Beatriz Sarlo, paredón y después

Argentina
Roberto Mero

El régimen macrista despliega su red para asestar un golpe fatal: un autogolpe contra lo que aún quede de institucionalidad en el país luego del cierre del Congreso. El laberinto conspirativo de las mordazas ya fue pactado con los principales patrones del periodismo mucho antes de las elecciones. Pero la movilización inesperada del pueblo le está haciendo zancadillas.

Marcha de protesta frente al Congreso - Foto: ES Fotografía

Roberto Mero* – Latinoamérica Piensa

Perla de un viejo collar depreciado, la intervención de Beatriz Sarlo en TN entrevistada por Van der Kooy y Blanck está agitando las rancias desesperaciones del macrismo militante. Ante el desesperado silencio de sus entrevistadores, la Sarlo despachó su artillería de señora gorda, desairada por “un gobierno de gerentes”, por un Macri “mortal” en su aburrimiento, por sus comparaciones entre “ojitos azules” y Rajoy, la incompetencia macrista para interesarla, y los desplantes hacia los aliados radicales por los DNU a paso de carga. Limitó los gargajos paquetes, elegantes en su desprecio y oportunistas en el fondo y la forma. Criticando esta foto del macrismo que atrasa cuarenta años, Sarlo busca su lugar en este tira y afloja donde las condenas no tardarán en llegar, con su cortejo de pases de facturas entre “gente como uno”. Blandiendo un alfonsinismo democratoide de base, Sarlo no dejó de atraerse los furores de sus propios pares gorilas. Los mismos que otrora agitaron las remeras con el “Barone, a mi no”, y que ahora penan en hallar los mínimos aliados de la decadencia. Jugando al Ernesto Sábato que luego de apoyar la Fusiladora se dio la libertad rancia de escribir “La otra cara del Peronismo”, Betty Sarlo habló con un oído puesto en TN y el otro en la magnífica payasada indefendible que sus amigos del selecto barrio parisino de Saint Germain dès Près le estarán tirando como croissant podrida por su antikirchnerismo atrasado. Declaraciones en suma que no pueden ocultar ese iceberg de desprecio que la “gente como uno” (que la Sarlo cifro en un millón de personas) dirige hacia un gobierno que “por fin” se desenmascara como la atrocidad derechista sin siquiera la anecdótica referencia a la pizza y el champán en estos arrabales del planeta.

La escuela de la represión y la represión como escuela

Cuerda floja política de la que nadie habla, la acción popular contra la represión policial parece un tabú hundido en la noche de los tiempos. Algo sin embargo flota en el aire que nadie evoca ni nombra. Un fantasma extraño que se llama hipocresía y que equivaldría a decir que “si somos democráticos debemos dejarnos reprimir”. O bien, permitir que la fuerza pública entrenada para hacer cumplir la ley, se transforme en una horda de mercenarios pagados con nuestros impuestos. Por cierto, doce años de gobierno popular y no represión a la protesta social sirvieron para crear el espejismo de las “fuerzas del orden democráticas”. La salvaje represión de La Plata acaba de develar con rapidez inesperada que la acción de las fuerzas policiales repitió el mismo esquema que contra los trabajadores de Cresta Roja. Esto es: una línea de fuego y la orden de tirar a quemarropa, utilizando el arma como instrumento de combate y no de autodefensa. La pregunta a hacerse es, ¿quién formó a estos cuadros de represión durante los últimos doce años y cuál fue la ideología transmitida? La escuela de la represión de los años 60/70 no parece sin embargo tener aún la respuesta necesaria que hechos como los ocurridos no tardarán en favorecer. Esto es, la imprescindible organización de autodefensa que todos los ciudadanos tienen el derecho de ejercer cuando sus derechos son conculcados. Insisto: organización de autodefensa que no sólo se da al hacer frente a la fuerza militar opuesta para evitar estragos, sino también en la organización legal para sacar cuanto antes de la cárcel a los que caigan en manos del adversario y organizar también la asistencia médica urgente. Una generación de jóvenes trabajadores y de clases medias se está lanzando contra la muralla de balas (por el momento de gomas) aprendiendo con rapidez que no son las consignas las que detienen los proyectiles. Este es también el duro aprendizaje por el cual pasarán indefectiblemente cientos de miles de ciudadanos. Cruel escuela de la libertad a conseguir en la lucha contra los tiranos.

