Cambio de estrategia política

Argentina 

Muchos opositores, que habían dicho que derogarían todas las leyes impulsadas por el kirchnerismo, ahora se mostraron más conformes con los logros sociales alcanzados por el gobierno. Algunos se dieron cuenta de que con el voto de los conservadores únicamente no podrían acceder al poder y redireccionaron sus discursos hacia posiciones más conciliadoras. 

Sergio Massa, líder del Frente Renovador Alberto Dearriba- Infonews (Argentina) 

El jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, se convirtió esta semana en el mejor alumno del ex presidente Carlos Menem, quien después de producir la mayor operación de travestismo ideológico desde la Cosa Rosada, admitió impúdicamente que si hubiera anticipado durante la campaña electoral lo que haría como jefe de Estado, no lo hubiera votado nadie.

Macri pegó un viraje cuando concluyó que la amenaza de revisar o derogar las leyes kirchneristas, lanzada por Ernesto Sanz, Hermes Binner y otros dirigentes opositores, se había convertido en una herramienta propagandística útil para el gobierno.

La confirmación de que la amenaza era una burrada se produjo cuando algunos sondeos de opinión indicaron que si bien una parte de la sociedad requiere cambios después de 12 años de gobierno kirchnerista, la mayoría de los encuestados pretende sostener las leyes que generaron bonanza y ampliación de derechos.

El jefe del Frente Renovador, Sergio Massa, también salió a aclarar que sostendría algunas conquistas del kirchnerismo, al igual que el ex vicepresidente Julio Cobos, que se diferenció así del titular del frente derogador, Ernesto Sanz y de su aliado socialista Hermes Binner.

Los opositores venían dándose manija con la idea de desmontar la legislación kirchnerista, pero no pudieron avanzar en el lanzamiento de un documento porque no se pusieron de acuerdo respecto de cuáles normas pretenden derogar.

No es la primera vez que sus diferencias les impiden avanzar en bloque. Después de la elección legislativa de 2009, los opositores aunaron fuerzas en lo que llamaron “Grupo A”, pero la ventaja numérica que tenían en la Cámara Baja no les sirvió para sancionar ni una ley.

“La confirmación de que la amenaza era una burrada se produjo cuando algunos sondeos de opinión indicaron que si bien una parte de la sociedad requiere cambios después de 12 años de gobierno kirchnerista, la mayoría de los encuestados pretende sostener las leyes que generaron bonanza y ampliación de derechos”

Lo primero que debería ocurrir ahora para que consigan desmontar el modelo kirchnerista es que algún conservador gane en principio la elección presidencial, lo cual no es improbable. Pero lo segundo, mucho más improbable, es que logren reunir más legisladores que el oficialismo, ya que una ley se deroga con otra y para eso es preciso tener la mitad más uno de las bancas.

Las encuestas indican que aunque critiquen la inflación y la inseguridad, la mayoría de los argentinos pretende sostener los salarios que se ajustan con paritarias, las jubilaciones estatales que se corrigen semestralmente y los planes sociales. No parece que haya un clamor social por derogar derechos y beneficios.

Con estos datos en mano, los opositores pasaron de pretender cargarse la legislación kirchnerista a posiciones más conciliadoras.

Para despegar del frente derogador, Macri dijo que mantendría las Asignación Universal y el carácter estatal de YPF y el sistema jubilatorio, pese a que se opuso a las dos nacionalizaciones.

El histórico dirigente peronista fallecido esta semana, Antonio Cafiero, solía decir que “el gobierno es como el violín se toma con la izquierda y se ejecuta con la derecha”.

Macri no puede tomar ni el pocillo de café con la izquierda, pero al menos pretende diluir su imagen de conservador contumaz, porque sabe que con el voto de la derecha exclusivamente no se llega al gobierno nacional. Tan es así que después de afirmar en forma suicida que había que pagarles a los buitres al contado e inmediatamente la totalidad de lo dispuesto por el juez Thomas Griesa, ahora salió a decir que si llegara al gobierno “echaría a los buitres”.

