Emergencia económica y oportunidad

Venezuela
Franco Vielma

El desplome de petróleo siempre trae aparejado un fuerte desabastecimiento del mercado interno, provocado además por los empresarios parásitos. En el pasado, se resolvía sacrificando al pueblo y liberando los precios. Maduro en cambio propone la difícil, aunque necesaria tarea, de construir una visión económica productiva, planificada y profunda.

Franco Vielma- Misión Verdad (Venezuela)

Esta coyuntura está signada por la guerra económica, expresión de la guerra no convencional en Venezuela basada en el ataque articulado y continuado a los sistemas de abastecimiento y precios por parte del sector privado, factor que todavía tiene posición de dominio en la economía real, la que impacta de manera directa a la mayoría de la población.

Por otro lado, aunque ya desde 2014 había brutales colas estando el barril de crudo a más de 90 $/Barril, durante 2015 el precio de éste se fue a pique, degradándose más todavía de manera acelerada en lo que va de 2016 perdiendo más del 70% de su valor para la fecha, lo que implica una disminución en la capacidad importadora del país.

Tomar el camino largo y difícil

Entender lo que está haciendo el Gobierno es más sencillo si entendemos primeramente lo que no está haciendo el Gobierno. Veamos.

Primeramente, recordemos que el atributo que se impone en la economía venezolana es el de una economía capitalista-rentista, parasitaria y dependiente de la renta, en la que casi todo el entramado de bienes y servicios del sector privado está asociado, de manera directa o indirecta, a la manutención de petrodólares de la mano del Estado. Lo que suceda con el precio del crudo sucederá aguas abajo en la economía.

” La economía venezolana tiene la particularidad, hoy, de que no se trata de la economía de consumo degradado y precarizado de los años 90. La capacidad real de consumo y mejoramiento de condiciones elementales de vida en la población durante 17 años de política económica y social, permiten ciertas capacidades de consumo en la población “

Hablando sólo de la variable “abastecimiento” (excluyendo situaciones especiales como una abierta guerra económica por fines políticos), si el precio del crudo cae, cae la productividad, ya que grandes sectores dependen de importaciones y otros están convenientemente incompletos (líneas de producción que, adrede, para siempre solicitar dólares al Estado, siguen dependiendo de insumos importados).

La economía venezolana tiene la particularidad, hoy, de que no se trata de la economía de consumo degradado y precarizado de los años 90. La capacidad real de consumo y mejoramiento de condiciones elementales de vida en la población durante 17 años de política económica y social, permiten ciertas capacidades de consumo en la población que desde el aparato (ese que llaman “productivo”) nacional, no han sido satisfechas, dada la reproducción de la vorágine rentista, ese círculo en el que se sigue acudiendo a importaciones y en el que la empresa venezolana no crece a sus anchas porque es mejor negocio captar dólares de papá Gobierno.

En la historia económica venezolana en los tiempos de desplome del petróleo anterior a la Revolución Bolivariana, se ha implementado la ramplona medida neoliberal de equilibrar la variable “abastecimiento”, generando una contracción en el consumo. Se liberaron precios, los productos se hicieron inalcanzables para muchos y los anaqueles se llenaron, aunque -como dice la canción de Alí Primera- las pocetas en las familias de las clases populares permanecieron limpias.

Sacrificaron a la gente en favor de la lógica absurda neoliberal, la de equilibrar la oferta y la demanda, asumiendo que la sociedad venezolana eran números y no personas. Llenaron los anaqueles contrayendo la demanda, sin ampliar la oferta. Entendamos que no es eso lo que está promoviendo el Gobierno Bolivariano.

” En la historia económica venezolana en los tiempos de desplome del petróleo anterior a la Revolución Bolivariana, se ha implementado la ramplona medida neoliberal de equilibrar la variable ‘abastecimiento’, generando una contracción en el consumo. Se liberaron precios, los productos se hicieron inalcanzables para muchos  “

En tiempos de neoliberalismo y liberación de precios, los anaqueles se llenaron sin que esto implicara una ampliación real de las capacidades productivas en las plantas venezolanas. Básicamente, las empresas ampliaron su cota de beneficios obteniendo nuevas ganancias exorbitantes, produciendo prácticamente lo mismo que venían produciendo. Otros, con la liberación del tipo de cambio, simplemente distribuyeron lo importado a precios exorbitantes. Luego de haber accedido en condiciones libres a divisas, se pagaban la libre adquisición y acumulación de dólares con el dinero de la gente.

Dicho de otra manera, en el pasado “resolver la crisis” significó sacrificar al pueblo, ampliar los beneficios de la economía parásita y no fortalecer capacidades reales del aparato productivo nacional.

Tomar el camino largo y difícil es generar equilibrios a partir del impulso de la productividad, la sustitución de importaciones y la diversificación de las capacidades exportadoras venezolanas. Se dice fácil, pero no lo es en lo absoluto. Tomar el camino difícil es equilibrar el desbarajuste en los anaqueles con mayor productividad, articulada con mayores controles para que el esfuerzo productivo no sea diluido por la gendarmería de la guerra económica.

