Borges y el peregrino digital

Argentina

El escritor argentino cumpliría 116 años. Vivió rodeado de libros que se convirtieron en una verdadera obsesión. Su metáfora de una biblioteca total y universal, la biblioteca de Babel, anticipó una realidad tecnológica que hoy atormenta al tradicional lector de textos en papel, que con la llegada de internet ha devenido en un migrante del espacio virtual. El poema de los dones.

Jorge Luis Borges - Foto: Sara Facio

Pedro Ibañez – AVN (Venezuela)

La visión de una biblioteca total, laberíntica, que expresa la totalidad del universo y el conocimiento en sus libros, fue una de las obsesiones del escritor argentino Jorge Luis Borges, a la vez metáfora y anticipo de una realidad tecnológica que actualmente abruma al tradicional lector de esos objetos con lomos y hojas, que con internet se ha convertido en peregrino o migrante digital.

Nacido el 24 de agosto de 1899, en Buenos Aires, Argentina, Borges recuerda en sus memorias una infancia rodeada por los libros de la biblioteca paterna, de cuyas lecturas surge la concepción de una biblioteca universal que, como señala el libro Borges por él mismo, del crítico uruguayo Emir Rodríguez Monegal (1970), además de remarcar la condición del autor como un gran bibliotecario, mediante la literatura fantástica busca “expresar una visión más compleja de la realidad”.

Con los conceptos metafísicos del filósofo Aristóteles, y la universalidad de la ortografía propuesta por los escritores Lewis Carroll y Kurd Lasswitz, crea los textos “La biblioteca total”, publicado en la revista Sur (Nº 59, 1939) y “La biblioteca de Babel”, incluida en El jardín de los senderos que se bifurcan (1941).

” La visión de una biblioteca total, laberíntica, que expresa la totalidad del universo y el conocimiento en sus libros, fue una de las obsesiones del escritor argentino Jorge Luis Borges, a la vez metáfora y anticipo de una realidad tecnológica que actualmente abruma al tradicional lector de esos objetos con lomos y hojas, que con internet se ha convertido en peregrino digital “

Dichos escritos buscan demostrar que el “mundo coherente en el que creemos vivir, gobernado por la razón y codificado por el esfuerzo creador en categorías morales e intelectuales inmutables, no es real”, explica Rodríguez Monegal y como analogía de dicha biblioteca está internet, actual fuente digital de consulta y depósito de libros.

En el primer texto explica que la biblioteca total se caracterizaría porque “sus conexiones son ilustres y múltiples: está relacionada con el atomismo y con el análisis combinatorio, con la tipografía y con el azar”, basada en símbolos ortográficos, no en idiomas y constituida además por todos los libros escritos, con un tamaño astronómico.

“Todo estará en sus ciegos volúmenes”, expone, “Todo: la historia minuciosa del porvenir, Los egipcios de Esquilo, el número preciso de veces que las aguas de Ganges han reflejado el vuelo de un halcón, el secreto y verdadero nombre de Roma”, sin embargo advierte, “Por una línea razonable o una justa noticia habrá millones de insensatas cacofonías, de fárragos verbales y de incoherencias”.

” La biblioteca de Babel es el testimonio de alguien que dentro de una biblioteca similar a una colmena o red ha ‘peregrinado en busca de un libro, acaso del catálogo de catálogos’, ha descubierto una ley fundamental basada en libros con elementos iguales: el punto, la coma, el espacio y las veintidós letras del alfabeto, cuyos anaqueles registran todas las combinaciones posibles “

Mientras que con una prosa más fantástica “La biblioteca de Babel” es el testimonio de alguien que dentro de una biblioteca similar a una colmena o red ha “peregrinado en busca de un libro, acaso del catálogo de catálogos”, ha descubierto una ley fundamental basada en libros con elementos iguales: el punto, la coma, el espacio y las veintidós letras del alfabeto, cuyos anaqueles registran todas las combinaciones posibles.

“Cuando se proclamó que la Biblioteca abarcaba todos los libros, la primera impresión fue de extravagante felicidad. Todos los hombres se sintieron señores de un tesoro intacto y secreto. No había problema personal o mundial cuya elocuente solución no existiera: en algún hexágono”, expresa el relato en inevitable similitud con la búsqueda que hace el usuario en internet.

