Celebrar a los muertos

Latinoamérica

En noviembre los pueblos festejan el reencuentro entre la vida y la muerte porque, lejos de entenderla desde el dolor, aquí se la relaciona con la vida y con la armonía de las almas. Para el mundo indígena en América Latina, la muerte tiene una dimensión mitológica que parte de la cultura andina. Altares coloridos, coronas de flores y disfraces alusivos son parte de esta festividad.

Yuri Tórrez – La Razón (Bolivia)

Una de esas fechas insoslayables en el calendario festivo de América Latina es el Día de los Muertos. El reencuentro entre la vida y la muerte. Esta veneración de esta ritualidad está atiborrada de colores alegres que decoran, por ejemplo, un mast’aku, mesa servida para que los difuntos retornen a sus moradas terrenales por una jornada que sirve, entre otras cosas, para expiar aquellas tristezas emergentes del fallecimiento de un ser querido. Este sentido mítico de la muerte (de) viene de la cultura, en nuestro caso, de la cultura andina. A diferencia de ese sentido que adquiere la muerte con sus laberintos indescifrables para el mundo occidental que aparece como espectral cabalgando penas.

Para el mundo indígena en América Latina, la muerte tiene su dimensión mitológica; simboliza el ciclo agrícola del maíz en conjunción con los ciclos del Sol y la muerte, y el renacer de quienes gobiernan. Posiblemente, por esta dimensión mitológica alrededor de la celebración del Día de los Difuntos en México que el propio André Bretón vio una expresión surrealista traducida en su arte.

Por eso la muerte al ser un signo, su significación no necesariamente está articulada al dolor y a la pena, sino que dialoga con la vida para que a través de esta relación emerja su verdadero sentido armonioso. El sentido de la muerte para los latinoamericanos, particularmente para el mundo indígena, tiene un sentido mitológico ya que si bien el cuerpo es carcomido por la muerte, el alma está intacta. Esas almas que vienen cada 1 de noviembre a “convivir” con los suyos, no solo para evocar nostálgicamente aquellos momentos idos, sino para reproducir una relación que nunca se acaba. La cosmovisión andina ve a los ajayus —las almas de los difuntos— que retornan para compartir con los vivos de la comunidad.

” Por eso la muerte al ser un signo, su significación no necesariamente está articulada al dolor y a la pena, sino que dialoga con la vida para que a través de esta relación emerja su verdadero sentido armonioso. El sentido de la muerte para los latinoamericanos, particularmente para el mundo indígena, tiene un sentido mitológico “

Esta festividad se remonta a la época prehispánica, cuando la costumbre era sacar a los muertos para compartir con ellos la comida y la bebida para celebrar este sentido armónico entre la vida y la muerte. Los españoles en su afán de extirpar a las almas vieron con estupor este ritual en la misma tumba donde sus seres queridos bebían y comían con las almas. Esta actitud colonial de extirpar a las almas persiste en la actualidad y está enraizada en algunas autoridades de gobiernos municipales que paradójicamente enarbolan el discurso descolonizador a los cuatro vientos, empero, reproducen actitudes colonialistas que a nombre de la higiene y para evitar desmanes por el consumo de alcohol en los camposantos prohíben el ingreso de bebidas espirituosas. Mientras tanto, aquellos familiares de los difuntos a los que no les permiten hacer este ritual cultural  al interior del Cementerio General de Cochabamba, como si fuera parte de una resistencia cultural, preparan su mast’aku en el riel que bordea el camposanto cochabambino para dialogar y compartir con sus ajayus en medio de un mast’aku empachado de comida y bebida para celebrar a la muerte y también la propia vida.

Esa imagen surrealista de los familiares haciendo sus mast’akus en la periferia del cementerio cochabambino, que a pesar de las prohibiciones ediles convocan a sus muertos para festejar junto con ellos, se asemeja a esa escena de la película Frida (en homenaje a Frida Kahlo) en la que la entrañable Chavela Vargas personifica a la muerte y canta  su inconfundible Llorona, como si fuera una sombra de los desvanes llamando a los propios difuntos que cabriolan amor al ritmo de sus zancos. 

