Brasil marcha hacia la reforma previsional: Bolsonaro consiguió el aval de Diputados

La Cámara Baja de Brasil aprobó la cuestionada reforma previsional del ultraderechista Jair Bolsonaro, que pretende ampliar la edad mínima de retiro a 62 años para las mujeres y 65 para los hombres. La oposición denunció principalmente la posibilidad de que la pensión jubilatoria sea inferior al salario mínimo. «Brasil está cada vez más cerca de entrar en el camino del empleo y la prosperidad», celebró por su parte Bolsonaro. El proyecto no fue enviado aún al Senado porque deberá ser votado en segunda instancia para su aprobación definitiva en Diputados.

La iniciativa obtuvo una rotunda victoria por 379 votos a favor y 131 en contra (con 3 ausentes), muy superior a los tres quintos de los escaños (308) necesarios para aprobar una reforma de ese tipo, de carácter constitucional. Mientras los diputados deliberaban, decenas de personas se congregaron a las puertas del Parlamento para protestar contra la iniciativa del Gobierno y llegaron a enfrentarse con la Policía, aunque sin mayores consecuencias. También hubo una protesta en el centro de Sao Paulo, convocada por sindicatos. «Yo quiero jubilarme, no a la reforma», señalaban sus carteles.

El marco legal de la reforma, que propone endurecer el acceso a las jubilaciones con el argumento de un supuesto ahorro fiscal todavía puede ser objeto de alteraciones, porque la votación sólo aprobó el texto general y queda analizar cada punto en particular.

El proyecto fija una edad mínima de retiro: 62 años para las mujeres y 65 para los hombres, pero también amplía los años de aportes, hasta hoy fijados en 15. Prevé que estos deberán llegar a 40 años de contribución para obtener un beneficio completo, aunque ese punto está aún bajo discusión.

Una de las propuestas más polémicas del proyecto original planteaba poner fin al actual sistema de reparto, mediante el cual el Estado gestiona en un fondo único las contribuciones de trabajadores y empresarios, para cambiar a un régimen de capitalización en el cual la jubilación de cada trabajador dependa solamente de lo que pudiera ahorrar durante su vida.

Sin embargo, esa propuesta no prosperó por el firme rechazo de vastos sectores de centro y derecha que, si bien apoyan a Bolsonaro, coincidieron en que el país no está en condiciones de pasar a un régimen de capitalización, por la escasa capacidad de ahorro de sus trabajadores.

«Intentaron hacer creer a los brasileros que con la reforma querían enfrentar los problemas fiscales de los brasileros, pero es una mentira», advirtió la excandidata a vicepresidenta Manuela Dávila al anunciar su voto negativo. Para la represenante de la bancada del Partido Comunista, la reforma «afecta sobre todo a los trabajadores y trabajadoras más pobres». «Nosotros seguimos en la lucha porque sabemos que Bolsonaro gobierna para los bancos», agregó Dávila.

Las discusiones dentro del Parlamento

Rodrigo Maia, del partido Demócratas (DEM, centro-derecha) aprovechó la victoria para reivindicar, visiblemente emocionado, el papel del Congreso, una de las instituciones más desprestigiadas del país, que últimamente estuvo incluso bajo el fuego de los partidarios de Bolsonaro.

La contundencia del resultado en la Cámara se explica en parte por las ‘deserciones’ en las bancadas de dos formaciones de centro-izquierda: 8 de los 27 diputados del PDT (del excandidato presidencial Ciro Gomes) y 11 de los 32 del Partido Socialista (PSB) votaron por la reforma, así como los dos del Partido Verde.

Fueron unánimes en cambio en el rechazo a la reforma las bancadas del Partido de los Trabajadores (PT, del expresidente Lula, con 54 diputados), del Partido Comunista do Brasil (PCdoB, 8 diputados) y del PSOL (de la asesinada concejal de Rio Marielle Franco, 10 diputados).

Sus críticos resaltan entre otras cosas que elevar el número de años de contribuciones excluirá del sistema a millones de personas, en un país donde un cuarto de los trabajadores del sector privado son informales. «Es una reforma cruel, injusta, inepta e innecesaria. El problema no es de gasto, es de recaudación y esta reforma protege a los ricos», declaró Margarida Salomao, del PT.

Para el diputado opositor Alessandro Molon (PSB-RJ), la propuesta creará un país más desigual. «¿Es justo hacer que un trabajador que gana alrededor de $ 2,000 quedarse con menos de un salario mínimo?», preguntó.

El festejo de Bolsonaro

Bolsonaro no ocultó su alegría por el principio de aprobación de su iniciativa. «Gran día», afirmó el líder ultraderechista en un mensaje en su cuenta en Twitter tras haber acompañado por televisión en su despacho la votación de la enmienda constitucional en el Congreso.

«Felicito a la Cámara de los Diputados por la aprobación, en primera vuelta, por 379 votos a favor y 131 contra, de la enmienda constitucional que instituye un nuevo sistema de jubilaciones. Brasil está más cerca de entrar en el camino del empleo y la prosperidad», agregó el jefe de Estado en la misma red social.

La reforma es la gran apuesta del gobierno ultraderechista para intentar recomponer una economía que entre 2015 y 2016 perdió siete puntos porcentuales, que creció a un ritmo insuficiente del 1 % anual en 2017 y 2018 y que este año se teme que pueda volver a caer en una recesión.