Bolivia volvió a celebrar el culto a las «ñatitas» tras la pandemia

Miles de bolivianos se reunieron el lunes en los cementerios para volver a rendir culto a las «ñatitas» después del confinamiento por la pandemia de coronavirus. Se trata de una celebración en agradecimiento a los difuntos que tiene como estrella principal a las calaveritas de personas a los que se les atribuyen capacidades protectoras.

«Jesusa», «Angelito», «Rayitas», «Cirilo» y «Lucas» son algunas de ellas. Se trata de una tradición muy arraigada en ciudades bolivianas como La Paz, donde la celebración volvió este año al Cementerio General como cada 8 de noviembre.

Foto: EFE

Centenares de personas llegaron con sus «ñatitas» hasta allí, algunas en urnas de cristal, otras protegidas en cajones o envueltas en aguayos, los multicolores tejidos indígenas, todas vistiendo sus mejores galas para ser veneradas.

Sombreros, lluchus o gorros de lana usados en el Altiplano, gafas para el sol e incluso pelucas fueron parte de los atuendos que adornaron las calaveras.

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Los dueños de las «ñatitas» se ubican en distintos lugares del cementerio para exponerlas, aguardando a que algún devoto se aproxime a ellas para prenderles velas, agasajarlas con coronas o pétalos de flores e incluso hacerles fumar cigarrillos, ofrecerles bebidas o contratar grupos musicales para que les canten.

Las personas detrás de las «ñatitas»

«Rayitas» fue en vida René Huayhua, un músico asesinado hace dos décadas en un incidente hasta ahora no aclarado.

Unos metros más adelante está Regina Laura junto a su madre y siete «ñatitas», entre ellas «Lucas», «Cirilo», la «Santa Marisol», «Virginia» y «Coco», una heredada del abuelo y las demás que les llegaron como obsequios.

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«No hay que hacerle faltar la vela, las flores, cada lunes hay que ponerle las flores y limpiarle. (A cambio) nos cuidan, nos protegen», comentó Laura, que es artesana y atribuye a «Lucas» un premio municipal ganado en 2015.

Una de las especialidades de estas «ñatitas» es «hacer aparecer» objetos que fueron robados, una creencia que comparte doña Julia, cuya calavera se llama «Jesusa» y le fue obsequiada hace dos años por una tía.

Tras los rituales en el cementerio, algunas personas salen en procesión hacia salones contratados para hacer fiestas con abundante comida, bebida y música.

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Algunos llegan bailando alegres tonadas de música folclórica boliviana con los correspondientes trajes típicos y otros, más solemnes, van vestidos de negro acompañados con música religiosa.

El orígen de las ñatitas

El origen de esta tradición es incierto, si bien la creencia mayoritaria es que data de la época precolombina.

De acuerdo a la Secretaría Municipal de Culturas de La Paz, el culto a las «ñatitas» es una práctica simbólica relacionada con la fiesta de Todos Santos, celebrada la semana pasada.

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La celebración se realiza porque en la cultura aimara existe la creencia de la presencia del ajayu (alma en aimara) en restos humanos de personas fallecidas.

Los devotos solían llevar hasta hace unos años sus calaveras a la capilla del Cementerio General para que sean bendecidas y escuchen misa, pero la Iglesia católica lo suspendió por no estar de acuerdo con el culto a las calaveras.