Yo soy Charlie

Latinoamérica y el Mundo 

Latinoamérica repudió firmemente el ataque a la libertad de prensa que acabó con la vida de 12 personas en Francia. El atentado contra el semanario satírico Charlie Hebdo demuestra que el humor inteligente es tan temible para los fanáticos que prefieren deshacerse de él. La intolerancia de mentes obtusas, obnubiladas por un mal entendido amor a Dios debe entenderse en su contexto. 

 abcAtilio Borón- Página 12 (Argentina) 

El atentado terrorista perpetrado en las oficinas de Charlie Hebdo debe ser condenado sin atenuantes. Es un acto brutal, criminal, que no tiene justificación alguna. Es la expresión contemporánea de un fanatismo religioso que –desde tiempos inmemoriales y en casi todas las religiones conocidas– ha plagado a la humanidad con muertes y sufrimientos indecibles. Los políticos y gobernantes europeos y estadounidenses se apresuraron a manifestar su repudio ante la barbarie perpetrada en París. Pero parafraseando a un enorme intelectual judío del siglo XVII, Baruch Spinoza, ante tragedias como esta no hay que llorar sino comprender. ¿Cómo dar cuenta de lo sucedido? La respuesta no es simple porque son múltiples los factores que la precipitaron. No fue la obra de un grupo de fanáticos que, en un inexplicable rapto de locura religiosa, decidieron aplicar un escarmiento ejemplar a un semanario que se permitía criticar ciertas manifestaciones del Islam. Esta conducta debe ser interpretada en un contexto más amplio: el impulso que la Casa Blanca le dio al radicalismo islámico desde el momento en que, producida la invasión soviética en Afganistán, la CIA determinó que la mejor manera de repelerla era estigmatizando a los soviéticos por su ateísmo y potenciando los valores religiosos del Islam. La Agencia era en esos momentos dirigida por William Casey, un fundamentalista católico, y bajo la administración Reagan tuvo a su cargo la promoción, entrenamiento y financiamiento de Al Qaida, bajo el liderazgo de Osama bin Laden. Cuando en 2011 se consumó el fracaso de la ocupación norteamericana en Irak, Washington intensificó sus esfuerzos para estimular las guerras sectarias dentro del país, con el objeto de debilitar a los chiítas, aliados de Irán, y que controlaban el gobierno iraquí. El resto es historia conocida: reclutados, armados y apoyados diplomática y financieramente por Estados Unidos y sus aliados, los radicales sunnitas terminaron por independizarse de sus promotores, como antes lo había hecho Bin Laden, y dieron nacimiento al Estado Islámico y sus bandas de criminales que degüellan y asesinan infieles a diestra y siniestra. En su afán por desarticular los países de Medio Oriente, Occidente aviva las llamas del sectarismo religioso.

“No fue la obra de un grupo de fanáticos que, en un inexplicable rapto de locura religiosa, decidieron aplicar un escarmiento ejemplar a un semanario que se permitía criticar ciertas manifestaciones del Islam. Esta conducta debe ser interpretada en un contexto más amplio: el impulso que la Casa Blanca le dio al radicalismo islámico”

Por eso la génesis de este crimen es evidente, y quienes promovieron el radicalismo sectario no pueden ahora proclamar su inocencia ante la tragedia de París. Horrorizados por la monstruosidad del genio que se les escapó de la botella el 11-S, en su criminal estupidez declararon una sorda guerra contra el Islam en su conjunto. Y sus pupilos responden con las armas y los argumentos que les fueron dados desde los años de Reagan. Aprendieron después con los horrores perpetrados en Abu Ghraib y las cárceles secretas de la CIA; de las matanzas perpetradas en Libia y el linchamiento de Khadafi, recibido con una carcajada por Hillary Clinton, y pagan con la misma moneda. Resulta repugnante narrar tanta inmoralidad e hipocresía. Sobre todo si se recuerda la complicidad de quienes ahora se rasgan las vestiduras y no hicieron absolutamente nada para detener el genocidio perpetrado hace pocos meses en Gaza. Claro, dos mil palestinos, varios centenares de ellos niños, son nada por comparación a doce franceses.

 

Julio Guillot- La República (Uruguay) 

La demencia fundamentalista sigue cobrando vidas de la manera más cobarde. Según informan los cables, al menos 12 personas han fallecido y 11 resultaron heridas, tras el ataque con fusiles automáticos registrado ayer de mañana contra la sede del semanario satírico Charlie Hebdo, en París. Los autores del atentado, uno de los más graves de la historia de Francia, fueron tres hombres vestidos de negro, encapuchados y armados con fusiles kalashnikov, que entraron en la sede del semanario al grito de “Alahu al akbar” (Dios es grande).