Tomar el camino difícil es equilibrar y sincerar precios sólo para hacer sostenible la productividad, sin que esto signifique su liberación y aumento supraexponencial como fórmula para contener la demanda, esto además implica propiciar impactos que apunten a la baja en las estructuras de costos como forma de atenuar la expansión de precios finales al consumidor.

Tomar el camino difícil es aprovechar la coyuntura para desmantelar el modelo rentista que se desmorona. Tomar el camino difícil es asumir con estas circunstancias excepcionales la oportunidad de construir una economía de nuevo tipo, con la incorporación efectiva de nuevos actores de la economía popular, que por medio de la propiedad social directa, comunal, asociativa o mixta, irrumpan generando bienes y servicios.

El punto de choque: recomposición o colapso

A algunos les resulta una “novedad” que la dirigencia revolucionaria convoque al esfuerzo nacional y al aumento de los niveles de productividad. No lo es en lo absoluto. Eso no tiene nada de nuevo. Esto se explica porque hoy ocurre la conjunción de variables estructurales y coyunturales de la economía venezolana. Estas son:

Por un lado, una huelga de inversiones que el aparato productivo privado tiene desde los años 70, la captación estructurada de renta y la imposición de la economía de las importaciones, que inhiben el desarrollo de capacidades en nuestro territorio.

Hablando de la coyuntura, entra la variable de la guerra económica, el sabotaje articulado de la economía en su conjunto para propiciar un cambio de gobierno. Lamentablemente, Maduro en tres años ha convocado al esfuerzo a sectores muy específicos que están en abierto sabotaje. Son estas algunas de las razones medulares por las cuales la premisa de la productividad no se ha consolidado a plenitud.

” La economía del canibalismo propicia una ruptura, no sólo del orden económico, sino de los mismos liderazgos en el seno del mundo empresarial, pues los pequeños y medianos deben acudir a ‘la tabla en el mar’ que puede llegar a ser el mejoramiento de condiciones y oportunidades de la mano de la visión planificadora del Estado “

Ahora bien, ¿qué propicia un cambio de situación que puede empujar, ahora
sí, a importantes sectores a la premisa de la productividad como talante económico fundamental? La respuesta está en las mismas variables estructurales y coyunturales.

Por un lado, el precio del crudo cae, la manutención de papá Gobierno será simplemente imposible sostenerla sobre los niveles habituales. Este es un coletazo de nuestra realidad estructural rentista.

Por otro lado, la guerra económica, el enrarecimiento de los sistemas de precios y especialmente la variable DolarToday o la imposición de un tipo de cambio artificial y especulativo, dejó de golpear exclusivamente a consumidores y se trasladó a pequeños y medianos empresarios intermedios, quienes están siendo mutilados y engullidos por grandes actores del entramado interno beneficiarios de ese tipo de cambio. Esto tampoco tiene nada de nuevo: toda crisis (capitalista, como todavía es la economía venezolana) consiste en una recomposición del capital, su traslado de unas manos a otras, los grandes absorben a los pequeños y son estos últimos los que comenzaron a sufrir las penurias de la economía especulativa cuando se trasladó la tasa paralela a las compras de bienes e insumos. La economía del canibalismo propicia una ruptura, no sólo del orden económico, sino de los mismos liderazgos en el seno del mundo empresarial, pues los pequeños y medianos deben acudir a “la tabla en el mar” que puede llegar a ser el mejoramiento de condiciones y oportunidades de la mano de la visión planificadora del Estado.

La coyuntura como oportunidad

La convergencia de estas dos variables mencionadas coloca al binomio económico histórico de Venezuela (gobierno y privados) en el dilema de asumir la coyuntura o perecer ahogados. Maduro decreta la Emergencia Económica para ofrecer condiciones favorables para el aumento sustantivo de la productividad.

La realidad política venezolana impuso también un nuevo actor, el que yace en las relaciones populares de producción, aún en su etapa incipiente. Esto reviste a esta coyuntura en una oportunidad absoluta, no sólo de recomponer las fuerzas productivas tradicionales, sino de impulsar nuevas, amalgamadas en las nuevas formas de propiedad y organización para la producción. En este último yacen las claves para la democratización real de la producción para generar equilibrios.

Maduro decreta el “Plan 50”, una fórmula para priorizar la producción de bienes sensibles al acaparamiento y sabotaje que deben ser sometidos a la producción nacional, por ser importaciones que deben sustituirse.

Hablar de “sustitución de importaciones” no tiene nada de nuevo. Desde Raúl Prebisch se habla de la industrialización de América Latina, sólo que desde la visión casi exclusiva del fortalecimiento del capital privado nacional. Sustituir importaciones para nosotros debe venir también de la mano de los nuevos actores económicos incorporados desde el enfoque bolivariano del socialismo económico mixto, popular y comunero.

Al instalarse el Consejo Nacional de Economía Productiva, la coyuntura sirve para la construcción de una visión económica planificada, articulada, prolongada y profunda, en la que el Estado necesariamente debe dirigir, el capital privado necesariamente debe subordinarse y en el que el pueblo necesariamente debe organizarse para producir más por medio de nuevas formas de propiedad. Estos ítems coinciden con lo estipulado en el Plan de la Patria. Bienvenida la “maldita” crisis si la aprovechamos para construirlo.

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