Revolución en la revolución

Ecuador 

El 2015 está comenzando y este es otro año más en que la Revolución Ciudadana será protagonista. El proyecto nacional impulsado por Rafael Correa es un símbolo de independencia, de inclusión social y de valores democráticos. No obstante, no hay que conformarse con lo logrado y seguir profundizando este cambio aunque la coyuntura económica y política actual sea desfavorable. 

 Rafael Correa- Foto: Presidencia Edmundo Vera Manzo- El Telégrafo (Ecuador) 

A comienzos de 2015 la Revolución Ciudadana ocupa un lugar de mucha importancia a nivel internacional. Es un referente a nivel mundial en la política económica contra el neoliberalismo, recortando el poder de la banca nacional sobre los ciudadanos, del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, las transnacionales y en la defensa de la industria y la economía nacional.

Es un símbolo de independencia en las relaciones diplomáticas internacionales y ocupa una situación relevante en la integración latinoamericana. La obra en infraestructura en todos los sectores de la realidad nacional es muy superior al resto de gobiernos en nuestra historia. Los avances sobre inclusión educativa y social son reconocidos a nivel internacional. Tenemos una de las mejores Constituciones, que -como toda obra humana- puede y debe ser perfeccionada. Existen otros aspectos positivos que pueden agregarse, pero faltaría espacio para este balance.

Si es extraordinaria la obra de infraestructura de la Revolución Ciudadana (unidades educativas, hospitales, carreteras y edificios para servicios públicos), sin embargo, hay mucho por hacer en lo cualitativo: en el cambio de hábitos anacrónicos, en la apertura mental e intercultural, en la calidad de los servicios, en la conciencia revolucionaria, en el desarrollo de la conciencia sobre el Buen vivir en el conjunto de la población y el aprovechamiento de las aptitudes, talentos, conocimientos, experiencias y sabiduría de todos los ecuatorianos al servicio del desarrollo nacional.

” Es un símbolo de independencia en las relaciones diplomáticas internacionales y ocupa una situación relevante en la integración latinoamericana. La obra en infraestructura en todos los sectores de la realidad nacional es muy superior al resto de gobiernos en nuestra historia. Los avances sobre inclusión educativa social son reconocidos a nivel internacional “

En lo inmediato, la coyuntura económica y política internacional es desfavorable: la caída del precio del petróleo, la desaceleración de la economía mundial, la guerra silenciosa de los poderes mundiales ocultos y la contraofensiva de la derecha nacional, latinoamericana y mundial, exigen a la Revolución Ciudadana un mejoramiento cualitativo de las tareas por emprender.

El socialismo del siglo XXI y la revolución del Buen Vivir demandan la participación de todos los ecuatorianos, el aporte de sus mejores cualidades: su inteligencia, aptitudes, talentos, creatividad, experiencia, sabiduría, amor a la patria, afán de servicio al bien común. La mayoría de los ecuatorianos, los ciudadanos y servidores públicos no se encuentran utilizando sus mayores potencialidades. No están cumpliendo el principio fundamental del socialismo planteado por Carlos Marx: cada quien de acuerdo a su capacidad y cada quien de acuerdo a su necesidad. Muchos ciudadanos no se encuentran trabajando en los cargos donde podrían aportar mucho más. Los mejores no se encuentran trabajando en los más importantes cargos, lo que implica el no aprovechamiento al máximo de las potencialidades materiales, intelectuales, morales y espirituales de la nación.

Ante la caída de los ingresos fiscales se requiere un mejor uso de los recursos existentes, para que con menos o los mismos recursos materiales y humanos se obtengan mejores resultados que los actuales. El viejo refrán: ‘Zapatero a su zapato’ exige urgente cumplimiento. Existen demasiados funcionarios inteligentes con o sin especializaciones, sin la experiencia que garantice un excelente desempeño en sus funciones. Eso no es revolucionario. Revolucionario es no contentarse con lo realizado, no  burocratizarse y hacer cada día el trabajo mejor que el anterior. Ser mejor que otros que pretenden ocupar ese puesto y  estar dispuesto a ser examinado en sus conocimientos, experiencias, honestidad, solidaridad, aportes al servicio de la ciencia y la sociedad.

La población ecuatoriana, sin excepciones, se debe capacitar y actualizar en el trabajo y profesión que tiene o que quiere aprender. La era del conocimiento exige el perfeccionamiento continuo de todos, y quienes no lo hagan quedarán como marginados sociales. Se requiere una revolución en la revolución.

 

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