El descontrol de la incompetencia

A pesar de los balazos a quemarropa en a Plata y ministras encurdeladas y zonzas, el régimen macrista cuenta aún con un arma secreta, taimada, implacable: el de no tener la mínima idea de cómo gestionar un gobierno cuyo objetivo es el saqueo. Metáforas: un ladrón es un ladrón, por cierto, pero si es profesional jamás se quedará dormido dentro del banco. Un asesino es un asesino, pero no dejará ninguna foto y dirección en el lugar del crimen, señas, marcas, cartas de amor. La dirección de pelafustanes que consiguieron organizar Cambiemos gracias a la cooptación de la UCR por parte del PRO, demuestra ahora el magnifico descontrol de los incompetentes. Aún para cometer con un incierto grado de preparación, sus fechorías. Macri carece de ese Jaime Guzmán que hizo posible que Pinochet maquillara en institucional su dictadura. Macri no cuenta con el aparato de creación ideológica que aportaron en su momento Neustadt y Grondona. Macri, como fracasado empresario y peor gestor privado, ni siquiera tiene en sus carpetas cuadros brillantes de la reacción y la estafa internacional como Domingo Cavallo. Las pocas semanas de su desgobierno han permitido que las vagas esperanzas de engañar a los inversores extranjeros caigan en el vacío de las sospechas. Y si hasta este momento Macri no ha decidido hacer como Calígula, nombrando a su caballo como cónsul es quizá porque no sepa siquiera que significa la palabra cónsul. Sin embargo, error grave sería considerar que esta retahíla de desatinos (de los cuales la persecución de los Lanatta es su versión policial y la designación de jueces por DNU su vertiente política) significan una debilidad intrínseca. No es así, en absoluto. La ruptura que está produciendo entre sus propios secuaces institucionales (Sáenz, Carrió, Massa), es comparable al cogobierno que pretende establecer con Magnetto en su carrera desesperada por no perder en las próximas semanas la cuota de popularidad clasemediera que le permitió su golpe de Estado mediático. Cuenta Macri aquí con la ambición anacrónica de una parte de la dirigencia del PJ que sueña con aferrarse a sus baronías reinventando un peronismo del tiempo de Isabel Perón. Terrible desazón ya que sería como intentar revivir desde las sombras el cuerpo putrefacto de Frankenstein.

Víctor Hugo Morales y el laberinto de mordazas

Inútil es explicar la lluvia, el polvo que se levanta, el viento. El licenciamiento de Víctor Hugo Morales de Radio Continental por “justa causa” según sus ex patrones no se diferencia del de decenas de miles en el último mes que por un simple ahorro de lacrimógenos y balas. Los fundamentos son imponer la ley de hierro para todos quienes crean aún gozar de sus derechos democráticos, empezando por el derecho humano al trabajo y a la libertad de palabra. El despido de Víctor Hugo Morales no es el epifenómeno de un gobierno sino de una tiranía que despliega su red para asestar un golpe fatal. Ese golpe fatal será un autogolpe de Macri contra Macri o contra lo que aún queda de institucionalidad en el país, luego del cierre del Congreso. O bien de la expulsión de los diputados y senadores que no acepten encuadrarse detrás del Ejecutivo. El laberinto conspirativo de las mordazas ya fue pactado con los principales amanuenses del periodismo y sus patrones, mucho antes de las PASO, de la primera o segunda
vuelta. Estos escalones puramente formales allanaron la toma del poder, pero la movilización inesperada le está haciendo zancadillas. El indudable prestigio, la edad y la instalación internacional de Víctor Hugo Morales se ha convertido en la piedra de toque para el régimen macrista, en el momento en que el botecito de Palermo está haciendo agua por todos lados. El golpe preventivo contra el locutor uruguayo, lejos de mostrar la fuerza del poder, es la constatación de su propia debilidad. Debilidad para sacar la tropa a la calle y balear a la masa de manifestantes cotidianos, con la garantía de vencerlos. Debilidad para instalar la censura previa sin atraerse las iras del State Department, como lo hizo Patricia Derián en los tiempos de Videla. Se equivoca sin embargo el querido Víctor Hugo cuando habla de máscaras. Ya no hay más. Ya se acabaron. La careta electoral se cayó con la cumbia y las primeras balas y ahora desafía, aú en el incierto, para saber de qué roble están hechos los patriotas.