No puede haber dios, grande o pequeño, que inspire una insania como la que exhiben los grupos islamistas enajenados. No hay justificación posible para el accionar de estas sectas alienadas, conformadas por seres extraviados, tan alejados de los parámetros de una cultura —el Islam— que produjo tantos artistas, científicos y pensadores cuya influencia en la cultura occidental es por todos conocida.

” La intolerancia de mentes obtusas, obnubiladas por un mal entendido amor a Dios, es la responsable del crescendo de violencia que se vive al cabo de más de dos mil años de civilización “

El terrorismo tampoco se justifica por motivos políticos, por más que el imperialismo haya cometido crímenes abyectos que nadie niega, pero que no pueden razonablemente esgrimirse como justificativo (ni siquiera como explicación racional) para aceptar una respuesta sencillamente bárbara.

El semanario humorístico Charlie Hebdo estaba especialmente protegido porque ya había sido objeto de amenazas y de ataques menores en los últimos años, especialmente a raíz de haber publicado en 2006 caricaturas de Mahoma. En 2011, fue atacado con cócteles molotov y tuvo que cerrar sus oficinas durante varias semanas.

La intolerancia de mentes obtusas, obnubiladas por un mal entendido amor a Dios, es la responsable del crescendo de violencia que se vive al cabo de más de dos mil años de civilización. La Revolución Francesa fue una revolución burguesa; eso está fuera de discusión. Pero tuvo la virtud de plasmar en leyes lo mejor del pensamiento de la Ilustración y de los enciclopedistas del siglo XVIII. Incorporó valores universales que siguen vigentes y que son la base de las sociedades democráticas.

 

Jairo Calixto Albarrán- Milenio (México) 

Esto lo supo Guillermo de Bakersville, ese Sherlock medieval que emana de la pluma de Umberto Eco en El nombre de la rosa, cuando descubre que los asesinatos cometidos en la Abadía que lo refugiaba eran producto de la lucha de un fiero monje, gestor de crímenes y pecados, en su lucha por destruir el mítico libro perdido de Aristóteles sobre la comedia. La risa es peligrosa, y los cruzados que matan para desterrarla, lo hacen a riesgo de cometer pecado con la esperanza de ser absueltos por su dios.

Guillermo aprecia que Aristóteles “ve la disposición a la risa como una fuerza buena, que puede tener incluso un valor cognitivo”. La risa te abre las puertas de la percepción. Y su némesis yihaidista de aquellos tiempos afirma: “La risa es la debilidad, la corrupción, la insipidez de nuestra carne”. “La risa distrae al aldeano del temor de dios, lo libera del miedo al diablo”.

Ante el monje fanático y ciego, la risa es la más poderosa de las blasfemias.

Para los fundamentalistas de toda índole, el humor que desata la risa frente a la ridiculez de la solemnidad y sus guaruras, es peligrosa. La caricatura es más efectiva, en trazos desestabiliza creencias, artificios y sofismas.

” El atentado más grave en Francia en 21 años cayó sobre la redacción del Charlie Hebdo, un pequeño tabl
oide impío, hecho de monos y cartones altisonantes, escatológicos, bravos, mordaces, de una rabiosa inteligencia. Para los fanáticos, la risa es más temible que los Abarca de la parca cargados de blasfemias y cual encarnación del mal, prefieren destruirla antes que exorcizarla “

Por eso el atentado en París perpetuado por el Estado Islámico donde reptan los ayatolas, no fue sobre todas esas agrupaciones ultraderechistas lepennistas que buscan perpetrar una corriente antiislamista, ni aún en contra de intelectuales como Michel Houllebecq de amplia popularidad por sus diatribas mordaces en contra del fundamentalismo. No. El atentado más grave en Francia en 21 años cayó sobre la redacción del Charlie Hebdo, un pequeño tabloide impío, hecho de monos y cartones altisonantes, escatológicos,  bravos, mordaces, de una rabiosa inteligencia.

Para los fanáticos, la risa es más temible que los Abarca de la parca cargados de blasfemias y cual encarnación del mal, prefieren destruirla antes que exorcizarla.

