Brasil deja de monitorear la deforestación en uno de los biomas con mayor biodiversidad del planeta

El Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe) de Brasil dejará de monitorear la deforestación en el Cerrado, una de las sabanas más importantes del mundo, por falta de fondos. El organismo, que depende del Ministerio de Ciencia y Tecnología, contaba con un financiamiento del Banco Mundial de 2,5 millones de reales por año para llevar adelante sus tareas de conservación. 

Ante el fin del acuerdo, el instituto dejará de publicar datos sobre la deforestación en el Cerrado a partir de abril. Desde que Jair Bolsonaro llegó a la Presidencia, la destrucción del Cerrado se disparó un 7,9 por ciento, el aumento más alto desde 2016. 

Los últimos informes indicaron que la llegada de Bolsonaro al poder interrumpió una drástica trayectoria descendente de devastación en el bioma, que comenzó en 2006.

Se perdieron 8.500 kilómetros cuadrados de vegetación nativa, un área equivalente a casi seis veces la ciudad de São Paulo. La extensión deforestada es la más alta desde 2016.

El Cerrado, vecino de la selva amazónica y que se extiende por varios estados brasileños, es un gran aliado contra el cambio climático por el carbono que absorbe. Muchas veces se lo compara con un bosque al revés porque sus plantas hunden raíces profundamente en el suelo.

Además, en medio de la crisis hídrica que atraviesa el país, la falta de conservación podría desembocar en nuevos desabastecimientos, dado que en el bioma nacen ocho de las 12 grandes cuencas hidrográficas del país.

Según un estudio de Mapbiomas, la ganadería y la agricultura de exportación fueron responsables del 99% de la deforestación en el Cerrado, que ya perdió casi la mitad de su cobertura vegetal original.