Redacción – Telesur (Venezuela)

La Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) declaró, en el año de 2003, a la festividad del Día de Muertos, Obra maestra del patrimonio cultural de la humanidad.  El Día de Muertos es una celebración mexicana que honra a los muertos, se festeja durante dos días el 1 de noviembre, Día de Todos los Santos que es cuando llegan las ánimas de los niños y el 2 de noviembre, Día de los Muertos, llegan los adultos. Comúnmente se montan a las 12H00 pm del primero de noviembre y se retiran a las 12H00 pm del día siguiente.   Los altares realizado el Día de Muertos son la máxima representación de esta festividad mexicana. Se hacen para ofrendar y recordar el espíritu de los seres queridos. Los altares se organizan por niveles y, dependiendo del nivel, se colocan diferentes objetos simbólicos.  Las versiones de altares más comunes son de 2, 3 y 7 niveles. La primera representa el cielo y la tierra y se colocan objetos de ambos mundos en cada sección; la segunda representa el cielo, la tierra y el inframundo y, como en el anterior, los objetos que representan cada uno son colocados en su apartado.  El tercero es un poco más complejo, representa los siete niveles por los que tiene que pasar el alma para poder descansar, según la creencia mexicana.   La catrina es famosa porque representa la forma que los mexicanos tienen de caricaturizar a la muerte.    Bolivia, celebra el Día de los Muertos  Cada 2 de noviembre es feriado en Bolivia, ese día los bolivianos y las bolivianas van a los cementerios a llevar la comida preferida a sus familiares, poner música y conversar con los fallecidos. Es una celebración de la vida que aquellos que ya no están, tuvieron, una conmemoración de la riqueza espiritual de hombres y mujeres de este hermoso lugar del mundo.  Durante la celebración se hacen dulces, bebidas, a las que se les pone agua, ya que la creencia popular indica que los muertos llegan con mucha sed al medio día y se quedan en la casa con los familiares hasta la noche.  Para los bolivianos es una fiesta de la vida que reunen a las familias y que se celebra incluso fuera del país.  Uno de los elementos que forma parte del altar es la “tantawawa”. La tantawawa es un bizcocho de aproximadamente 50 cm con forma humana y rostro colorido que es modelado en yeso y que representa al fallecido. La escalera de pan es otro componente de la apxata que simboliza el ascenso de las almas al cielo.      Tantawawa.    Perú ancestral  Este país celebra el Día de los Muertos con tradiciones distintas a los otros países. Por ejemplo, en los Andes se tiene la costumbre de realizar altares con comidas y potajes (plato a base de verduras cocidas) que más le gustaba comer al ser querido ya fallecido.  También se realizan las típicas tantawawas, estos son fundamentales para honrar a los difuntos. Son elaboradas principalmente con formas de bebés, también tienen caritas o mascaritas, y representan a las almas que ya partieron.  Sin embargo, existe otra tradición en la sierra peruana la cual consiste en la colocación de coronas en las tumbas, en lugar de flores frescas.  Un rito en particular se realiza en la localidad de Chongos Bajo, el Tullupampay (hueso enterrado, traducido al castellano), es una costumbre a
través de la cual los pobladores se reunen para rendirle honores a sus calaveras, que durante todo el año los protegen.  Cada familia lleva de una a tres calaveras de sus parientes o que se hayan encontrado y les ofrendaron frutas, tanta wawas (bizcochos en forma de niño) y demás alimentos que apreciaban en vida. Claro está, ninguno reveló cómo las obtuvieron pero les tienen mucha fe, según un informe de “América Noticias”.

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La Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) declaró, en el año de 2003, a la festividad del Día de Muertos, Obra maestra del patrimonio cultural de la humanidad.

El Día de Muertos es una celebración mexicana que honra a los muertos, se festeja durante dos días el 1 de noviembre, Día de Todos los Santos que es cuando llegan las ánimas de los niños y el 2 de noviembre, Día de los Muertos, llegan los adultos. Comúnmente se montan a las 12H00 pm del primero de noviembre y se retiran a las 12H00 pm del día siguiente.

