Bolivia celebra a la Pachamama y pide por el fin de la pandemia

Con plegarias por el fin de la pandemia, el mundo andino boliviano comenzó con los rituales y celebraciones dedicadas a la Pachamama, la madre tierra, para ofrecer ofrendas y agradecer los bienes recibidos. “La gente no pide tanto riqueza, sino salud, estar tranquilos, no enfermar. En segundo lugar está lo económico”, explica Eli Laura, una curandera que fue hasta La Cumbre para ofrecer varias ofrendas. 

Ubicada a 12 kilómetros de La Paz, está La Cumbre, el punto más alto de la ruta que une el altiplano con la zona tropical de los Yungas, a 4.600 metros sobre el nivel del mar.

Con frecuencia la zona está coronada de nieve, lo que atrae a los visitantes que buscan  esparcimiento; sin embargo, este domingo se llenó de comerciantes y transportistas que agradecían por la prosperidad de sus negocios.

La celebración de este año estuvo caracterizada por una intensa nevada que, según los asistentes, es signo de buen augurio.

Por momentos, las ráfagas de viento eran tan intensas que impedían escuchar a los interlocutores y la niebla imposibilitaba distinguir a las personas. Solo las fogatas y las luces intermitentes de los autos descubrían la presencia humana en un paisaje sobrecogedor.  

Sin embargo, ni la nieve, ni la gélida ventisca invernal desanimaron a los creyentes, congregados desde la medianoche.

“La costumbre es llegar el primero de agosto. A las 12 de la noche, la Pachamama abre su boca y tenemos que agradecerle mediante la ofrenda”, explica Antonia Quispe, otra curandera, quien dice que además de pedir prosperidad y éxito en los negocios, la ofrenda es para que el covid-19 “desaparezca y para que la Pachamama se coma la enfermedad”.

Curanderas

La celebración de este año trajo una agradable novedad: la presencia de varias mujeres curanderas que ofician de sacerdotisas y presiden las ceremonias, desempeñando funciones que solían ser masculinas. “La mujer tiene más corazón” comenta Eli Laura.

Las ofrendas constan de flores, frutas, hierbas aromáticas, dulces, lanas de colores y tiras de papeles brillantes. “Las flores rojas son para la suerte y el amor y las blancas para la salud”, explica Denelio Flores, uno de los asistentes.

Aymara indigenous perform an Andean ritual burning sullus (llama fetus) to thank the Pachamama (Mother Earth), 25 kilometres north of La Paz on August 1, 2021. – Bolivia worships during August the Andean goddess, Pachamama. (Photo by AIZAR RALDES / AFP)

Instalada en un improvisado altar construido con pedazos de madera, que pronto arderán, la ofrenda es aderezada con golosinas, azúcar y canela molida que aluden a la prosperidad y que responden a la creencia de que a la Pachamama le gustan los azúcares.

Las sacerdotisas rocían las ofrendas con alcohol, cerveza y bebidas gaseosas, invocando a los espíritus andinos o Achachilas y derramando parte del contenido en el suelo (ch’alla) como una forma de compartir el festejo con la Madre Tierra.  

La espuma de cervezas y gaseosas es depositada en las  manos de los asistentes, una forma simbólica de compartir la prosperidad. “Echar  en las manos es un símbolo de que (la Pachamama) nos está dando el dinero. Lo recibes y lo guardas en el bolsillo para tí”, relata William Cori, uno de los asistentes.