Bolsonaro liberó la minería en el Amazonas con un decreto, mientras la deforestación alcanza récords históricos

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, lanzó un plan para ampliar la extracción de oro en el Amazonas, en línea con la política de explotación económica que implementó de la más extensa zona tropical del planeta. Con esta medida, el mandatario impulsa aún más a la minería en la región, causante de deforestación, contaminación y ataques a los pueblos indígenas circundantes.

Bolsonaro firmó un decreto que crea un programa de apoyo a la minería artesanal, una actividad controvertida conocida como “garimpo”.

La minería artesanal es legal en Brasil, siempre que los mineros tengan las licencias ambientales correspondientes y la autorización para explotar terrenos determinados. Pero en la práctica, muchas explotaciones no cumplen con las normativas.

“Los garimpos son una de las principales amenazas a la selva amazónica y sus pueblos, y están lejos de operar en escala artesanal o rudimentaria, ya que lo hacen como verdaderas organizaciones industriales”, señala un estudio de la ONG Instituto Escolhas, divulgado la semana pasada.

El decreto de Bolsonaro dice que el objetivo es “proponer políticas públicas y estimular el desarrollo de la minería artesanal y de pequeña escala, fomentando el desarrollo sostenible de la región y la nación”.
También crea una comisión interministerial sobre minería artesanal, cuya “región prioritaria” serán los nueve estados brasileños que conforman la Amazonía brasileña.

Se dispara la deforestación en el Amazonas y alcanza nuevos récords

Mientras tanto, la deforestación del pulmón del planeta se disparó en enero y superó un nuevo récord, con 430 kilómetros cuadrados de vegetación nativa devastada, cinco veces más que el área talada en el mismo mes del año pasado.

Se trata de un aumento del 419 % frente a enero de 2021, cuando la más extensa selva tropical del planeta perdió 82,88 kilómetros cuadrados de su cobertura vegetal, y del 87,9 % en comparación con 2016, cuando comenzó a hacerse la medición en el país, según las estimativas publicadas este viernes por el Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales (Inpe).

Los datos oficiales señalan que entre agosto de 2020 y julio de 2021 este bioma perdió 13.235 kilómetros cuadrados de vegetación, la mayor área degradada para un periodo de 12 meses en los últimos 15 años.

Ese desastre ecológico se atribuye precisamente a la flexibilización de las medidas de control y fiscalización que implementó el Gobierno de Bolsonaro, quien defiende la explotación económica de la Amazonía y el fin de la demarcación de nuevas reservas indígenas.

La deforestación, causada principalmente por la minería ilegal y el comercio ilícito de madera, es una de las principales causas de los incendios que consumieron buena parte de la vegetación de la Amazonía en Brasil en los últimos años y que causaron conmoción en el mundo entero dos años atrás.
En enero, los incendios de la Amazonía brasileña se dispararon un 54 %, con 1.226 focos de fuego, respecto al mismo mes de 2021.

Las críticas a la medida

La decisión fue duramente rechazada por los ambientalistas, quienes reclamaban que se atacara la minería ilegal y ahora se enteraron que el gobierno tomó una medida para empoderar a este negocio, en vez de combatirlo.

“Lo nuevo del gobierno es llamar al garimpo “minería artesanal”. Esto es lo que le está haciendo la minería artesanal a uno de los puntos turísticos más visitados del país”, señaló Biodiversidade Brasileira en una publicación de Twitter, acompañada por una foto que muestra la contaminación que genera la minería en la zona.

Por su parte, la excandidata a la Presidencia, Marina Silva, advirtió que este es “otro paso del gobierno de Bolsonaro para favorecer la ganancia de unos pocos y la pérdida de todos”. “¿Qué quedará del país después de que pase la devastación de Bolsonaro?”, se preguntó.