Los altares realizado el Día de Muertos son la máxima representación de esta festividad mexicana. Se hacen para ofrendar y recordar el espíritu de los seres queridos. Los altares se organizan por niveles y, dependiendo del nivel, se colocan diferentes objetos simbólicos.

Las versiones de altares más comunes son de 2, 3 y 7 niveles. La primera representa el cielo y la tierra y se colocan objetos de ambos mundos en cada sección; la segunda representa el cielo, la tierra y el inframundo y, como en el anterior, los objetos que representan cada uno son colocados en su apartado.

El tercero es un poco más complejo, representa los siete niveles por los que tiene que pasar el alma para poder descansar, según la creencia mexicana.

La catrina es famosa porque representa la forma que los mexicanos tienen de caricaturizar a la muerte.

Bolivia celebra el Día de los Muertos

Cada 2 de noviembre es feriado en Bolivia, ese día los bolivianos y las bolivianas van a los cementerios a llevar la comida preferida a sus familiares, poner música y conversar con los fallecidos. Es una celebración de la vida que aquellos que ya no están, tuvieron, una conmemoración de la riqueza espiritual de hombres y mujeres de este hermoso lugar del mundo.

Durante la celebración se hacen dulces, bebidas, a las que se les pone agua, ya que la creencia popular indica que los muertos llegan con mucha sed al medio día y se quedan en la casa con los familiares hasta la noche.

Para los bolivianos es una fiesta de la vida que reunen a las familias y que se celebra incluso fuera del país.

Uno de los elementos que forma parte del altar es la “tantawawa”. La tantawawa es un bizcocho de aproximadamente 50 cm con forma humana y rostro colorido que es modelado en yeso y que representa al fallecido. La escalera de pan es otro componente de la apxata que simboliza el ascenso de las almas al cielo.

Perú ancestral

Este país celebra el Día de los Muertos con tradiciones distintas a los otros países. Por ejemplo, en los Andes se tiene la costumbre de realizar altares con comidas y potajes (plato a base de verduras cocidas) que más le gustaba comer al ser querido ya fallecido.

También se realizan las típicas tantawawas, estos son fundamentales para honrar a los difuntos. Son elaboradas principalmente con formas de bebés, también tienen caritas o mascaritas, y representan a las almas que ya partieron.

Sin embargo, existe otra tradición en la sierra peruana la cual consiste en la colocación de coronas en las tumbas, en lugar de flores frescas.

Un rito en particular se realiza en la localidad de Chongos Bajo, el Tullupampay (hueso enterrado, traducido al castellano), es una costumbre a través de la cual los pobladores se reunen para rendirle honores a sus calaveras, que durante todo el año los protegen.

Cada familia lleva de una a tres calaveras de sus parientes o que se hayan encontrado y les ofrendaron frutas, tanta wawas (bizcochos en forma de niño) y demás alimentos que apreciaban en vida. Claro está, ninguno reveló cómo las obtuvieron pero les tienen mucha fe, según un informe de “América Noticias”.

Alejandro Páez Varela – Sin Embargo (México) 

Hablemos de muertos.

Un sexenio tiene 72 meses. El periódico Zeta, que dirige Adela Navarro, calculó 57 mil 410 ejecuciones en 32 meses de gobierno de Enrique Peña Nieto. Esto da un promedio de 1,794 homicidios por mes.

A este ritmo, si no hubiera un aumento en los asesinatos o una disminución creíble, esta administración cerrará con 129 mil 172 ejecutados.

Nos devoramos a Felipe Calderón Hinojosa, una buena parte de la prensa y de la sociedad civil, por entre 60 mil y 100 mil ejecutados. Bien merecido: fue él quien le dio la patada al avispero.

Pero ahora no veo que la prensa mexicana le recuerde a Peña la tragedia, mes con mes, como solía hacerse al Presidente panista. Los recuentos de ejecutados básicamente se borraron de las portadas, y sólo quedan algunos ejercicios valientes como el que realiza el equipo de Adela Navarro desde Tijuana.

Veo, en cambio, que la toluquización del país funciona: como en el Estado de México, donde apenas hay oposición y la prensa, los activistas y las organizaciones civiles no se ven por ninguna parte, quedan pocos medios que recuerden que este país sigue en guerra y que 7 periodistas han sido ejecutados este año.

