuch- Brasil 247 (Brasil) 

Este verano, la escasez de lluvias en Fortaleza ya indica que el estado de Ceará vivirá el cuarto año consecutivo de dura sequía. Sin embargo, ni se discute, en la capital cearense, la posibilidad de racionamiento de agua en 2015. Con un sistema dividido en 12 cuencas hidrográficas, con ríos, represas y embalses, el estado consigue atender la demanda de su población.

Incluso en el Polígono de las Sequías, una de las regiones más áridas del país, un programa implantado desde el comienzo del gobierno de Lula, bautizado como “Un millón de cisternas”, consiguió resultados en un estado que estuvo marcado por grandes éxodos poblacionales, en períodos de grandes sequías. La colonización de Acre en la época del caucho, por ejemplo, fue hecha sobretodo por cearenses que huían de una de esas sequías históricas.

” Todo eso indica que Brasil necesita un plan de guerra, que una a las autoridades federales, estaduales y municipales, para enfrentar no la crisis hídrica de ahora, sino una transformación que parece debe ser estructural “

En el Sudeste, donde hasta años recientes había abundancia y también desperdicio de agua, el panorama es completamente distinto. En Sao Paulo, una crisis de proporciones épicas golpea las puertas del Palacio de los Bandeirantes y el nuevo presidente de la empresa estadual de aguas Sabesp, Jerson Kelman, ya admitió públicamente a posibilidad de racionamiento. En Río de Janeiro, uno de los principales reservorios, el Paraibuna, también opera el llamado “volumen muerto”. En Minas Gerais, la nueva presidenta de la empresa de aguas Copasa, Sinara Meirelles, hizo – esta semana- un llamado a la reducción de 30% en el consumo.

Durante mucho tiempo, Brasil descuidó sus manantiales, descuidó los costos ambientales del agronegocio y subestimó los efectos del cambio climático. Para quién aún duda del calentamiento global, 2014 fue el año más caliente desde 1880, cuando comenzaron los registros históricos, lo que significa que fue el año más caliente desde siempre.

Todo eso indica que Brasil necesita un plan de guerra, que una a las autoridades federales, estaduales y municipales, para enfrentar no la crisis hídrica de ahora, sino una transformación que parece debe ser estructural. Ese pacto por el agua es aún más urgente en un país donde cerca de 70% de la energía proviene de las usinas hidroeléctricas y que, en plantaciones irrigadas, se produce la mayor riqueza del país, que es justamente el alimento. En este momento de crisis, los estados que se hartaban de agua, como Sao Paulo, Río y Minas, necesitan tener la humildad de buscar lecciones justamente en aquellos donde la regla es la escasez. Es hora de escuchar lo que Ceará tiene para decirle a Brasil.

 

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