En torno a la intervención estatal

Argentina 

Se critica el intervencionismo estatal desde los sectores de derecha y de los de izquierda. Algunos dicen que el capital no debería tener reglas, mientras que otros no tienen en cuenta que el gobierno argentino priorizó la relación estratégica para afrontar los obstáculos financieros. Carecen de lógica ambas embestidas opositoras, porque en realidad se rescató al país del dominio neoliberal.  

José Steinsleger- La Jornada (México) 

Antes de continuar: en las entregas I y II, los gazapos jugaron un rol inusitado. El primero dijo que en el discurso de posesión, Kirchner manifestó que su gestión no iba a ser un mero acuerdo de cópulas dirigenciales. Error: dijo cúpulas. Y sus declaraciones fueron dichas días antes de asumir la presidencia, luego que el contendiente (Carlos Menem) se retiró de la justa electoral.

Y en la segunda parte, el título apareció sin interrogantes: Capitalismo sin reglas o reglas al capital. Tono imperativo que elimina la duda inherente al análisis. Sin embargo, con respecto del primer gazapo… ¿qué hubiera dicho Freud si entre los políticos neoliberales de hoy, a más de copular, las cúpulas dirigenciales se violan entre sí? Así era Argentina en 2001. Así es México hoy.

Durante 11 años, Néstor Kirchner y Cristina Fernández devolvieron a la política fueros y dignidades, rescatándola del descrédito, la ignominia neoliberal, el dogal del endeudamiento externo y las prácticas financieras extorsivas de los buitres internos y externos del capitalismo salvaje. ¿Utopías posneoliberales? Insólitamente, las izquierdas y derechas del holoceno (periodo cuaternario, era cenozoica), coincidieron. Las unas: misión imposible, ya verán. Las otras: atrévanse y… ya verán.

De ahí el desdén de ambas cuando en 2008 Cristina fijó posición en la ONU: “Se nos dijo… que el mercado todo lo solucionaba, que el Estado no era necesario, que el intervencionismo estatal era nostalgia de los que no habían comprendido cómo había evolucionado la economía. Sin embargo, se produce la intervención estatal más formidable de la que se tenga memoria, precisamente desde el lugar donde nos habían dicho que el Estado no era necesario, en el marco, además, de un fenomenal déficit fiscal y comercial”.

Palabras que Wall Street no perdona, teniéndole sin cuidado si quien las diga se asume como reformista o revolucionario. Y es que en toda su gestión, el kirchnerismo se rehusó a empantanarse, teleológicamente, en los deltas ideológicos que en la práctica política suelen ser cartón pintado. Por esto, cuando Chávez propuso a Kirchner adherirse al socialismo del siglo XXI, el presidente respondió: Si vos me lo explicás y yo lo entiendo, adelante. El problema es que después tengo que explicárselo a los argentinos…

Carecen de lógica, por consiguiente, las embestidas de las derechas antikirchneristas al decir que “Argentina marcha hacia la ‘chavización’ ( sic) de la economía”, por no hablar de las izquierdas antirreformistas (¿?), que ya quisieran encerrar a las clases medias y altas en campos de concentración de la Patagonia”

La ironía de Kirchner aludía, elíptica y puntualmente, a las diferencias socioculturales con los países del ALBA que se adherían al socialismo, pero que así como Argentina le ponían reglas al capital desde el capitalismo. Porque Brasil siempre fue el principal socio comercial de Argentina y, con excepción de Bolivia, sus vecinos se mostraban renuentes a enarbolar los ideales bolivarianos. Contradicciones secundarias que, en todo caso, no empañaron la histórica constitución de la Unasur y Celac.

Carecen de lógica, por consiguiente, las embestidas de las derechas antikirchneristas al decir que “Argentina marcha hacia la ‘chavización’ ( sic) de la economía”, por no hablar de las izquierdas antirreformistas (¿?), que ya quisieran encerrar a las clases medias y altas en campos de concentración de la Patagonia, donde el frío (justo es reconocerlo) corta menos que en Siberia. Bien, se lo merecen. Pero la utopía kirchnerista se concentró en afrontar los obstáculos financieros que torpedeaban el desarrollo económico y los intereses nacionales de un Estado independiente y soberano.

En ese sentido, Néstor y Cristina priorizaron la relación estratégica con el pensamiento de Lula, quien venía diciendo que “la irresponsabilidad de los especuladores convirtió al mundo en un casino gigante. Entonces… ¡por qué debemos ser víctimas de una crisis financiera que fue creada por países ricos, a la vez que nos daban lecciones de cómo debíamos gobernar!”

El periodista Daniel Miguez, autor de la voluminosa memoria Diez años, una década de gobierno kirchnerista (Planeta, Buenos Aires, 2013), apunta que en octubre de 2008, cuando el derrumbe mundial empezó a filtrarse en la economía argentina y brasileña (desplome de los precios de las exportaciones), el ministro de Trabajo recibió una orden contundente de Cristina: el empleo y la producción no se tocan.

Miguez añade: Tajante definición política que representaba un descomunal desafío, ya que frente a crisis similares el ajuste siempre empezaba con los despedidos. Agrega: Política contracíclica con apuesta al sector productivo, que posicionó a la región latinoamericana a nivel mundial como la contracara del poder financiero, que en estos casos salva a los bancos y dejar caer el nivel del empleo.

En 2008, el gobierno de Cristina restatizó Aerolíneas Argentinas, y en 2009 lanzó un programa para abonar parte de los sueldos de las empresas afectadas por la crisis, el plan Argentina trabaja (creación de 100 mil empleos mediante cooperativas) y la Asignación Universal por hijo (universo inicial de 2.7 millones de menores de 18 años). Y con la mira puesta en la democratización de la comunicación, el Congreso aprobó la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Un año después, el corazón de Kirchner dejó de latir.

 

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