Barros declaró por los abusos encubiertos en la iglesia chilena

La investigación por el escándalo de pedofilia en la iglesia chilena avanza. El obispo chileno Juan Barros, pieza clave en la trama de delitos que conmocionó al mundo, declaró por primera vez como imputado por encubrimiento en casos de abusos sexuales cometidos en el seno de la iglesia católica en ese país.

El religioso declaró durante tres horas y media en la brigada de Delitos Sexuales de la Policía de Investigaciones (PDI) en el marco de una investigación por abusos cometidos por Pedro Quiroz, quien formaba parte del obispado castrense, dirigido por Barros entre 2004 y 2015.

“Le manifesté al señor fiscal lo que yo había podido conocer o desconocer”, dijo Barros tras declarar ante el fiscal Guillermo Adasme. “Esperemos en Dios que salga todo bien y que la verdad vaya resplandeciendo”, añadió.

En relación con el presbítero Quiroz, el Obispado Castrense informó que en julio del 2018 recibió una denuncia por abuso sexual de un menor de edad en contra del religioso. Precisó que los hechos denunciados ocurrieron en 1997 y a principios de agosto se inició una investigación previa para determinar la verosimilitud de los hechos denunciados.

Barros está siendo investigado por haber encubierto los delitos cometidos por Quiroz, pero también fue identificado por algunas víctimas del presunto abusador Juan Karadima, quien empleó su puesto como párroco de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de El Bosquese para abusar de menores, laicos y seminaristas.

“Juan Barros estaba ahí mirando, cuando abusaron de mí. No me lo contaron, me pasó”, afirmó en una entrevista con la BBC Juan Carlos Cruz, uno de los denunciantes de Karadima. En tanto secretario del cardenal de Santiago Juan Francisco Fresno, Barros fue además quien recibió las primeras denuncias contra el cura abusador. Según testimonios, simplemente las rompía y las tiraba a la basura.

En su paso por Chile, el Papa Francisco defendió a Barros y a Karadima, aunque luego rectificó sus dichos ante la polémica desatada y poco después aceptó la renuncia de Barros al obispado.

Karadima, de 81 años, fue sancionado en 2011 por la Santa Sede y condenado a un retiro de por vida de sus funciones por delitos cometidos entre 1980 y 1995, según acreditó más tarde la Justicia chilena, que no pudo aplicarle ningún castigo porque los hechos ya habían prescrito.