“¿Cómo localizar el venerado hexágono secreto que lo hospedaba? Alguien propuso un método regresivo: Para localizar el libro A, consultar previamente un libro B que indique el sitio de A; para localizar el libro B, consultar previamente un libro C, y así hasta lo infinito”, ilustra esta metáfora del enlace o hipertexto.

En 2004 Google anunció un acuerdo para digitalizar 15 millones de libros de las universidades de Michigan, Standford, Hardvard y Oxford para crear bibliotecas digitales de alcance mundial, como en 2008 comenzó a hacerlo la Biblioteca Nacional de España con la Biblioteca Digital Hispánica, cuya meta es de 200 mil libros, proyecto similar al que en 1994 iniciaron la NASA y la National Science Fundation en EEUU.

” Borges, quien falleció en 1986 cuando aún la internet estaba en desarrollo, pudo como Julio Verne o Edgar Allan Poe, preludiar el advenimiento de un personaje y entorno entonces fantásticos pero hoy equiparables a la realidad que promueve cultura y ciencia en red, en un espacio donde el lector también es escritor y donde ‘los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden’ o resultado de búsqueda “

El proyecto de una biblioteca universal se planteó desde la primera mitad del siglo XX, con Herbert George Wells, autor de ciencia ficción que propuso crear un World Brain (1937) o enciclopedia mundial, idea germinal de Wikipedia. Posteriormente, Vannebar Bush ideó una máquina para consultar todos los textos existentes llamada Memex, luego fue creado el hipertexto por Ted Nelson para interconectar documentos electrónicos y finalmente Tim Berners-Lee en 1990 concluyó la World wide web.

Actualmente libros son recuperados y editados para su divulgación digital, hay un metarrelato 2.0 de millones de personas en las redes sociales y con el código abierto (copyleft), se generan contenidos en textos de construcción colectiva. “Para un lector familiarizado con la Sagrada Escritura, la idea de que el universo es un libro y que los hombres no hacen sino descifrarlo (es decir: leerlo), es una noción generalmente admitida aunque no examinada”, dice la oportuna reflexión de Rodríguez Monegal.

Borges, quien falleció en 1986 cuando aún la internet estaba en desarrollo, pudo como Julio Verne o Edgar Allan Poe, preludiar el advenimiento de un personaje y entorno entonces fantásticos pero hoy equiparables a la realidad que promueve cultura y ciencia en red, en un espacio donde el lector también es escritor y donde “los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden” o resultado de búsqueda.

“Yo he procurado rescatar del olvido un horror subalterno: la vasta Biblioteca contradictoria, cuyos desiertos verticales de libros corren el incesante albur de cambiarse en otros y que todo lo afirman, lo niegan y lo confunden como una divinidad que delira”, dijo Borges sobre esta biblioteca total.

Poema de los dones

Nadie rebaje a lágrima o reproche 
esta declaración de la maestría 
de Dios, que con magnífica ironía 
me dio a la vez los libros y la noche. 

De esta ciudad de libros hizo dueños 
a unos ojos sin luz, que sólo pueden 
leer en las bibliotecas de los sueños 
los insensatos párrafos que ceden 

las albas a su afán. En vano el día 
les prodiga sus libros infinitos, 
arduos como los arduos manuscritos 
que perecieron
en Alejandría. 

De hambre y de sed (narra una historia griega) 
muere un rey entre fuentes y jardines; 
yo fatigo sin rumbo los confines 
de esta alta y honda biblioteca ciega. 

Enciclopedias, atlas, el Oriente 
y el Occidente, siglos, dinastías, 
símbolos, cosmos y cosmogonías 
brindan los muros, pero inútilmente. 

Lento en mi sombra, la penumbra hueca 
exploro con el báculo indeciso, 
yo, que me figuraba el Paraíso 
bajo la especie de una biblioteca. 

Algo, que ciertamente no se nombra 
con la palabra azar, rige estas cosas; 
otro ya recibió en otras borrosas 
tardes los muchos libros y la sombra. 

Al errar por las lentas galerías 
suelo sentir con vago horror sagrado 
que soy el otro, el muerto, que habrá dado 
los mismos pasos en los mismos días. 

¿Cuál de los dos escribe este poema 
de un yo plural y de una sola sombra? 
¿Qué importa la palabra que me nombra 
si es indiviso y uno el anatema? 

Groussac o Borges, miro este querido 
mundo que se deforma y que se apaga 
en una pálida ceniza vaga 
que se parece al sueño y al olvido.

 

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