” Un sexenio tiene 72 meses. El periódico Zeta, que dirige Adela Navarro, calculó 57 mil 410 ejecuciones en 32 meses de gobierno de Enrique Peña Nieto. Esto da un promedio de 1,794 homicidios por mes. A este ritmo, si no hubiera un aumento en los asesinatos o una disminución creíble, esta administración cerrará con 129 mil 172 ejecutados “

Este fin de semana, hurgando en la prensa para saber más de los atentados (ocho bombas caseras, de las cuales cuatro explotaron) en el Mexibús del Estado de México, recordé qué es la entidad que gobierna Eruviel Ávila. Y cuál es el poder que ejerce el gobierno sobre la prensa.

Muchos ni siquiera publicaron la nota en un rincón para taparle el ojo al macho. ¡Es un atentado terrorista! Piense usted qué hubiera sucedido en Nueva York, Londres o París.

Aquí, una buena parte de la llamada prensa “nacional” se guardó los datos.

Como se ha guardado los datos de los muertos del sexenio.

129 mil 172 ejecutados en seis años; ese es el cálculo.

Pero no hay muertos suficientes. Para muchos, eso ya no es nota.

***

El Global Burden of Diseases, Injuries, and Risk Factors Study (GBD), el más grande esfuerzo para medir tendencias epidemiológicas en el mundo, calcula 24 mil 100 muertes anuales en México por el consumo de bebidas azucaradas. Las cifras oficiales indican que 80 mil mexicanos mueren por diabetes.

Tomemos el dato de las bebidas azucaradas y calculemos un sexenio, este sexenio: da un total de 144 mil 600 muertos. Más que los relacionados con el crimen organizado.

Tomemos, ahora, el de la diabetes: 80 mil muertes por año, en seis año
s son 480 mil fallecimientos. Una barbaridad.

Las semanas pasadas hubo un intenso debate cuando los sinvergüenzas diputados del PRI,
PAN y sus satélites decidieron bajar el impuesto a los refrescos, aplaudido en todo el mundo cuando aquí le causa diarrea a los políticos y a ciertos empresarios. Aún con los datos anteriores, hubo medios que no publicaron una sola línea sino hasta que era ya un escándalo internacional.

El Senado, por fortuna, escuchó el grito que pegaron organizaciones como la Alianza por la Salud Alimentaria y El Poder del Consumidor y corrigieron la rebaja al impuesto aplicado en la Cámara de Diputados. Pero bien pudo pasar la disminución al impuesto, luego iba a llegar el puente de muertos (parece broma: puente de muertos) y listo, la industria refresquera y los mañosos diputados se iban a salir con la suya.

Me sorprendió que varios medios de los llamados “nacionales” se montaron al final y le tundieron a las lacras que nos representan. Ayudaron a que no ocurriera esta barbaridad, que ni siquiera era voluntad del gobierno federal –no venía en su propuesta de Ley de Ingresos– sino una “ocurrencia” millonaria de la bola de corruptillos y vivales del PRI y del PAN.

Me sorprendieron esos medios que alzaron la voz. Me sorprendieron gratamente porque ya sabemos el poder que tiene la industria de la basura en este país y en todo el mundo.

Pero hubo medios que ni siquiera una línea sobre el tema. ¡Ni siquiera una línea!

***

Suele decirse que el pueblo mexicano permite que bailen sobre su calaca. Y así es. Pero en el análisis de por qué los ciudadanos del Estado de México no estallan y siguen votando por el PRI; en el por qué los de Veracruz votaron por Fidel Herrera, luego por Javier Duarte y seguramente seguirán votando por el PRI; en el estudio de por qué si en Chihuahua se sabe que César Duarte y su familia se hincharon de dinero y hay PRI para rato, debería venir acompañado el análisis de su prensa.

Edomex, Veracruz y Chihuahua deberían obligar un análisis serio sobre qué papel juega la prensa cada vez.