El precandidato oficialista Florencio Randazzo no dejó pasar la oportunidad del llamativo viraje macrista: “Son declaraciones oportunistas –dijo– de dirigentes que no dicen lo que piensan, sino lo que les conviene a partir de lo que determinan las encuestas.”

“Macri no puede tomar ni el pocillo de café con la izquierda, pero al menos pretende diluir su imagen de conservador contumaz, porque sabe que con el voto de la derecha exclusivamente no se llega al gobierno nacional”

Las declaraciones estatistas y populistas de Macri se produjeron un día después que Scioli –cada vez más cerca de la Casa Rosada– aprovechara el error político de amenazar con derogar las leyes kirchneristas para desafiar a sus competidores. “¿Van a sacar la asignación universal por hijo o van a devolver YPF a Repsol?”, se preguntó.

El gobernador bonaerense también busca el término medio ya que sabe que con el peronismo solo, tampoco alcanza para ser presidente de la Nación. Su deseo de correrse al centro, quedó a las claras un par de meses atrás,cuando aseguró que no había que ser “ni tan neoliberal ni tan populista”.

En verdad, Scioli no llega a reivindicar la “teoría del derrame” como lo hacía Macri públicamente cuando en lugar de mirar las encuestas como ahora, mimaba al establishment para que lo aceptara como su candidato.

La fábula que fue el meollo del modelo neoliberal planteaba que desguazando al Estado y desregulando la economía, el Producto Bruto Interno crecería y el mercado derramaría prosperidad sobre todos los sectores sociales. En la Argentina y en el mundo, sólo derramó migajas y miseria.

El modelo neoliberal también fue avalado un par de meses atrás por otro presidenciable, Hermes Binner, cuando reivindicó “la mano invisible del mercado” como ordenadora de las relaciones económicas. En boca de un dirigente socialista, la afirmación fue un exabrupto sólo comparable al que produjo cuando aseguró que en las últimas elecciones venezolanas hubiera votado a Henrique Capriles en lugar de Nicolás Maduro.

En la carrera por despegar de la inconveniente amenaza derogatoria, Massa superó a Macri. Dijo que mantendría YPF, Aerolíneas la jubilación de reparto y el Fútbol para Todos, además de asegurar que no sólo no derogaría la AUH, sino que impulsa en la Cámara de Diputados un proyecto para instituir por ley el beneficio para los hijos de desocupados por decreto presidencial en 2009 y un sistema de actualización semestral similar al de las jubilaciones.

“En la carrera por despegar de la inconveniente amenaza derogatoria, Massa superó a Macri. Dijo que mantendría YPF, Aerolíneas la jubilación de reparto y el Fútbol para Todos”

Más allá del juego político que implica no darle a Massa un triunfo parlamentario en este tema, no estaría demás que el Frente para la Victoria impulsara su propio proyecto de actualización para la asignación universal con la idea de proteger el derecho más allá de la alternancia de 2015. Un eventual gobierno conservador no pagaría ningún costo político en el futuro para “derogar” este derecho popular, sino que le bastaría con que la inflación lo triturara.

La presidenta apareció anteayer pletórica por cadena nacional para celebrar el histórico lanzamiento del primer satélite argentino. Reivindicó la decisión política de Néstor Kirchner en 2006 y se regodeó con que “los satélites no se derogan”.

Macri también pegó un salto de birlibirloque apenas el cohete partió de la Guayana Francesa: felicitó a los científicos por el “histórico lanzamiento”, un mes y medio después de haber condenado al
gobierno durante la celebración del Día de la Industria en CAME por el “despilfarro en empresas tecnológicas que no hacen nada”.

Massa no le fue a la zaga. Tres semanas atrás, en su cuenta de Twiter publicó una burla –luego borrada– que hablaba de “poner en órbita una heladera”. Ahora, desde la misma cuenta, Massa afirmó que se trata de “un logro enorme”.

Se trató en verdad de “un logro enorme” del modelo de sustitución importaciones y de la apuesta a la inversión estatal, a la cual la oposición llama gasto y pretende recortar para frenar la inflación. Son dos de los ejes del modelo kirchnerista que la oposición pretende dinamitar.  

 

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