Por eso, en un arrebato, Guillermo de Barkersville afirma lo siguiente sobre la naturaleza diabólica del dogmático: “El diablo es la arrogancia del espíritu, la fe sin sonrisa, la verdad jamás tocada por la duda”.

Lo único sospechoso es que las autoridades francesas reaccionaron de inmediato, capturaron sospechosos y el presidente Hollande —víctima reiterada de la sátira de la publicación— se presentó sin dudar en el lugar de la tragedia. Así bien raro. ¿O será que en México no estamos acostumbrados?

Nomás falta que el Mirrey del Castillo afirme que la violencia está focalizada en París y no en Michoacán.

 

Carlos Ominami- La Tercera (Chile) 

Lo ocurrido es verdaderamente aterrador. Charlie Hebdo estaba hace mucho tiempo en la mira. Sus instalaciones habían sido destruidas hace algunos años. No se puede argumentar sorpresa. El extremismo islámico ha dado reiterada muestras de su total falta de escrúpulos. Los degollamientos de rehenes que el mundo ha visto los últimos meses son escalofriantes. Los gobiernos, las policías y los servicios de inteligencia no consiguen reducirlos. Es muy difícil actuar en contra de fanáticos religiosos dispuestos a todo. No es posible disuadir a quienes se creen absurdamente investidos de una misión trascendente. Los gobiernos democráticos deben desplegar todos los medios técnicos legales para defenderse. No hay que escatimar recursos. 

Todo esto es muy importante, pero, en definitiva, no es lo esencial. La lucha se librará en la ciudadanía. Los valientes tienen que apretar los dientes y perseverar en su lucha. Nadie debe ser silenciado. Hay que apuntalar a los pusilánimes para que no se acobarden. 

Las primeras reacciones son emocionantes y masivas. La misma noche del miércoles miles de franceses recorrieron las principales calles de más de cien ciudades del país. La consigna es perfecta: “todos somos Charlie”, corearon los manifestantes. 

Francia es una gran nación. Lo ha demostrado en múltiples condiciones. Es la cuna de los derechos humanos, albergue de miles de perseguidos de las más diferentes dictaduras y capital cultural insoslayable. Sabemos que Francia vive tiempos difíciles. Se siente amenazada. Tiene muchos miedos: al futuro, al extranjero y a lo diverso.  A lo mejor de este shock puede salir algo bueno. Puede producir un sobresalto. Una de esas reacciones que por la fuerza de su impacto crean un cuadro nuevo en donde retoman fuerzas los valores, quedan atrás los temores y se refuerza la disposición a resistir el obscurantismo y la intolerancia.

 

Pablo Salgado Jácome- El Telégrafo (Ecuador) 

En verdad conmueve y duele. Nada lo justifica. Semejante acto merece el repudio y la condena. Nadie puede asesinar en nombre de Dios. La muerte de 12 personas en el ataque al semanario Charlie Hebdo pretende acallar la voz del otro. Pretende matar la libertad y la democracia. Pero, obviamente, no lo consiguieron ni lo conseguirán. Por el contrario, todos somos Charlie Hebdo y todos seguiremos pensando, opinando, editorializando, dibujando y escribiendo libremente.

” El atentado en pleno centro de París no es un hecho aislado, sino que forma parte de ese proceso de intolerancia, sobre todo religiosa, que se agudiza y se extiende cada vez más en todo el mundo y particularmente en Europa “

Siempre se ha dicho que el humor es un asunto serio y Augusto Monterroso decía que la risa es el orgasmo de la inteligencia. Por eso, matar o perseguir siempre es más fácil que hacer reír. Y como bien decía ayer Javier Pérez Andújar: “El ruido de una bomba (o de un disparo) puede menos que el estallido de una carcajada”. El humor y el buen periodismo siempre buscarán la verdad oculta. Esa será siempre su misión y su deber. Y no habrá plomo alguno que mate una pluma.  

Sin embargo, el atentado en pleno centro de París no es un hecho aislado, sino que forma parte de ese proceso de intolerancia, sobre todo religiosa, que se agudiza y se extiende cada vez más en todo el mundo y particularmente en Europa. Con cada acto terrorista continuará extendiéndose la ‘islamofobia’, en una escalada de dolor y muerte. En Alemania, los denominados Patriotas Europeos marchan contra la ‘islamización de Occidente’. Y en la propia Francia (aquella de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad), el Frente Nacional (de la familia Le Pen) gana las elecciones con un discurso intolerante contra todo signo de diversidad cultural y religiosa.    

 

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