Porque sí, pinches mexicanos, que se dejan despojar y siguen aplaudiendo a sus verdugos. Pero también pinche prensa, de verdad. No toda, pero mucha prensa que le sigue la fiesta a los políticos. Una fiesta muy macabra, de veras. Una fiesta con muchos, muchos muertos.

Leer el artículo de La Razón aquí 

Leer el artículo de Telesur aquí 

Leer el artículo de Sin Embargo aquí 

El Día de los Muertos es una celebración mexicana que honra a los muertos durante el 2 de noviembre, aunque se ve inicialmente como una celebración de México también se celebra en otros países.  La Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) declaró, en el año de 2003, a la festividad del Día de Muertos, Obra maestra del patrimonio cultural de la humanidad.  El Día de Muertos es una celebración mexicana que honra a los muertos, se festeja durante dos días el 1 de noviembre, Día de Todos los Santos que es cuando llegan las ánimas de los niños y el 2 de noviembre, Día de los Muertos, llegan los adultos. Comúnmente se montan a las 12H00 pm del primero de noviembre y se retiran a las 12H00 pm del día siguiente.   Los altares realizado el Día de Muertos son la máxima representación de esta festividad mexicana. Se hacen para ofrendar y recordar el espíritu de los seres queridos. Los altares se organizan por niveles y, dependiendo del nivel, se colocan diferentes objetos simbólicos.  Las versiones de altares más comunes son de 2, 3 y 7 niveles. La primera representa el cielo y la tierra y se colocan objetos de ambos mundos en cada sección; la segunda representa el cielo, la tierra y el inframundo y, como en el anterior, los objetos que representan cada uno son colocados en su apartado.  El tercero es un poco más complejo, representa los siete niveles por los que tiene que pasar el alma para poder descansar, según la creencia mexicana.   La catrina es famosa porque representa la forma que los mexicanos tienen de caricaturizar a la muerte.    Bolivia, celebra el Día de los Muertos  Cada 2 de noviembre es feriado en Bolivia, ese día los bolivianos y las bolivianas van a los cementerios a llevar la comida preferida a sus familiares, poner música y conversar con los fallecidos. Es una celebración de la vida que aquellos que ya no están, tuvieron, una conmemoración de la riqueza espiritual de hombres y mujeres de este hermoso lugar del mundo.  Durante la celebración se hacen dulces, bebidas, a las que se les pone agua, ya que la creencia popular indica que los muertos llegan con mucha sed al medio día y se quedan en la casa con los familiares hasta la noche.  Para los bolivianos es una fiesta de la vida que reunen a las familias y que se celebra incluso fuera del país.  Uno de los elementos que forma parte del altar es la “tantawawa”. La tantawawa es un bizcocho de aproximadamente 50 cm con forma humana y rostro colorido que es modelado en yeso y que representa al fallecido. La escalera de pan es otro componente de la apxata que simboliza el ascenso de las almas al cielo.      Tantawawa.    Perú ancestral  Este país celebra el Día de los Muertos con tradiciones distintas a los otros países. Por ejemplo, en los Andes se tiene la costumbre de realizar altares con comidas y potajes (plato a base de verduras cocidas) que más le gustaba comer al ser querido ya fallecido.  También se realizan las típicas tantawawas, estos son fundamentales para honrar a los difuntos. Son elaboradas principalmente con formas de bebés, también tienen caritas o mascaritas, y representan a las almas que ya partieron.  Sin embargo, existe otra tradición en la sierra peruana la cual consiste en la colocación de coronas en las tumbas, en lugar de flores frescas.  Un rito en particular se realiza en la localidad de Chongos Bajo, el Tullupampay (hueso enterrado, traducido al castellano), es una costumbre a través de la cual los pobladores se reunen para rendirle honores a sus calaveras, que durante todo el año los protegen.  Cada familia lleva de una a tres calaveras de sus parientes o que se hayan encontrado y les ofrendaron frutas, tanta wawas (bizcochos en forma de niño) y demás alimentos que apreciaban en vida. Claro está, ninguno reveló cómo las obtuvieron pero les tienen mucha fe, según un informe de “América Noticias”.

Este contenido ha sido publicado originalmente por teleSUR bajo la siguiente dirección:
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