Los militantes son soldados, pero no de plomo

Recuerdo y evoco aquí aquella escalofriante imagen del film El Patriota, que más allá de sus chauvinismo de base, servirá para explicar lo que sigue. Me refiero a esas escenas de batallas del siglo XVIII, cuando paraditos y firmes, los soldados marchaban en línea y se detenían a esperar, gentilmente, que el enemigo lo cagase literalmente a balas. Luego, les llegaría el turno, pero a los sobrevivientes. Esas atrocidades de la estrategia militar viene a mi evocación como un recuerdo del futuro: es la imagen reciente en Cresta Roja, es la imagen cercana de La Plata, es lo que piensan hacer y lo que harán los esbirros de Macri para marcar la cancha con heridos, detenidos, muertos. Algunas almas caritativas de los que siguen creyendo que el enemigo de la Patria puede aún esperar nuestras esperanzas, afirmarán con espíritu “democrático” que exagero. Que deben lanzarse flores a los uniformados del miedo. Que debe ponerse la mejilla cuando te lanzan una granada de gas CS y que con el poco aliento que te quede deberás repetirles “peace and love” a los centuriones macristas. La realidad conocida demuestra que los militantes son soldados, por cierto, de la libertad y de la justicia social. Pero eso no los convierte en soldaditos de plomo, blancos fáciles, carne de escopeta. Ocurre que una generación muy joven desconoce aún que hacer en esos casos en los cuales la máscara de la brutalidad cae y la ferocidad se enseñorea en las calles. Macri juega con el reloj corto de los días para imponerse allí donde la historia lo está echando. Sabe que su tropa de lameculos mediáticos terminarán como Lanata, en recónditos exilios que las coimas les habrán permitido. Sabe Macri que cuando la gente vuelva de este sopor de calor y de asombro, la ola feroz lo pondrá al borde del precipicio. Durán Barba puede servir para vender globos y conseguir votos volátiles, no para dirigir cargas de caballería. Firmes en esta lucha que será en las calles, el incierto chispazo no podrá ser en vano, sopapo volador pero al aire. La organización para resistir defendiendo la democracia parte también de la necesidad de que somos nosotros quienes lo haremos. O nadie más.

El formidable aprendizaje de la masa

Contra la tendencia a la depresión que lo cotidiano nos ofrece, la espléndida experiencia de las movilizaciones populares en la Argentina, ya están dando que hablar en el mundo sobre el coraje indomable del pueblo argentino. The Guardian, The Independent, The New York Times, ya evocan ese “gobierno de 30 manifestaciones diarias”, que cierra toda tratativa viable hacia el futuro. Hicieron falta doce periodistas muertos en París, hace un año, para que Francia saliese de la torpe somnolencia de tratar a los asesinos con el cuidado que merecían cuando eran aliados en la guerra contra la Unión Soviética. Hicieron falta más de 132 asesinatos en las calles parisinas para que el pueblo francés advirtiese que lo están llevando a la trampa de los negociantes de sangre y petróleo. ¿Cómo no observar con atención la acción ininterrumpida del pueblo argentino contra un régimen que solo propone balas y hambre? Es evidente que este formidable aprendizaje de la masa en movimiento quedará nuevamente en la historia, como lo fue aquel memorable diciembre del 2001. Allá, en el sur al cual nos tratan de vender como aislado, se están dando pruebas de lo que ya es estremecimiento: no bastan los monopolios mediáticos, no basta la pasividad de los políticos, no basta la amenaza armada para detener el derecho inalienable de un pueblo a rebelarse contra la opresión. Hablo de estremecimiento, porque pienso en esa delicada manera de Hollande de evitar transformar el aniversario por los muertos en un acto de masa, temiendo que se le vuelva en contra por su política de ajuste. Hablo de estremecimiento, porque es el terror de las señoras gordas a creer que ya habíamos entrado en la noche del olvido. Estremecimiento porque el pueblo esta revotando con los pies, allí donde lo trampearon en los medios y en las urnas, en aquella lucha desigual que también deberemos recordar para cuando suene, como sonará en poco tiempo, la hora del escarmiento.

*Periodista y escritor argentino en París, Francia.